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Naroa Goenaga en una de sus consultas nutricionales. Augusto Branchi lleva a cabo su seguimiento junto a Rodrigo Cuenca, otro estudiante del Diploma en Nutrición Deportiva, y la profesora Marisol García Unciti.
La nutrición deportiva no trata solo de calorías. Trata de estrategia, constancia y cuidado. De entender que el rendimiento empieza mucho antes de que suene el silbato inicial. Naroa Goenaga lo sabe bien. Estudiante de 3º de Marketing es jugadora de hockey sobre hielo (lleva patinando desde los 5 años) y entrena cuatro días a la semana. La exigencia física es alta y, con el tiempo, ha aprendido que lo que come influye directamente en cómo se siente sobre el hielo. "Me noto con más resistencia y recupero mejor después de cada entrenamiento. Sí que noto mucho la diferencia entre comer bien o mal", asegura.
Naroa forma parte del Programa Talento Deportivo de la Universidad. Este programa, en colaboración con las facultades y escuelas, brinda un apoyo integral al estudiante, orientándolo en su crecimiento profesional, académico, deportivo y personal, para que pueda compatibilizar de manera eficaz sus estudios con la práctica del deporte de competición. Ese acompañamiento incluye también un asesoramiento nutricional. Éste, bajo la supervisión de una profesora, lo llevan a cabo estudiantes del Diploma en Nutrición Deportiva.
Como Augusto Branchi. “Lo que me impulsó a cursar ese diploma fue entender cómo puede la alimentación mejorar el rendimiento deportivo”, explica. En su caso, esa teoría, además, cobra vida al trabajar con deportistas reales. "Al aplicar las metodologías que aprendemos en clase, se ve reflejado lo que vamos estudiando", dice.