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2026_02_12_FYL_Apertura_Ciclo_ElPrado

Leticia Azcue desvela en la Universidad la "fuerza arrolladora" de Bernini y el lenguaje revolucionario de la escultura barroca

La Jefa de Colección de Escultura del Museo del Prado ha inaugurado la X edición del ciclo de conferencias Francisco Calvo Serraller


FotoManuel Castells/

12 | 02 | 2026

"Bernini fue el artista total". Con esta contundente afirmación, Leticia Azcue, Jefa de Colección de Escultura desde 1700 y Artes Decorativas del Museo del Prado, comenzó la primera sesión del Ciclo de Conferencias Francisco Calvo Serraller. Bajo el título “Ilusión y persuasión. El arte del Barroco”, esta cita cultural, organizada por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Navarra en colaboración con la Fundación Amigos del Museo del Prado, celebra este año su décimo aniversario, consolidada como un referente de la divulgación artística en Pamplona.

Más de 300 personas se dieron cita en el acto inaugural, presidido por Gabriel Pérez Barreiro, director artístico del Museo Universidad de Navarra. Intervinieron también Julia Pavón, decana de la Facultad de Filosofía y Letras; Nuria de Miguel, Secretaria General de la Fundación Amigos del Museo del Prado; e Iñigo Martínez, Director General de España de Viscofan, empresa patrocinadora del Ciclo.

Presentada por la profesora Clara Fernández Ladreda, quien destacó la trayectoria de Azcue como académica de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y su labor investigadora, la ponente centró su intervención en la figura de Gian Lorenzo Bernini (1598-1680). Como explicó Azcue, el talento del artista no solo se limitó a la escultura, sino que abarcó la arquitectura, la pintura y la escenografía, integrando todas las artes en una "obra total".

Uno de los puntos clave de la conferencia fue el análisis de la técnica berniniana. La experta explicó que, aunque el artista utilizó los mismos instrumentos tradicionales que sus contemporáneos, los empleó “de una forma revolucionaria" para alcanzar un lenguaje expresivo inédito: "Su capacidad única consistía en dos cosas: emocionar y congelar el movimiento". Para ilustrar la dificultad del oficio, la conferenciante proyectó un breve vídeo mientras realizaba un pormenorizado repaso por el proceso de creación de una escultura en mármol, desde el modelado inicial en barro y el uso del armazón metálico, hasta el complejo sistema de "sacada de puntos" para trasladar las medidas al bloque de piedra. Azcue recordó que el trabajo con cincel sobre el mármol de Carrara suponía un riesgo constante: "Cada golpe es único; un error al final del proceso puede arruinar años de trabajo", subrayando que Bernini lograba efectos pictóricos en la escultura, jugando con la luz y las texturas para diferenciar la suavidad de la piel de la rugosidad de una tela o el brillo de una hoja.

La sesión recorrió obras emblemáticas de la juventud del artista, como las cabezas del Anima Beata y el Anima Dannata, donde Bernini demostró con apenas 21 años una capacidad excepcional para captar los estados del alma y las emociones. En ellas, el artista exploró los extremos de la experiencia humana: la paz celestial frente al horror del castigo eterno, utilizando su propio rostro como modelo ante un espejo para captar la verdad del grito y la tensión muscular. También se abordaron hitos como el San Sebastián de la Colección Thyssen-Bornemisza, una obra que evidencia su temprano dominio de la anatomía y la inestabilidad propia del Barroco frente al equilibrio renacentista; o Apolo y Dafne, donde el mármol se transforma en hojas de laurel ante los ojos del espectador. Azcue destacó cómo Bernini dominó el espacio, diseñando obras para ser vistas desde múltiples ángulos, envolviendo al espectador en la narrativa.

Un aspecto revelador de la sesión fue la mención a la labor de Bernini como restaurador de piezas clásicas. Azcue recordó cómo el artista fue capaz de añadir elementos contemporáneos a obras antiguas para dotarlas de una nueva vida, como el famoso colchón de mármol que diseñó para el Hermafrodito, una intervención tan integrada con el original que hoy resulta imposible imaginar la pieza sin su aportación.

Para finalizar, la ponente reflexionó sobre la paradoja del final de Bernini. Tras servir a siete papas y ser considerado el "dueño de Roma", el artista reposa en una sencilla tumba en la Basílica de Santa María la Mayor. "Aquí descansa humildemente quien fue el orgullo de las artes", reza su epitafio, una frase que, según Azcue, resume la grandeza de un hombre que, pese a su poder, entendió que su verdadero legado no era el lujo, sino la vida que infundió a la piedra.

El ciclo, que cuenta con el patrocinio de Viscofan y la colaboración de la Fundación Diario de Navarra, continuará en las próximas semanas con ponencias de Xavier Bray, director de The Wallace Collection (18 de febrero); Eduardo Prieto González, profesor de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid (25 de febrero); y Fernando Marías, catedrático de Historia del Arte de la Universidad Autónoma de Madrid (4 de marzo), quienes profundizarán en las figuras de José de Ribera, la arquitectura barroca y Velázquez, respectivamente.

 

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