10/05/2026
Publicado en
La Razón
Tomás Trigo |
Profesor de la Facultad de Teología
El 8 de mayo se cumple un año del pontificado de León XIV. Resulta un buen momento para analizar algunas de sus enseñanzas. Desde luego todos recordamos su insistencia en la paz en el mundo. El papa norteamericano ha hecho llamamientos para el cese de fuego en Gaza y una paz duradera en Ucrania. Últimamente sus palabras se han dirigido al cese de la guerra contra Irán.
Entre las prioridades como sucesor de Pedro, cabe destacar algunas claves. En primer lugar, se ha referido a la centralidad de Cristo. Se trata de una de las verdades más importantes de la fe cristiana. «Cristo no es un elemento del cristianismo: es su centro vivo y personal», afirmó en su primera homilía. Que Cristo sea el centro quiere decir que nuestra relación con Él es la clave de nuestra salvación. Mostrar que Cristo no es una idea, una abstracción, sino una Persona viva, que nos quiere con un amor que va más allá de todo lo imaginable.
La conversión interior también ha sido un tema recurrente. Para tener a Jesús como centro de nuestra vida, León XIV ha insistido en la necesidad de que cada cristiano renueve interiormente su vida: que se proponga de verdad seguir a Cristo, amarlo con todo el corazón y con toda la mente, y que no ponga su esperanza en la reforma de las estructuras, de la fe y de la moral.
«La reforma de la Iglesia comienza cuando cada cristiano se toma en serio su propia conversión», afirmó durante la cuaresma. Una conversión que reclama la escucha de la Palabra, la oración y los sacramentos. «La eucaristía no es un símbolo: es la presencia que sostiene el mundo». Y sostiene la vida cristiana de cada uno de nosotros.
La unidad interna de la Iglesia es otro de los aspectos más subrayados por León XIV. El Papa considera la unidad de la Iglesia y la fidelidad a su Magisterio como una cuestión de suma importancia para la salvación de los cristianos y del mundo entero. Por eso ha insistido una y otra vez en ella. En una homilía dio la clave para conseguir esa unidad: «La división nace cuando Cristo deja de ser el centro». De nuevo, la centralidad de Cristo.
Las polarizaciones ideológicas (¿conservadores y progresistas, izquierdas y derechas… en la Iglesia?) son un hecho muy triste, muy preocupante y de muy graves consecuencias para todos los fieles: por el escándalo y la confusión que genera, por el escepticismo de muchos ante lo que dicen los pastores (obispos y sacerdotes), pues ven que no están de acuerdo entre ellos mismos…
Además, el Papa se ha referido de modo constante a la dignidad de la persona humana. Hemos oído y leído palabras de León XIV, que recogen el legado expresado en los últimos años por Francisco, sobre la defensa de la vida desde la concepción hasta la muerte natural, la crítica a ideologías, como la de género, que dañan internamente la identidad de las personas.
Ha recordado con mucha claridad las enseñanzas de la Iglesia sobre temas tan relevantes como el aborto, la eutanasia, la maternidad subrogada, la emigración, la guerra, etc. «Negar la verdad del hombre es la nueva forma de pobreza», señaló en un encuentro con agentes sociales.
Por último, ha abordado el papel de los laicos, es decir, de las personas ordinarias, los no eclesiásticos. El Papa ha puesto de relieve la responsabilidad de los laicos en la Iglesia y en el mundo, la importancia de su presencia en todos los ámbitos de la cultura, y la santificación del trabajo y de la vida ordinaria.
León XIV ha hablado en muchas ocasiones de la misión evangelizadora de la Iglesia y, más concretamente, de los laicos. Por ejemplo, cuando ha animado a anunciar a Cristo de modo explícito; cuando ha pedido no reducir la Iglesia a la acción social, o la valentía para dar testimonio de Cristo en nuestra cultura secularizada. Nos ha exhortado para que en una sociedad como la nuestra, con frecuencia tan alejada de Dios, no caigamos en el pesimismo, sino que confiemos en su gracia, y seamos así «signos de esperanza».
En definitiva, el primer año del pontificado ha estado marcado por un esfuerzo por situar a la Iglesia en diálogo con el mundo contemporáneo, sin renunciar a su identidad. Ese tender puentes será posiblemente uno de los mensajes que traerá el Papa en su próximo viaje a nuestro país del 6 al 12 de junio. Estaremos atentos.