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Ángel Rodríguez Luño: “La verdad moral no puede depender sólo de la cultura o la historia”

El catedrático emérito de la Pontificia Università della Santa Croce (Roma) impartió la conferencia del Día del Patrón de las Facultades de Teología y Eclesiástica de Filosofía de la Universidad de Navarra


FotoManuel Castells/El profesor Ángel Rodríguez Luño centró su conferencia en "La imagen de Dios en el hombre como principio fundamental de la investigación teológica".

06 | 02 | 2026

En el marco del Día del Patrón de las Facultades de Teología y Eclesiástica de Filosofía de la Universidad de Navarra, el profesor Ángel Rodríguez Luño, catedrático emérito de la Pontificia Università della Santa Croce (Roma), defendió que “la verdad moral no puede quedar a merced de las modas culturales ni de los cambios históricos”, y alertó del riesgo de un voluntarismo moderno que absolutiza la libertad desligándola de un fundamento real. Estas ideas articularon su conferencia “La imagen de Dios en el hombre como principio fundamental de la investigación teológica”, que reunió a más de 300 personas.

Rodríguez Luño explicó que la afirmación bíblica de que el ser humano ha sido creado “a imagen y semejanza de Dios” significa que cualidades como la inteligencia, la libertad, la justicia o la fidelidad no son simples construcciones sociales, sino reflejos imperfectos del ser divino. Asimismo, señaló que esta analogía permite acceder a verdades morales estables y comprender a Dios a partir de la realidad creada: “Sin esa imagen sería imposible hablar de una verdad que permanezca, más allá de las opiniones o de las circunstancias”.

El profesor recordó que esta concepción ha sido clave en la tradición cristiana, desde san Agustín hasta santo Tomás de Aquino, para quienes el conocimiento humano participa de la luz divina. Y afirmó que gracias a ello es posible reconocer principios de justicia, bien y verdad que no cambian con el paso de la historia.

 
Un momento de la conferencia del prof. Rodríguez Luño. Le acompañan en la mesa Gregorio Guitián y Santiago Collado, decanos de las Facultades de Teología y Eclesiástica de Filosofía respectivamente.

"Si dejamos un vacío, otras corrientes lo llenarán”

 En la segunda parte de su intervención, Rodríguez Luño analizó el efecto de diversas corrientes filosóficas modernas que han tendido a debilitar esta visión. Algunas de ellas, influyentes también en la teología contemporánea, presentan la libertad como una facultad absoluta capaz de decidir incluso su propia esencia. Ante este planteamiento, advirtió que, instituciones como el matrimonio, la familia o el sacerdocio pueden terminar interpretándose únicamente desde criterios de autonomía personal o sensibilidad cultural.

“Cuando la libertad se sitúa por encima de cualquier verdad objetiva, todo queda reducido a decisiones cambiantes”, subrayó. Según explicó, este enfoque dificulta hablar de una justicia natural o de una ley divina capaz de orientar la vida moral y jurídica de la Iglesia.

Frente a esta tendencia, defendió la importancia de integrar las aportaciones de la modernidad, como el reconocimiento de la subjetividad, sin perder de vista que la libertad necesita un fundamento en la verdad del ser humano. Y afirmó: “Si dejamos un vacío, otras corrientes lo llenarán”.

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