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Discurso del rector en el acto de apertura del curso 2012-13. Profesor Alfonso Sánchez-Tabernero

Discurso del rector en el acto de apertura del curso 2012-13. Profesor Alfonso Sánchez-Tabernero

11/09/23 11:38

Mis primeras palabras se dirigen a José María Bastero y Fancisco Errasti, a quienes felicito de todo corazón por la Medalla de Oro de la Universidad de Navarra que acaban de recibir. Ambos han trabajado aquí muchos años y -si Dios quiere- seguirán ayudándonos en el futuro. La tarea del prof. Bastero al frente de la Universidad y de la Escuela de Ingenieros, y en la dirección de la Clínica y del CIMA, en el caso de Francisco Errasti, han producido unos frutos que están a la vista de todos.

El legado de quienes hoy reciben la condecoración otorgada por nuestro Gran Canciller confirma que siempre es fecundo el trabajo realizado con constancia y magnanimidad, con el afán de servir a los demás, sobre todo si se cuenta con el apoyo equipos unidos, que se plantean metas ambiciosas.

Felicito también al profesor Jesús Prieto por su excelente lección inaugural: como suele ser habitual en el Dr. Prieto, sus palabras incluyen similares dosis de sabiduría y pasión.

El trabajo bien hecho, particularmente en los días normales -en los que no hay inauguraciones de curso, ni otros actos que atraen a los micrófonos y cámaras de los medios de comunicación- constituye una de nuestras señas de identidad. Lleva la Universidad de Navarra actuando así 60 años; con la ilusión compartida de realizar cada vez mejor su misión específica: la docencia de grado y posgrado, la investigación científica, la asistencia sanitaria de alta calidad.

No estamos apegados al pasado porque el momento actual presenta indudables oportunidades de avanzar. Por eso, ante las propuestas innovadoras, la peor respuesta sería una resistencia al cambio basada en la idea de que "hasta ahora siempre lo hemos hecho de una determinada manera". Pero tampoco tenemos un interés frívolo por lo novedad, si ésta no nos permite servir mejor a los alumnos, a los pacientes, a la sociedad en general.

Todo curso académico -y éste no constituye una excepción- refleja una simbiosis de continuidad y cambio. La continuidad permite configurar tradiciones y da confianza a la comunidad universitaria: en ciertos aspectos todos -profesores, estudiantes, quienes trabajan en los distintos servicios de la Universidad, los profesionales de la Clínica- sabemos a qué atenernos, conocemos los ritmos de la Universidad: las clases, el estudio, el trabajo en los laboratorios, los exámenes… El devenir de la vida en el campus.

Por su parte, el cambio aporta una conveniente dosis de novedad que elimina el riesgo de convertir la tarea de cada jornada en una rutina tediosa. El cambio, además, permite afrontar los retos apasionantes que se presentan ante nuestros ojos.

De hecho, en este momento estáis viendo y oyendo uno de los cambios evidentes de este curso en la Universidad de Navarra. Nos habíamos acostumbrado a escuchar en días similares al de hoy los retos que cada curso -durante los últimos 7 años- nos proponía el rector Ángel J. Gómez-Montoro. Yo, además, estaba habituado a prestar atención a ese discurso desde las sillas de los vicerrectores, desde donde se ve bien, se oye mejor y -en una mañana como esta- no hay que hacer nada.

Como ya hice en el acto de toma de posesión como rector, quiero agradecer a Ángel J. Gómez-Montoro su dedicación a la Universidad, su excelente trabajo como rector desde 2005.

En esta etapa de crecimiento ha impulsado iniciativas muy variadas: el inicio de nuevos centros de investigación; el incremento de la oferta de posgrado; el cambio de los planes de estudios y la puesta en marcha de los nuevos grados de Magisterio y Bioquímica; la construcción del nuevo edificio Amigos; el desarrollo del Museo; el crecimiento de los campus de San Sebastián, Barcelona, Madrid y Nueva York.

En tiempos de crisis, el rector Gómez-Montoro -sin desconocer en absoluto la magnitud de las dificultades- nos ha convencido de que si sacamos lo mejor de nosotros mismos -nuestra creatividad, nuestro ingenio, nuestro compromiso-, si trabajamos unidos seremos capaces de hacer de la Universidad de Navarra un centro académico de referencia internacional. Con Ángel hemos caminado en esa dirección y esperamos seguir haciéndolo así en el futuro.

Deseo agradecer también a la vicerrectora Conchita Naval su trabajo en el Rectorado durante casi 12 años, primero como vicerrectora de Innovación Educativa, después como vicerrectora de Ordenación Académica y, finalmente, como vicerrectora de Profesorado. Durante su etapa en el Rectorado se ha producido el proceso de habilitación y acreditación de los profesores e investigadores de la Universidad: en ese tiempo, 252 han obtenido la categoría de profesor titular y 75 la de catedrático.

La tarea de la profesora Naval en el Rectorado ha culminado con la aprobación de la normativa de profesorado, que facilita diseñar un itinerario profesional atractivo para los profesores de la Universidad.

