Las personas muestran una tendencia natural a caminar hacia la izquierda
La Universidad lidera una investigación internacional que identifica una inclinación universal a desplazarse en sentido antihorario, independiente de culturas y contextos sociales
FotoManuel Castells/Iker Zuriguel, Iñaki Echeverría y Ángel Garcimartín.
10 | 06 | 2026
Un estudio internacional liderado por la Universidad de Navarra ha descubierto que las personas presentan una ligera pero consistente tendencia a desplazarse hacia la izquierda cuando caminan. La investigación, publicada en Nature Communications, muestra que esta inclinación individual influye en la forma en que las multitudes se organizan espontáneamente y podría ayudar a mejorar los modelos utilizados para gestionar flujos peatonales en espacios concurridos.
Los resultados identifican un sesgo locomotor intrínseco, es decir, una predisposición en la dirección del movimiento, que contribuye a explicar algunos patrones colectivos observados en grupos de peatones. El trabajo cuestiona la idea de que estos comportamientos dependen exclusivamente de las normas sociales o de la interacción entre las personas y ofrece una nueva perspectiva para entender cómo surgen ciertos fenómenos colectivos. A largo plazo, este conocimiento podría contribuir al diseño de espacios públicos más seguros, cómodos y eficientes.
Hasta ahora, los científicos atribuían la organización espontánea de las multitudes principalmente a las interacciones entre personas, las maniobras para evitar colisiones, las normas sociales sobre cómo circular, como caminar por la derecha o por la izquierda según el país; o las características físicas del entorno, como paredes o límites espaciales. Sin embargo, este estudio muestra que parte de estos comportamientos podría originarse en predisposiciones individuales presentes antes de cualquier interacción social. "Durante décadas hemos pensado que estos patrones colectivos surgían únicamente de la interacción entre los peatones. En nuestro trabajo hemos comprobado que una parte relevante de ellos no surge únicamente cuando las personas se agrupan, sino que es inherente al individuo”, señala Iñaki Echeverría, investigador de Física y Matemática Aplicada de la Universidad de Navarra y primer autor del artículo.
Los investigadores observaron que, al pedir a un grupo de personas que caminen, ya sea en un espacio cerrado o completamente abierto, existe una ligera tendencia a desplazarse en sentido antihorario. Aunque esta preferencia es pequeña a nivel individual, su efecto se amplifica cuando participan cientos o miles de personas, generando patrones colectivos observables a gran escala. "No todos los miembros del grupo muestran esta preferencia, pero una amplia mayoría sí tiende a desplazarse en sentido antihorario. Esa inclinación acaba marcando la dirección que sigue el conjunto y da lugar a patrones colectivos visibles", explica Echeverría.
La tendencia antihoraria aparece más allá de las normas culturales y del entorno
Para poner a prueba las explicaciones tradicionales, el equipo desarrolló durante varios años una amplia campaña experimental en España y Japón. Comparar ambos países permitió analizar si el fenómeno dependía del modo en el que los peatones tratan de no chocar al caminar, ya que en sendos países suelen desplazarse y esquivarse por lados opuestos. Los ensayos incluyeron grupos de adultos caminando en espacios controlados, escolares moviéndose libremente en un patio abierto, niños de educación infantil y participantes que realizaban recorridos de forma individual.
Uno de los resultados más significativos fue comprobar que esta tendencia persistía incluso cuando desaparecían los factores tradicionalmente considerados responsables. Apareció en niños pequeños que todavía no habían interiorizado muchas normas sociales relacionadas con la circulación peatonal, en espacios abiertos sin paredes ni obstáculos y en países con hábitos de circulación diferentes. "Queríamos averiguar si el fenómeno dependía de normas culturales, de la interacción con el entorno o de las estrategias de evasión entre peatones. Los resultados indican que ninguno de estos factores, por sí solo, explica completamente lo que observamos", apunta Iker Zuriguel, catedrático de Física Aplicada de la Universidad de Navarra y uno de los autores principales del trabajo.
Las pruebas con personas caminando solas confirmaron, además, que la preferencia direccional estaba presente a nivel individual, descartando que se tratara de una propiedad que solo emerge cuando las personas forman parte de un grupo. Los investigadores también analizaron factores asociados a la lateralidad, como ser diestro o zurdo, el pie dominante o la dominancia ocular, sin encontrar evidencias de que estos factores expliquen el comportamiento observado.
Diseñar espacios adaptados a cómo se mueve la gente
Además de aportar nuevo conocimiento sobre el comportamiento humano, el trabajo podría tener aplicaciones en ámbitos como la movilidad urbana y la gestión de grandes concentraciones de personas. Los investigadores lograron reproducir matemáticamente los patrones observados en grupos numerosos utilizando únicamente información obtenida de personas caminando solas, lo que refuerza la idea de que algunas dinámicas colectivas pueden entenderse a partir de características individuales compartidas.
Este conocimiento puede resultar útil en entornos con una elevada concentración de personas, como aeropuertos, estaciones ferroviarias, centros comerciales o recintos deportivos, donde se utilizan cada vez más modelos para optimizar recorridos y reducir congestiones. "Conocer mejor los factores que influyen en nuestra forma de movernos permite desarrollar modelos más precisos sobre cómo circulan las personas en espacios compartidos. Esta información podría ser útil para diseñar infraestructuras más eficientes y crear entornos que se adapten mejor a la manera en que nos movemos en nuestro día a día", añade Zuriguel.
Los autores recuerdan que las interacciones sociales y el entorno siguen siendo elementos clave para entender el comportamiento de las multitudes. No obstante, “los resultados sugieren que las predisposiciones individuales también desempeñan un papel relevante en la aparición de movimientos colectivos. Además, el estudio abre nuevas preguntas sobre el origen biológico de estas tendencias, ya que fenómenos similares se observan en otras especies animales, desde bancos de peces hasta colonias de insectos”, concluye Echeverría.