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2026_05_25_FYL_Entrevista_Mariano_Crespo

"El cristianismo no se transmite sólo con doctrinas, sino también mediante modos de mirar la realidad"

Mariano Crespo, director académico del Máster en Cristianismo y Cultura Contemporánea, presenta la primera edición del curso de verano del programa

25 | 05 | 2026

¿Cómo dialoga el cristianismo con los grandes retos de la actualidad? Los días 15, 16 y 17 de junio, el campus de Madrid acogerá el I Curso de verano “Cristianismo y cultura contemporánea”. Mariano Crespo, director académico del Máster, desvela en esta entrevista las claves del programa.

P. ¿De dónde nace la idea de promover este curso? ¿A quién está dirigido?

R. El origen de este curso de verano es la “semana formativa” con la que solían concluir las clases del Máster en Cristianismo y Cultura Contemporánea (MCCC). Se trata de un conjunto de conferencias, mesas redondas, actividades culturales, entre otras, que retoman algunos de los temas centrales del Máster. En estos últimos meses hemos pensado que podría ser una buena idea transformar esta iniciativa en un curso de verano abierto no sólo a estudiantes del MCCC, sino también a profesores y empleados de la Universidad, así como al público en general.

P. Si tuvieras que elegir tres 'píldoras' o temas estrella del curso de verano que contribuyan a la formación de profesionales de distintos sectores, ¿cuáles serían?

R. Yo diría que son, más bien, cuatro los temas centrales a los que hemos querido dedicar esta primera edición del curso de verano. Se refieren a aquello que, en el último tiempo, se ha denominado como el “giro católico”: la identidad cristiana de la educación, la relación entre ciencia y religión, así como el debate entre cristianismo y liberalismo, desde una perspectiva histórica y actual.

P. ¿Cómo puede la profundización en cuestiones humanísticas contribuir a la formación de los profesionales? ¿En qué aspectos puede ayudar a mejorar su trabajo?

R. Puede contribuir de manera muy significativa porque nuestra Universidad es una institución cuya identidad no es puramente técnica o administrativa, sino universitaria en sentido fuerte: una comunidad orientada a la verdad, al servicio de la persona y a la formación integral. La contribución del curso puede verse en varios niveles: desde la comprensión más profunda del sentido del trabajo, hasta la mejora del trato humano y de la comunicación, la adaptabilidad y el pensamiento crítico, e incluso en la creación de comunidad.

P. Hablar de identidad cristiana en nuestros ámbitos profesionales puede ser un reto hoy en día. ¿Qué herramientas prácticas puede aportar este curso para que esa identidad fluya de forma natural y atractiva en el desempeño profesional?

R. Pienso que una de las aportaciones más valiosas de este curso es que pone de relieve que la identidad cristiana puede mostrarse de manera intelectual, cultural y pedagógica, y sin artificialidad. En este sentido, la sesión sobre “la imaginación católica” ofrece una clave fundamental: el cristianismo no se transmite sólo mediante doctrinas, sino también mediante modos de mirar la realidad.

Asimismo, el curso aspira a contribuir a integrar la fe y la cultura contemporánea sin un tono defensivo. Eso ofrece modelos concretos de diálogo intelectual sereno. Por último, creo que este curso puede ayudar a comprender que la identidad se transmite sobre todo mediante la unidad de vida intelectual.

P. ¿Cuáles son los principales retos a los que se enfrentan las instituciones educativas para los que este curso intenta dar respuesta?

R. Entre los principales desafíos destacaría, entre otros, la fragmentación del saber, la pérdida de horizonte humanístico y el reto de integrar ciencia y religión. Este curso pretende responder a estos retos mediante el diálogo entre ciencia, filosofía, literatura, política y educación, la reivindicación de la universidad como espacio cultural, donde son centrales la verdad, la formación integral, la reflexión antropológica y la dimensión ética del conocimiento.

P. Hoy se habla mucho de la polarización. ¿Cómo ayuda este curso a que los jóvenes aprendan a dialogar con quien piensa distinto, utilizando el humanismo cristiano como puente y no como barrera?

R. El curso parte de una convicción profundamente humanista: el diálogo auténtico no nace de relativizar las propias convicciones, sino de comprender que toda persona merece ser escuchada y tomada intelectualmente en serio. En un contexto universitario, marcado muchas veces por la polarización ideológica, las redes sociales y la simplificación del adversario, este curso ofrece herramientas culturales e intelectuales para reconstruir una auténtica cultura del encuentro. El propio diseño del programa apunta en esa dirección.

P. ¿Te gustaría comentar o añadir alguna cuestión?

R. Añadiría quizá cuatro ideas de fondo que hacen especialmente interesante este programa en el contexto universitario actual. En primer lugar, no es un curso “interno” o autorreferencial, sino un intento de conversación cultural con el mundo contemporáneo. En segundo lugar, el curso aborda cuestiones complejas, que no se presentan en términos binarios o propagandísticos, sino como problemas intelectuales reales.

En tercer lugar, el curso aspira a sustituir la lógica del enfrentamiento por la del encuentro cultural. El humanismo cristiano históricamente ha sido fecundo precisamente porque ha sabido generar cultura compartida, no sólo identidad grupal. En cuarto y último lugar, pretendemos reforzar el vínculo entre fe y creatividad cultural. La presencia de escritores, fotógrafos, periodistas y editores sugiere algo importante: la fe no sólo genera doctrinas o normas, sino también imaginación, lenguaje, símbolos y formas culturales.

En conjunto, contribuye a formar personas capaces de habitar intelectualmente el mundo contemporáneo sin renunciar a una identidad cristiana reflexiva, dialogante y culturalmente fecunda.

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