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Del laboratorio a la sociedad

Cuatro investigadores de Tecnun y Ceit acercan su investigación a la sociedad guipuzcoana en el marco de la iniciativa Pint Of Science

28 | 05 | 2026

La semana pasada, cuatro investigadores de Tecnun y Ceit participaron en el evento Pint Of Science. La iniciativa, de índole internacional, invita a investigadores de distintas áreas a compartir sus conocimientos con la ciudadanía en entornos distendidos. Así,  Nere Arroniz, Josu Etxezarreta , Frank A. Ricardo y Eric Rovira dieron a conocer su investigación en distintos locales de Gipuzkoa.

 “Mi tesis se centra en cómo mejorar la logística alimentaria local en Gipuzkoa”

 

La investigación de la estudiante de doctorado Nere Arroniz se centra en un ámbito tan cotidiano como invisible, que es el transporte de mercancías. Lo hace en el marco del City Science Lab Gipuzkoa, cuyo objetivo es rediseñar las ciudades del futuro a partir de datos reales y con la participación activa de la ciudadanía. “¿De qué manera se podría crear un sistema de transporte de mercancías que fortalezca el sector agroalimentario de Gipuzkoa y facilite el consumo de productos locales?”. Esta es la pregunta a la que Arroniz trata de responder con sus tesis y de la que habló en el marco del Pint Of Science.

El auge del comercio electrónico ha multiplicado el volumen de mercancías que circulan por las ciudades, generando nuevos retos logísticos y medioambientales. Su investigación consiste en construir modelos digitales que permitan simular cómo se mueve la mercancía dentro de un territorio. “Estos modelos funcionan como mapas interactivos con distintas capas de información: ubicación de la población, restaurantes, comercios, zonas de producción agrícola o rutas de transporte”, detalló.  A partir de ahí, la doctoranda prueba distintos escenarios y analiza cómo afectan determinadas decisiones al funcionamiento de una ciudad o una región.

“Buscamos diseñar herramientas que permitan entender mejor las limitaciones de Gipuzkoa y proponer soluciones adaptadas a cada contexto”. Arroniz comparó sus modelos con un juego de estrategia tipo “Catán”: un tablero donde diferentes actores interactúan, negocian y toman decisiones según sus necesidades y recursos. En palabras de la joven investigadora, “el objetivo no es encontrar la solución perfecta, sino crear herramientas que ayuden a las administraciones, empresas, productores o ciudadanía a entenderse y tomar decisiones basadas en datos”.

“La computación cuántica, una de las grandes apuestas tecnológicas del futuro”

 

El investigador de Tecnun Josu Etxezarreta defendió que la computación cuántica representa una de las grandes apuestas tecnológicas del futuro. Entre sus posibles aplicaciones mencionó el diseño de nuevos medicamentos, la simulación exacta de reacciones químicas o la optimización de procesos industriales. Sin embargo, tal y como apuntó, “aún está lejos de alcanzar todo su potencial y las aplicaciones verdaderamente revolucionarias exigirán sistemas muchísimo más grandes y fiables”.

Su exposición se centró en los retos a los que se enfrentan estas tecnologías, que es conseguir que sean “realmente útiles y fiables”. Para explicarlo, Etxezarreta recurrió a una metáfora visual basada en colores y ladrillos. Comparó las operaciones cuánticas con colores primarios: igual que con unos pocos colores básicos se pueden generar millones de tonalidades, en computación cuántica existe un conjunto reducido de “puertas” u operaciones capaces de construir cualquier algoritmo. El problema, explicó, es que estas operaciones son extremadamente sensibles a los errores.

Ahí entra la corrección de errores cuánticos, el campo en el que trabaja. Para ilustrarlo, utilizó la imagen de un ladrillo frágil frente a un gran bloque construido con miles de ladrillos. “Un único “qubit” (unidad básica de información cuántica) es muy inestable, pero agrupando muchos se puede crear un sistema mucho más resistente. El reto está en realizar operaciones sobre esos grandes bloques sin destruir la información”, apuntó el investigador de la Escuela.

“El desmontaje de patinetes eléctricos mediante robots permite recuperar materiales fundamentales para la transición energética”

 

El estudiante de doctorado Frank A. Ricardo desarrolla su investigación en el marco del proyecto europeo “Reeproduce”, en el que se encuentra inmerso Ceit, y cuyo objetivo es automatizar el desmontaje de patinetes eléctricos mediante robots.

Durante la sesión, Frank A. Ricardo explicó que “actualmente solo un 1% de la demanda mundial de tierras raras se cubre mediante reciclaje”. Esto obliga a muchos países a depender de la extracción minera y de importaciones, con un fuerte impacto ambiental. “Estamos haciendo minería urbana”, resumió, refiriéndose a la recuperación de materiales valiosos a partir de residuos tecnológicos.

El proyecto en el que participa consiste en utilizar brazos robóticos equipados con cámaras e inteligencia artificial para desmontar dispositivos como patinetes eléctricos, discos duros o scooters. Frank explicó por qué desmontar productos usados es complejo: “Mientras que en una línea de ensamblaje todas las piezas son nuevas y están colocadas exactamente en el mismo lugar, en el desmontaje cada aparato llega en condiciones diferentes: puede estar oxidado, golpeado o pertenecer a fabricantes distintos. Esa enorme variabilidad obliga a desarrollar sistemas de visión artificial mucho más avanzados”, subrayó. Por ello, uno de los grandes retos del proyecto es “enseñar al robot a ver y moverse en el espacio”.  Para ello utilizan una cámara instalada directamente en el brazo robótico y algoritmos capaces de transformar un punto detectado en una imagen en una posición real en tres dimensiones.

Más allá de la eficiencia industrial, el doctorando destacó el impacto humano y medioambiental de esta automatización. Señaló que muchas tareas de desmontaje son repetitivas, físicamente exigentes y peligrosas, especialmente cuando se trabaja con baterías de litio que pueden provocar incendios o explosiones: “Los robots permiten trasladar esos riesgos fuera del entorno humano e incluso trabajar en condiciones imposibles para una persona, como ambientes sin oxígeno”.

“Tenemos que ver los residuos orgánicos como materias primas con valor y no como simples desechos”

 
 

El investigador de Ceit Eric Rovira abordó el problema de los residuos orgánicos en Europa desde una perspectiva divulgativa, proponiendo “entenderlos como materias primas con valor, en lugar de simples desechos”.  Para ello, introdujo el concepto de biorrefinería y dedicó una parte central a explicar en detalle la tecnología de digestión anaerobia: qué es, cómo funciona biológicamente, qué condiciones necesitan los microorganismos para trabajar correctamente y qué productos se obtienen del proceso, principalmente biogás aprovechable como fuente de energía y digestato rico en nutrientes para uso agrícola. Para mostrar su aplicación práctica, explicó el Proyecto DigestAir. La presentación concluyó con una reflexión sobre la relación entre tecnología e impacto real y recordó que “el verdadero reto no es desarrollar tecnología, sino saber dónde y cómo aplicarla”.

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