Si el rector Gómez-Montoro se marcha un curso a Nueva York, la vicerrectora Naval estará más cerca, en Oxford, por lo que espera recibir visitas de sus colegas de la Universidad.

Doy las gracias también a los profesores Pilar Lostao y Tomás Gómez-Acebo por asumir los cargos de vicerrectora de Relaciones Internacionales y vicerrector de Alumnos respectivamente y agradezco a los demás miembros del Rectorado su disponibilidad para continuar en el equipo de Gobierno de la Universidad.

Se han producido otros cambios al frente de las facultades de Filosofía y Letras, y Arquitectura. Tanto quienes ocupan nuevos cargos -Rosalía Baena, decana de Filosofía y Letras; José Ángel Medina, director de la ETSA; y Antonio Viana, decano de Derecho Canónico- como sus predecesores inmediatos -Santiago Aurell, Mariano González Presencio y Jorge Miras- ejemplifican el modo de trabajar de la Universidad: nos interesa servir y no brillar; disfrutamos con el avance de la Universidad y sabemos que el prestigio personal es efímero.
Os decía antes que uno de los cambios más recientes se ha producido en el Rectorado de la Universidad.

Quizás sea éste el momento adecuado para pensar cómo debe ser un rector. Clark Kerr afirmaba (sin duda con conocimiento de causa, porque fue muchos años rector de la Universidad de California) que quien dirige una universidad debe ser "un amigo de los estudiantes, un colega de los profesores, un administrador serio para el Consejo Social, un buen orador para el público, un regateador astuto con la administración, un político con el gobierno local, un amigo de la industria, un diplomático persuasivo con los donantes (...) un representante para hablar con la prensa, un intelectual o científico por sí mismo, un entusiasta del fútbol y de la ópera al mismo tiempo, un ser humano decente. Sobre todo debe divertirle viajar en avión, comer en público y asistir a ceremonias sociales".

Confieso que hecho examen de esas 15 características señaladas por el prof. Kerr y me parece que -de momento- paso el corte del aprobado en una… o tal vez en ninguna.

En todo caso, quizás os interese saber a qué se dedica un rector. Yo no estoy muy seguro, pero al menos puedo deciros en qué he empleado mi tiempo en estos diez primeros días en el cargo: además de mantener algunas entrevistas con medios de comunicación, he recibido -y en bastantes casos he contestado- mensajes de felicitación, que casi siempre tenían un punto coincidente: el reconocimiento a la tarea que ha realizado la Universidad de Navarra durante sus seis primeras décadas de vida.

Sin duda, ese servicio a los ciudadanos, a la sociedad, refleja el buen hacer profesional de las personas que han trabajado en la Universidad durante este tiempo. Al pensar en mis predecesores, que han llevado el timón del barco con notable habilidad, que han sorteado tormentas y huracanes, y han conseguido avanzar a un ritmo notable, me planteo qué ideas han tenido presentes para mantener el rumbo con tanto acierto.

Pienso que quienes han estado al frente de la Universidad -he tenido la suerte de conocer a casi todos ellos- han sido personas magnánimas, que tuvieron sueños grandes, metas ambiciosas y se esforzaron por ponerlas en práctica, siempre impulsados por el ímpetu espiritual de san Josemaría y, más tarde, por quienes le sucedieron en el puesto de Gran Canciller: Álvaro del Portillo y Javier Echevarría.

Quiero recordar ahora a uno de nuestros rectores, Alfonso Nieto, que falleció hace pocos meses. Nieto fue mi maestro -mi jefe- durante toda la vida, en el departamento, en la Facultad de Comunicación, en la Universidad. El profesor Nieto siempre alentaba a quienes trabajábamos con él a que nos decidiéramos a ir más allá, para buscar objetivos que otras personas no se habían planteado.

Cuando ya le quedaban pocas semanas de vida, fui a la Clínica para contarle que al día siguiente viajaba con el rector a Hong Kong y Shanghai con el fin de firmar acuerdos de colaboración con universidades de esos países. Me parecía que se trataba de un proyecto "a la altura de Alfonso Nieto". Sin embargo, después de detallarle el plan de viaje, me respondió con esa sonrisa suya tan característica, cariñosa, desafiante y un poco misteriosa: "Bien, tocayo, pero no te olvides de Manchuria".

El profesor Nieto -que siempre presuponía en su interlocutor el don de la interpretación- no se refería específicamente a esa región de China. El mensaje implícito era claro, al menos para mí: no te conformes con lo que otros hacen; busca nuevos retos; atrévete a llegar más lejos.

Quienes trabajamos en la Universidad de Navarra compartimos un proyecto grande, magnánimo, basado en las grandes propuestas del pensamiento cristiano: el amor a la verdad y a la libertad; la solidaridad; la apertura al destino trascendente de los hombres; el afán de ayudar a quienes están cerca de nosotros, sobre todo a los más desfavorecidos.

Ninguna institución adquiere solidez si no está bien enraizada en su propia tierra, en su ámbito geográfico más próximo. La UN se ha esforzado durante los últimos 60 años por servir a Navarra. Y, a la vez, ha sentido siempre muy cerca el afecto, la ayuda de tantas personas de la Comunidad foral.

