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2017_03_29_FAR_delaiglesia

Rocío de la Iglesia (E-MENU 09, PhD 14): la clave del éxito de Smileat

La posgraduada de la Facultad de Farmacia y Nutrición es cofundadora de una empresa dedicada a la alimentación infantil saludable y ecológica

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Rocío de la Iglesia, junto a sus compañeros de Smileat
FOTO: Cedida
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Productos de la marca Smileat
FOTO: Cedida
29/03/17 12:14 Laura Juampérez

Rocío de la Iglesia (Máster Europeo en Alimentación, Nutrición y Metabolismo 09 y doctora en Nutrición por la Universidad de Navarra) es una de las impulsoras de Smileat, una empresa dedicada a la elaboración de productos ecológicos para el público infantil. Desde sus comienzos, en 2014, han logrado colocar sus productos en más de 1.800 puntos de venta nacionales y dar el salto al mercado internacional. Todo ello sin perder de vista que su punto diferencial se encuentra en una alimentación saludable, sabrosa, sana y ecológica.

- ¿Cómo surgió la idea de crear Smileat?
Smileat nació de nuestras propias preocupaciones sobre la alimentación, debido a problemas que se habían dado en nuestro entorno con distintas enfermedades. En aquel momento, además, mucha gente alrededor empezó a tener hijos. Ellos nos contaban que el mercado no ofrecía productos de alimentación infantil con ingredientes saludables y de primera calidad, así que nos centramos en ese nicho de mercado.

- Como dietista-nutricionista, ¿cuál es tu aportación al proyecto?
En mi caso, entré a formar parte del equipo junto con Alberto Jiménez (Co-CEO) y Javier Quintana (Co-CEO), también como cofundadora y responsable de producto. Yo me encargaba, por lo tanto, de todo lo relativo a la nutrición: diseño y formulación de productos, cálculo de valores nutricionales, cumplimiento de la legislación alimentaria, contacto con fábrica para controlar que la elaboración de los productos se hace bajo unas normas de calidad, así como de las labores de social media relacionadas con la alimentación: impartir charlas, publicar posts sobre alimentación infantil, etc.

No obstante, cuando montas una empresa desde cero te toca hacer de todo, y eso es lo que más me gusta de esta experiencia, ¡que he aprendido muchísimo!

 - ¿Cómo valoras la formación recibida en la Facultad a la hora de involucrarte en proyectos como este? ¿Crees que en la formación general en España debería haber más peso en materias o en el aprendizaje de habilidades para el emprendimiento?
Mi formación la valoro enormemente, ya que fue lo que hizo que pudiese formar parte del equipo fundador de Smileat. Mi experiencia en la Universidad de Navarra me ayudó, además, a profundizar y ampliar mis conocimientos en materia de nutrición e investigación.

Ser investigador te hace tener una mente abierta e innovadora y estar siempre al día de los últimos hallazgos. Ambas aptitudes me han ayudado mucho a la hora de diseñar los productos de Smileat. También, el hecho de realizar la carrera en Madrid y el Máster y el doctorado en Pamplona hizo que ampliase mucho mis contactos, lo que llaman “networking”, tan importante es en el mundo del emprendimiento.

Apoyarse en la gente de tu alrededor resulta fundamental. Al final, todo el mundo puede aportarte algo. No obstante, sí que creo que en la formación debería haber un apartado específico sobre emprendimiento. De hecho, a partir de la crisis muchos jóvenes españoles optaron por esta vía, y los cursos gratuitos y ayudas para jóvenes emprendedores van siendo cada vez más habituales en nuestro país.

- ¿Consideras que la alimentación saludable está hoy más de moda que nunca?
Creo que la gente se preocupa cada vez más por su salud, y la alimentación representa un área muy relevante para mantener un estado saludable. Sin embargo, al mismo tiempo existen muchos oportunistas que intentan aprovecharse del interés de la población por la alimentación para vender productos y servicios que no están basados en la ciencia.

Por suerte, la profesión del dietista-nutricionista se va conociendo cada vez más y se le tiene más en cuenta, al igual que se va definiendo la legislación sobre la información alimentaria que debe recibir el consumidor.

- Si vuestros productos no contienen ni azúcar ni sal añadidos, ni espesantes ni concentrados, ¿por qué el resto de la industria sí utiliza estos compuestos?
Creo que el resto de la industria los utiliza porque facilitan el proceso de producción, abaratan el coste y hacen que los niños “se enganchen” a sus productos.

Los espesantes -como el almidón- ayudan a conseguir la textura deseada y aumentan el volumen de producción a base de absorber agua. Esto hace que puedas ofrecer un producto más barato, aunque aporte menos vitaminas y minerales que si esa textura la consiguieras a base de añadir ingredientes cotidianos, como la patata o la zanahoria.

Lo mismo sucede con los zumos a base de concentrados. Estos resultan de menor calidad porque se parte del zumo de una fruta, pero se le extrae el agua -normalmente mediante calor (por lo que se pierden vitaminas solubles en agua o que no resisten el calor)-, todo ello para facilitar su transporte y almacenaje. Por último, cuando se van a utilizar como ingrediente, se les vuelve a añadir agua.

- ¿Crees que la tendencia a la alimentación debe ser más saludable por propia responsabilidad de las empresas de alimentación?
Ya sabemos que el azúcar genera adicción. De hecho, muchos niños que consumen productos azucarados rechazan las versiones que no lo llevan.

Nosotros nos dirigirnos a padres concienciados con la salud de sus hijos que saben de la importancia de no darles productos azucarados y menos aún cuando son tan pequeños.

La sal, por su parte, mejora la palatabilidad de los productos. Nosotros no la añadimos porque no se recomienda para niños menores de un año. Si un padre quiere darle uno de nuestros tarritos a su niño mayor del año, siempre puede añadirle una pizca de sal.

El secreto de nuestros productos consiste en jugar con su composición para conseguir un sabor agradable y una textura adecuada pero siempre con los mismos ingredientes que un padre usaría en casa, sin necesidad de añadir azúcar, concentrados o almidones. Esto, por supuesto, implica pruebas organolépticas y reajustes de la formulación, utilizar materia prima de primera calidad en su punto óptimo de maduración -para lo cual hay que ajustar márgenes si se quiere llegar al consumidor con precios razonables-, etc. l

- ¿Qué valoración haces de la trayectoria de Smileat hasta el momento? ¿Qué proyectos de crecimiento tenéis a corto plazo?
Mi valoración de Smileat es muy positiva. Si cuando comenzamos con el proyecto me llegan a decir que a día de hoy íbamos a estar en 1.800 puntos de venta –algunos de ellos tan conocidos como Carrefour-, además de haber dado un salto a la internacionalización; o que íbamos a tener más de 10.100 seguidores en Facebook, no me lo hubiera creído… No obstante, hay que tener los pies en la tierra y seguir avanzando pasito a pasito.

Ahora tenemos muchos proyectos nuevos. Entre ellos, ampliar la gama de productos dirigidos a los más pequeños. Pero queremos hacerlo bien: diferenciarnos de las otras marcas y ofrecer siempre productos saludables y de calidad, y eso lleva su tiempo.

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