01/06/2026
Publicado en
Universidad de Navarra
Javier Erro |
Investigador del Instituto BIOMA en el grupo BACh

Una de ellas la copa la gestión agrícola. En este campo, como en todos, hay que mirar al pasado para detectar los errores, sanarlos y evitar repetirlos. Y una mirada retrospectiva nos habla de aplicaciones fertilizantes poco efectivas que requirieron de un exceso de dosis. Esta sobre fertilización, más allá de los sobrecostes, implicaba un consumo extra de recursos finitos y un impacto ambiental elevado. Dicho daño afectaba tanto al suelo como al agua y a la atmósfera.
Los nutrientes que se añaden a los cultivos en mayor cantidad son el fósforo, el nitrógeno y el potasio. El fósforo es un nutriente muy poco móvil que tiende a reaccionar con componentes del suelo quedando fijado en él. Esto hace que no llegue a las plantas y que, al acumularse en el suelo, aumente la salinidad del suelo reduciendo su fertilidad. En cuanto al nitrógeno, su alta susceptibilidad a ser lavado por el riego o la lluvia, lo permea a aguas subterráneas provocando la eutrofización, un proceso de contaminación por exceso de nutrientes que provoca una proliferación descontrolada de algas que agota el oxígeno del agua, asfixiando a la fauna. Por último, el exceso de potasio bloquea y dificulta la absorción de otros nutrientes vitales para las plantas, provoca el colapso y la compactación de las capas de arcilla, aumenta la salinidad del suelo y también pueden inducir eutrofización.
Una vez detectados los problemas y las malas praxis del pasado, queda abrir vías de corrección. La alerta ambiental y su denuncia son necesarias para removernos y concienciarnos, pero quedarnos en ese pozo puede desanimar y llevarnos a una inacción fatalista y resignada. Así que urgen crear líneas de fuga que permitan entrar algún rayo de luz. En BIOMA trabajamos a diferentes niveles para proponer una gestión agrícola más inteligente y sostenible. Por un lado, investigamos diversas estrategias alternativas a la fertilización. En primer lugar, trabajamos sobre bioestimulantes naturales como complementos a la nutrición que permitan reducir la aplicación fertilizante. En segundo lugar, estudiamos la optimización de nutrientes por parte de la planta para que exprima al máximo el rendimiento de las unidades fertilizantes absorbidas y esto permita igualmente bajar la dosis necesaria. En tercer lugar, apostamos por las aplicaciones microbianas que puedan movilizar los nutrientes bloqueados en el suelo sin necesidad de aportes externos. Y, por otro lado, a nivel de fertilización, proponemos soluciones creativas y más amigables medioambientalmente. Trabajamos sobre estrategias circulares que conviertan diferentes residuos orgánicos en materias primas para biofertilizantes. Igualmente, estudiamos métodos de fabricación de fertilizantes más eficientes que generen menos productos secundarios. Y, finalmente, producimos fertilizantes organominerales más eficaces y con menor impacto en el sistema suelo-aire-agua.
Por último, además de transitar nuevos caminos más sostenibles desde la investigación, es decir, además de abrir nuevas sendas futuras, tratamos de revertir daños ya causados. En esa línea, hemos sintetizado un descontaminante circular que elimina tanto contaminantes orgánicos como metales pesados almacenados en el suelo. Y hemos diseñado un suelo artificial con productos también de economía circular, para restaurar montes dañados por la actividad minera, de manera que se pueda rehabilitar el hábitat original.
En definitiva, una mirada preocupada pero propositiva de los problemas medioambientales, unida a una apuesta clara por la investigación, puede aportar esperanza y salidas a una situación urgente para toda la humanidad.