Entrevista a Danila Andreev, graduado y doctor en Filología Hispánica por la Facultad de Filosofía y Letras
Fue investido doctor el pasado 5 de junio junto a otros 154 doctorandos de la Universidad de Navarra
08 | 06 | 2026
El 5 de junio, los 155 investigadores que han defendido su tesis doctoral en la Universidad de Navarra durante el curso 2025-26 participaron en el acto de investidura de doctores. De ellos, 18 pertenecen a la Facultad de Filosofía y Letras: Alejandro Martínez Berroterán, Wagner Augusto Moraes, Guillermo Celaya, Alfonso Aparicio, Nicolás de Navascués, Gloria del Carmen Balderas, Guillermo Navarro, Thomas Pillion, Rafael Pou, Carlos Piana, Juan Diego Molina, Manuel Zafra, Pau Monzón, Doménica Ariel Argenzio, Priscila S. Guerra, Martín Cuevas, Carmen Nagore y Danila Andreev.
Con este último hemos hablado para que nos cuente cómo ha sido su trayectoria vital, académica y profesional hasta llegar hasta aquí. Natural de San Petersburgo, y sin saber apenas unas palabras en castellano, llegó a Pamplona gracias al empeño de su madre y a la ayuda de la delegada de la Universidad en Rusia, Magdalena Gaete, en un momento en el que estudiar fuera de su país parecía poco probable por motivos económicos.
Desde entonces, ha compaginado estudios y trabajo —como profesor, traductor, intérprete o dibujante— mientras profundizaba en su vocación investigadora. Su tesis doctoral aborda la poética del tiempo y el futuro en la obra del poeta ruso Joseph Brodsky, uno de sus autores de referencia.
P. ¿Cómo conociste la Universidad de Navarra y cómo llegaste hasta aquí?
R. Mi madre conoció a la delegada de la Universidad en Rusia, Magdalena Gaete, a través de una amiga en común. Por aquel entonces, no me interesaba demasiado el estudio y, en vez de preocuparme por el futuro, pasaba mis propias “horas lectivas” en la biblioteca y en el Hermitage (la suerte de ser de San Petersburgo). Además, por nuestra situación económica, era poco probable que yo pudiera estudiar la carrera fuera de Rusia y mucho menos en una universidad privada. Pero Magdalena quiso conocerme y pensó que merecía la pena intentarlo. Y aquí estoy, graduado y doctor en Filología…
El empeño de mi madre y el trabajo de Magdalena son difíciles de valorar. Pero tampoco puedo obviar el enorme esfuerzo de la propia Universidad, tanto de los administrativos como de los profesores y alumnos: hay muchas personas sin las que no estaría aquí ahora.
P. Estudiaste Filología Hispánica, ¿sabías español antes de venir a España? ¿Cómo fue el proceso de adaptación y aprendizaje en el país?
R. Sabía algo de castellano. Cuando tenía quince años, con la herencia de mi abuelo, mis padres me mandaron a Madrid para estudiar español durante una semana. Allí vivían unos amigos y la herencia no daba para más que pagar el curso. Cuando volví a Rusia, estuve medio año estudiando una FP para ser guía de museos y escogí español como lengua extranjera. Pero nunca terminé de conectar con la profesora. Así que, cuando llegué aquí, solo sabía las conjugaciones y algunas palabras como “mesa”, “silla”, “jamón”, “cuenta, por favor”...
Lógicamente, muchos se sorprenden de que estudiara Filología Hispánica. La respuesta es que no me importaba qué filología estudiar: siempre me gustó la Lengua en general. Cada idioma es un organismo precioso y vivo. Se me daban bien las lenguas y ya en el colegio tenía claro que me quería dedicar a la lengua y la literatura; los detalles importaban menos. Lo ideal para mí, en aquel momento, era estudiar Filología Inglesa, pero no se ofrecía en la Universidad de Navarra.
El proceso de adaptación no fue muy fácil. No tanto por el idioma como por la cultura. Pero los españoles, según mi experiencia, tienen una gran virtud: son extremadamente acogedores y comprensivos. Y, si lo primero es más o menos habitual en otras culturas, me sorprendió mucho el empeño de la gente en comprenderme, en ponerse en mi sitio. Naturalmente, procuré corresponder a ello.
