“Las empresas que van a ganar la batalla no serán las más eficientes; serán las más queridas”
Iñigo Zaldívar, director general de Bimani, impartió la lección magistral en la graduación de ISEM, que reunió a tres promociones de su oferta de posgrado en torno a una misma pregunta: qué significa ser un profesional de la moda hoy.
FotoJuan José Rico/
29 | 06 | 2026
Había ilusión, pero también algo de vértigo. Hace casi un año, los graduados que este jueves tomaron una decisión que, para algunos, supuso dejarlo todo y, para todos, un gran esfuerzo: trabajos, rutinas, países. Algunos apostaron por un programa a tiempo completo y otros de los que se cursan compaginando con la vida profesional; pero todos con la esperanza de entender mejor un sector que fascina tanto como exige. Nueve meses después, con el diploma en la mano y las familias en primera fila, la sensación era unánime: ha merecido la pena.
La ceremonia reunió a la III Promoción del Máster en Gestión de Moda (MFM), la XXIII del Executive Master in Fashion Business Administration (FBA) y la XII del Programa Avanzado en Dirección de Empresas de Moda (PADEM). Tres perfiles distintos —recién llegados al sector, ejecutivos en activo, emprendedores con años de experiencia— que en ISEM han encontrado un lenguaje común.
La decana de ISEM, Marta Torregrosa, eligió la palabra profesión —del latín professio, declaración pública— para articular su discurso. Más que un repaso a competencias técnicas, su intervención fue una invitación a pensar en para qué sirve lo que se hace: “una profesión exige servir a los demás”, recordó, señalando que la moda resuelve necesidades que van mucho más allá del producto: identidad, pertenencia, expresión. Y terminó con un aviso que sonó más a aliento que a advertencia: habrá presión, habrá momentos difíciles, “y ser un buen profesional también es resistir”.
La lección magistral corrió a cargo de Iñigo Zaldívar, director general de Bimani, que llegó con datos, con honestidad y con la autoridad de quien lleva más de quince años en el sector. Habló de inteligencia artificial —”hay tareas que están siendo automatizadas; obsesionaos con lo que no puede serlo: la conexión humana”—, de la obsesión equivocada por el margen en lugar del propósito, y del talento como el reto que más le preocupa hoy. Todo ello sin perder de vista lo esencial: “las modas van y vienen, pero permanece el deseo humano de sabernos cuidados, atendidos, percibidos. En ese deseo vive el auténtico secreto de este sector”.
Los representantes de cada promoción pusieron voz a lo que el programa significa cuando se vive desde dentro. Los del MFM hablaron de compañeros llegados de otras ciudades y países que acabaron siendo parte de su historia, y tuvieron un momento especial para su compañera Gema, que se ha convertido en madre durante el curso: “nos ha enseñado que la valentía tiene muchas formas”. Por su parte, el FBA recordaron los viajes a París, Milán y Pamplona no tanto por los lugares como por las personas: “las mejores experiencias no siempre son los sitios que visitamos, sino con quién los compartimos”. Y los del PADEM —profesionales de perfiles muy distintos, del lujo al gran consumo, del producto al e-commerce— reivindicaron lo que tiene de irrepetible compartir aula con alguien que mira el mismo sector con otros ojos: “esa diversidad es lo que hace que la conversación en clase sea una que no puedes tener en ningún otro lugar”.
Después de la entrega de diplomas, el jardín del edificio se abrió a las familias y amigos que han seguido el curso desde la distancia, entre llamadas de apoyo y fines de semana sacrificados. El cóctel que cerró la tarde fue, en cierto modo, el primer acto de la siguiente etapa: la de alumni. Porque en ISEM la graduación no es una despedida, sino un "hasta la próxima".