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Dos lienzos del patrimonio secular de Leire


FotoCedida/Detalle del lienzo del Descanso en la Huída a Egipto del monasterio de Leire, 1637

Poquísimas pinturas, de las que adornaban las estancias del monasterio, se han conservado. Entre ellas destacaban los retratos de reyes. Concretamente, en el inventario de 1809 se anotan en la sala del palacio abacial “diez retratos de príncipes y reyes” y en el dormitorio del mismo lugar “dos retratos de rey y reina”. Sin embargo, sí nos han llegado las pinturas de san Bernardo y san Benito de la sacristía y san Virila del templo, destacable por su calidad y rareza iconográfica. Asimismo, cuelgan de los muros del refectorio sendos lienzos, objeto de este texto.

Ambos pertenecieron, según tradición oral, a un retablo dedicado a san José. Uno sólo está firmado con una inscripción muy perdida, de la que hicimos recientemente una lectura. Se trata de un lienzo del Descanso en la Huida a Egipto, que actualmente preside el refectorio monacal. El tema es netamente de la Contrarreforma, repleto de intimidad y ternura. Su interpretación proporcionaba a los artistas la oportunidad de plasmar árboles, ruinas, nubes, lejanías azuladas y ríos luminosos, en un contexto en el que, como observó E. Mâle, la austeridad parecía haber desterrado al paisaje del arte religioso, en aras a que nada distrajese de la piedad en la contemplación de las escenas sagradas.

 
Descanso en la Huída a Egipto del monasterio de Leire, 1637. Foto J. L. Larrión

Un análisis de la inscripción aporta al menos dos pistas, el nombre latino de Zaragoza, en donde se realizó el lienzo, en 1637, así como el apellido Aranegui. La identificación de este último con fray Juan de Arranegui, procurador del monasterio y su secretario aquel mismo año de 1637, no parece dejar duda alguna sobre la identidad del monje. Respecto al autor, las últimas letras antes de la f (fecit) y la terminación del apellido del autor, concretamente “van”, nos conducen al pintor natural de Luesia y establecido en la capital aragonesa Juan Galván (1596-1658). El análisis formal de la composición y de su colorido, así como el dominio del claroscuro y sus dimensiones, encajan con las obras del citado pintor, al que su paisano Jusepe Martínez se refiere como aficionado a los “cuadros grandes de la manera italiana”. Tras una estancia en Roma, regresó a la capital aragonesa, en donde llegó a ser pintor de la Diputación de aquel reino. Galván supo dar el gran protagonismo a las figuras de la Sagrada Familia, colocadas en primer plano, destacando los rojos de las vestimentas de María y el Niño que, por cierto, juguetea con un jilguero. Temáticamente, también es una doble Trinidad porque, encima de la Sagrada Familia, encontramos a Dios Padre y la paloma del Paráclito. El gran paisaje con numerosos detalles adquiere, como hemos señalado, verdadero protagonismo en el conjunto.

Entre las pinturas coetáneas de ese gran lienzo, perteneciente al mencionado retablo de san José, figura el del Taller de Nazaret, sin la presencia de la Virgen María. Posee un interés notable porque se puede leer a la luz de algunos textos coetáneos que presentan al Niño como en el cuadro: recogiendo astillas y juntando dos de ellas en forma de cruz. Sirva de ejemplo la obra del comediógrafo valenciano Guillén de Castro El mejor esposo, compuesta entre 1618 y 1625, en la que hay un momento, en que San José despide a sus oficiales y se queda solo en el taller con el joven Jesús. Mientras sierran y cepillan una de las tablas para hacer una puerta, dos pequeñas astillas se cruzan por casualidad y forman una cruz, y al ver así las maderas, Jesús las toma rápidamente y recita unos versos alusivos, que rezan así: “Que bien parecen así / cuanto me alegro de vello / Pues por mi divino ser / tan importantes serán / que en esta forma en que están /puertas del cielo han de ser / mediante mi sangre pía / por mí en ellos derramada/ ¿Cruz bendita, esposa mía, / pues aquel dichoso día / seréis mi trono real / y la cátedra inmortal / donde yo padecer, / de mi amor he de leer / la doctrina celestial”.


Taller de Nazaret en el monasterio de Leire. Foto J. L. Larrión

Para saber más

FERNÁNDEZ GRACIA, R., “Patrimonio e identidad (17). Orígenes e hipótesis sobre el patrimonio mueble de Leire”, Diario de Navarra, 4 de octubre de 2019, págs. 64-65
MÂLE, E., El Barroco. Arte religioso del siglo XVII. Italia, Francia, España, Flandes, Madrid, Encuentro, 1985
MARTÍNEZ, J., Discursos practicables del nobilísimo arte de la pintura, Torrejón de Ardoz, Akal, 1988
RODRÍGUEZ, GUTIÉRREZ DE CEBALLOS, A., “Iconografía y Contrarreforma. A propósito de algunas pinturas de Zurbarán”, Cuadernos de Arte e Iconografía, t. 4, II (1989), pp. 97-105

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