La escuela de la empatía
El manual es en realidad el fruto de múltiples lecciones de empatía y escucha proactiva. No obstante, el aprendizaje que Ana Elisa y María Fernanda obtuvieron de este entorno vulnerable y delicado exigió de ellas una capacidad de respuesta inmediata: asimilaron sobre la marcha el arte de hablar, entrevistar y formular las preguntas adecuadas, en el lugar idóneo y con la sensibilidad correcta. “Teníamos que quitarles tiempo, observar, preguntar, sin ser invasivas. Y además, detectar problemas para mejorar el departamento, cuando a nadie le gusta que le digan que algo no funciona bien”, reconoce Ana Elisa.
Quien les confió el trabajo fue Javier Antón, profesor de la Escuela de Arquitectura, y quien, en primer año, les impartió la asignatura Design Studio. Desde entonces, el docente ha seguido involucrado en diversos trabajos de las estudiantes, pero ya no dentro del aula, sino como asesor.
“Vivíamos prácticamente dentro del departamento. Teníamos batas, asistíamos a consultas y observábamos todo: espacios, recorridos, gestos, silencios”, recuerda María Fernanda, mientras con las manos enumera y reconstruye poco a poco su experiencia durante mes y medio, desde mayo hasta mediados de julio. Desde las nueve de la mañana, momento en el que entraban al hospital, se dedicaron a realizar shadowing; es decir, a convertirse en la sombra constante de los doctores en su día a día. De esta forma, fueron capaces de identificar varios problemas en los que ellas, con herramientas distintas a las agujas o los estetoscopios, podían trabajar. Estos hallazgos fueron categorizados en cuatro secciones distintas: espacial, humana, logística y técnica. En su mayoría, detectaron ámbitos de mejora en los apartados espaciales y logísticos. “En el trato con el paciente, apenas encontramos nada que hiciera falta cambiar. Los médicos trabajan de maravilla”, apunta Ana Elisa, abriendo el manual para mostrar los distintos esquemas dibujados y sintetizados.