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La historia y el historiador según Juan de Palafox

“Las historias, Señor, más sirven para enseñar que para persuadir, porque en ellas llana, distinta y verdaderamente se refieren los sucesos, sin vestirlos de afectos ni ponderaciones, gobernándose el que escribe con indiferencia, entereza y verdad, sin declinar más a una parte que a otra; refiriendo lo cierto como cierto; lo verosímil como verosímil; lo dudoso como dudoso; y tal vez se acredita tratando con algún desapego las cosas propias, con que es más creído en las muy importantes. Esta es la causa porque dudo mucho que con esta forma de Tratado se puedan conseguir los efectos que se pretenden, y sería conveniente buscar otro medio, pues en pasando de historia a invectiva, acusando, o panegírico, alabando, se le ha de negar totalmente el crédito. Y sobre no creerse que utilidad considerable se puede conseguir, pudiendo resultar algunos inconvenientes por lo que se ha referido”.

Con este categórico párrafo, digno de figurar en manuales de metodología de la historia e historiografía, se expresaba don Juan de Palafox, entonces consejero de Indias, en un informe aún inédito, dirigido a Felipe IV y fechado el 12 de mayo de 1635. El original se guarda entre sus papeles (Archivo Infantado, Palafox, leg. 87, núm. 143). En él defiende para el historiador la objetividad, cierta indiferencia y, sobre todo, el apego a la verdad. Son cuestiones que expone con toda autoridad, rotundidad y clarividencia.

Con esos argumentos razonaba, respondiendo a una consulta que le había hecho Felipe IV. El rey le pedía opinión sobre un texto para publicar sobre los sucesos acaecidos, entre 1624 y 1635, en política europea, especialmente en relación con Francia y los territorios alemanes e italianos. Consciente de que lo que había escrito era fruto de largas reflexiones, pedía que se leyese a la letra. 

El contexto era el de una guerra en puertas con Francia, aliada con los intereses antiespañoles en Italia. Poco antes, Urbano VIII, deseoso de librarse de la hegemonía española en Italia, se apoyó en Richelieu para que las tropas francesas regresasen a suelo italiano. En 1632, el cardenal Borja había denunciado la deslealtad de Urbano VIII con la monarquía española, acusándole de servir a Francia y de connivencia con los herejes.


Folio del informe de 1635 con las consideraciones sobre la historia de Juan de Palafox

Centrándonos en las ideas de Palafox sobre el proyecto de edición del manifiesto, observamos cómo afloran sus sazonadas reflexiones, tras leer lo que habían redactado Alonso Guillén de la Carrera, polemista, embajador y profesor universitario; Francisco de Calatayud, poeta y hombre de confianza de Olivares y José de Nápoles. En resumen, afirma Palafox, con gran perspicacia, que no se debía de atacar directamente a la Santa Sede y a sus colaboradores más cercanos en su política poco favorable a los intereses españoles, pues podía ser contraproducente. Tanto si se daban a conocer ciertos hechos, como si se iba contra los responsables de los mismos, poco se podía ganar, a fortiori cuando había que nombrar a todo un conjunto de espías e informadores. Tras un madurado examen de los hechos, se muestra más partidario de informar a las embajadas para cortar de pleno las posibles aspiraciones al solio pontificio del cardenal G. F. Guidi di Bagno, antiguo nuncio en París que, por cierto, en la enfermedad de Urbano VIII de 1637, era una de las apuestas de Richelieu.

En su contestación al monarca le hacía ver su falta de idoneidad para redactar el memorial para editar, por ser sacerdote y tener que entrar en cuestiones en las que habría que hacer dura crítica a la política de la Santa Sede y de personajes como el mencionado cardenal di Bagno. Así argumenta su parecer: “sería más conveniente y decente para esto otra persona que se hallase sin las órdenes sagradas de sacerdote, cuyo ministerio es más a propósito para rogar a Dios por vuestra Majestad a los pies de el Altar y hacerlo propicio con oraciones y sacrificios, que para descubrir al mundo las culpas y delitos de los eclesiásticos, aunque sea con causa y justificación, y más teniendo vuestra Majestad en su monarquía sujetos de señalada erudición, elocuencia y doctrina, de ánimo menos encogido y corto y de superior talento y estilo, que hallarán medios cómo ajustar las dificultades y dudas que aquí se han propuesto, y con la audacia que será conveniente y muy necesaria, llegarán con la pluma defendiendo lo justo hasta la última línea de lo permitido. Vuestra Majestad mandará lo que más convenga”.

A los pocos días de firmar Palafox el documento, el conde-duque se mostraba partidario de publicar un texto dirigido a los príncipes europeos y al papa, así como unos manifiestos para distribuir por Francia.  Para ello designó, entre otros, al mismísimo Palafox. Los polemistas españoles defendieron la guerra como defensiva. El conde-duque veía la necesidad de la contienda, sin duda alguna. El 14 de junio de 1635 se dictaron los preparativos para la guerra, que Luis XIII ya había declarado en el mes de marzo.

Volviendo al principio y al párrafo dedicado a la historia, con que abríamos este texto, Palafox se muestra en sintonía con lo que, siglos atrás, había escrito Tácito, al reclamar al historiador asomarse al pasado “sine ira et studio”, sin animadversión, ni favoritismo. A Tácito debió llegar por medio de las obras de Séneca, bien conocidas por él y su generación a través del humanista flamenco Justo Lipsio, que introdujo el neoestoicismo entre un buen grupo de intelectuales del momento. Soledad Arredondo ha señalado, asimismo, algunos párrafos en las obras de Palafox en donde tacitismo y senequismo se aprecian, en conjunción, como en alusiones a la prudencia, la austeridad y el repudio de lujos y vicios aconsejados a los reyes, o la necesidad de defenderse con legítimos medios en la adversidad.


Folio final del informe de 1634 con la firma de Juan de Palafox

Para saber más

ARREDONDO, S., “Diálogo, diario, historia, juicio, dictamen: géneros y estilo en la prosa política de Juan de Palafox y Mendoza”, Revista Internacional d´Humanitats (2014), pp. 19-36
CANTARINO, E., “Justo Lipsio en España: Humanismo, Neoestoicismo y Tacitismo”, Hacia un inventario de la ciencia española. IV Jornadas de Hispanismo Filosófico, Santander, Asociación de Hispanismo Filosófico –Sociedad Menéndez Pelayo, 2000, pp. 77-84

ELLIOTT, J. H., El conde-duque de Olivares, Barcelona, Editorial Crítica, 1990

FERNÁNDEZ GRACIA, R., Los Dictámenes de Juan de Palafox. Con todos hablan en general y con cada uno en particular, New York, Instituto de Estudios Auriseculares, 2015

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