La semana pasada se hacía público que Navarra posee los mejores indicadores de calidad sanitaria de España. También encabeza Navarra el ranking de las comunidades autónomas españolas referido al consumo de prensa por habitante (ratio clásico de desarrollo cultural). En una situación similar se encuentra nuestra comunidad si analizamos las cifras macroeconómicas más significativas como renta per cápita o tasa de desempleo.

Esa situación destacada en ámbitos culturales, educativos, sanitarios y económicos nos llena de alegría y -por qué no confesarlo- de cierto orgullo porque consideramos que -en una pequeña parte- la Universidad de Navarra ha contribuido a que Navarra alcance esas cotas de bienestar y sea una de las regiones europeas más prósperas y con mayor calidad de vida.

Sin embargo, en el momento presente todos debemos esforzarnos un poco más para aliviar la difícil situación en la que se encuentran muchas familias. Por ese motivo, desde la Universidad nos planteamos qué más podemos hacer para servir mejor a Navarra.
   
En todo caso, manifiesto de nuevo en presencia de las principales autoridades de la comunidad foral el empeño de la Universidad por colaborar en las iniciativas y proyectos que puedan beneficiar a los ciudadanos de Navarra. Lo que no haremos será sumarnos a la cultura de la queja ni enredarnos en polémicas estériles.

La dimensión que ha alcanzado la Universidad y la magnitud de los retos que se presentan en el horizonte aconsejan que fortalezcamos dos principios de gobierno:

En primer lugar, es preciso conceder más autonomía a las facultades, escuelas y servicios, a la vez que el Rectorado dedica más esfuerzo a la formación en capacidades directivas de quienes ocupan los cargos de gobierno de la Universidad. De este modo conseguiremos que quienes tomamos decisiones directivas actuemos con visión de conjunto y, a la vez, conozcamos de cerca los aspectos que gobernamos. Existe una larga tradición en este sentido en la Universidad, como refleja el desarrollo alcanzado por centros que han dispuesto de un gran nivel de autonomía, como el IESE, Clínica, CIMA, CEIT o la Escuela de Ingenieros.

En segundo término, quienes gobernamos debemos procurar que cada persona que trabaja en la Universidad adquiera la ambición de realizar su tarea de modo excelente, al menos tan bien como los mejores profesionales en su campo. Hay un gran número de personas que espera mucho de nosotros: padres que nos confían la formación de sus hijos; pacientes que ponen su salud en manos de los médicos y enfermeros de la Clínica; amigos que prescinden de gastos personales para apoyar nuestro programa de becas o los proyectos de investigación. Tenemos que estar a la altura de esas expectativas; es preciso que nadie en la Universidad baje el listón de la propia exigencia.

La Universidad de Navarra pretende proporcionar un entorno estimulante a los estudiantes, que les ayude a crecer, a madurar. Parte esencial de esa tarea la cumplen los colegios mayores, con sus actividades formativas, con su determinación de ofrecer a los alumnos un lugar de convivencia culta y esperanzada.

Este curso académico se cumple el 50 aniversario de los primeros colegios mayores de la Universidad: Belagua y Goimendi, que ya han anunciado un atractivo plan de celebraciones. No os oculto que mi ilusión es que en un futuro no muy lejano haya aún un mayor número de alumnos de la Universidad de Navarra que tenga la oportunidad de vivir parte de su trayectoria universitaria en un colegio mayor. Bastantes de vosotros sabéis como yo que se trata de una experiencia inigualable.

Permitidme que -ya para acabar- os proponga algunos desafíos concretos, algunas prioridades para estos próximos años, que ya anuncié en mi toma de posesión como rector:
   
1º) Debemos fortalecer la investigación, consiguiendo un mayor número de publicaciones en las revistas y editoriales internacionales de mayor impacto, y con la puesta en marcha de nuevos centros de investigación con suficiente masa crítica, siguiendo los modelos exitosos del CIMA o del CEIT.

2º) Debemos potenciar nuestros posgrados -másteres y doctorados- de modo que podamos realizar cuanto antes una oferta muy atractiva, muy valorada por los futuros alumnos de esos programas.
3º) Debemos acentuar el carácter internacional de la Universidad, con más estudios bilingües, nuevos diplomas internacionales, más alumnos de otros países y más acuerdos con algunas de las mejores universidades del mundo.

4º) Debemos aumentar nuestra actividad de captación de recursos, tanto para hacer frente a los nuevos proyectos e inversiones, como para incrementar el fondo de becas propias, de modo que sigamos atrayendo a alumnos excelentes, con independencia de su renta familiar.
Los desafíos son ambiciosos y las dificultades no escasean. Pero estoy convencido de que si trabajamos unidos, con el apoyo de tantas personas e instituciones que nos miran con afecto y esperanza, seguiremos avanzando y seremos capaces de servir cada vez mejor a la sociedad.

Crónica de la apertura

Discurso del rector, Alfonso Sánchez-Tabernero

La Universidad de Navarra en cifras

Lección inaugural

Medallas de Oro

El protocolo en la apertura

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