P. ¿Cómo ha sido tu trayectoria profesional desde que te graduaste?
R. Durante la carrera tuve que trabajar y hacía un poco de todo: clases particulares, ayudante en la biblioteca, traductor e intérprete. Al graduarme, primero trabajé un año con una beca PIE en la Universidad de Navarra, en el área de Desarrollo y Admisión de la Facultad de Filosofía y Letras. Después hice el Máster de Profesorado, centrándome en la enseñanza de lenguas. Mientras tanto, trabajaba dando clases de español como lengua extranjera y como dibujante (hice algunos retratos por encargo y llegué, incluso, a ilustrar un libro). Pero mi objetivo era hacer la tesis y habría sido imposible sin la beca ADA (Asociación de Amigos) que me concedieron. Cualquier agradecimiento por la confianza y la generosidad de los donantes y de la Facultad se queda corto.
P. ¿Por qué te decidiste a hacer la tesis?
R. En el último año de carrera, mientras hacía el TFG (Trabajo Fin de Grado), me di cuenta de lo mucho que me gustaba investigar. Bueno, en realidad, le puse nombre a algo que llevaba haciendo toda mi vida. Mientras estudiaba el grado, la “investigación” era solo una parte del aprendizaje; no la asociaba al itinerario profesional. Nota bene: no me gusta pensar en el estudio de letras como en una carrera “al uso”, que supone un itinerario claro, unos carriles como los que tienen otras carreras más “seguras”. De hecho, lo que más me gusta es precisamente la amplitud “humana” que uno adquiere estudiando letras. Pero, haciendo aquel TFG, me dije: “Aiba, ¡me podría dedicar a esto!”. Y desde entonces lo tenía cada vez más claro: vivir de leer, pensar y escribir, ¿qué puede ser mejor? También está el enseñar, claro, pero me parece que eso surge de modo natural, por puro deseo de compartir.
P. ¿Podrías contarnos brevemente de qué va tu tesis y por qué elegiste ese tema?
R. La tesis va sobre el futuro como categoría de sentido en la poética de Joseph Brodsky. Brodsky es uno de los poetas rusos más importantes del siglo pasado, famoso, sobre todo, por ser condenado al destierro y luego al exilio por el régimen comunista y porque fue premio Nobel en 1987. Pero, como poeta, su principal “aportación” a la cultura es su tratamiento poético del tiempo.
Ahora bien, la mayoría de los lectores de Brodsky (incluidos los investigadores) destacan en esta poética el pasado: la nostalgia por su tierra, el pasado como la única seguridad, etc. Se centran en la “poética emigrante”, en el exilio. A mí esta lectura siempre me parecía incompleta. Brodsky es uno de mis poetas favoritos y lo leo desde que era adolescente, y siempre me parecía lo contrario: que el futuro es su gran preocupación. El “éxodo” y la “poética del encuentro” tienen aquí el mismo peso y el futuro es su principal fuerza propulsora: de ahí que sea una “categoría de sentido”.
La tesis ha servido para averiguar si tenía razón o no, y creo que estoy en lo cierto. Y ¿por qué he vuelto al ruso después de haber estudiado Filología Hispánica? Supongo que quería aprovechar esta oportunidad para ampliar mis estudios: profundizar en mi filología rusa natal y tocar otros temas, aunque sea por encima, como la filosofía, los estudios dantescos, la poesía anglosajona, etc.
P. ¿Cuál es el mayor aprendizaje/acierto que te llevas de esta etapa como doctorando? ¿Y un error?
R. El mayor acierto es haber elegido a Gabriel Insausti como director. Sin duda. El mayor aprendizaje… En una tesis de letras se aprenden muchas cosas interesantes. Se podría responder algo como “sé que no sé nada” o “ahora me conozco mejor”, o “se trata de servir”; también me gusta saber que “he aceptado mis limitaciones”, pero para esto no hace falta hacer una tesis. ¿Soft skills? Supongo que planificar las tareas, dar clases, tratar con los alumnos: todo esto es útil, pero tampoco central (en el caso de mi tesis, al menos). Creo que he vuelto a aprender a leer. Sí, sobre todo es leer. Y el error es no haber leído más.
P. ¿Cuáles son tus planes de futuro?
R. Esto es fácil: leer y escribir. Seguir “investigando” y compartir el conocimiento, como profesor, como traductor o como editor.