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Comer para ganar

PROTAGONISTAS

24 | 02 | 2026

FotoManuel Castells

En el deporte, el rendimiento no solo depende de las horas de entrenamiento, sino también de lo que se sirve en la mesa. Pequeñas decisiones diarias sobre qué comer antes, durante y después de entrenar o competir, pautas de alimentación saludable y revisiones nutricionales son un miembro más del equipo para lograr la victoria.

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Naroa Goenaga en una de sus consultas nutricionales. Augusto Branchi lleva a cabo su seguimiento junto a Rodrigo Cuenca, otro estudiante del Diploma en Nutrición Deportiva, y la profesora Marisol García Unciti.

La nutrición deportiva no trata solo de calorías. Trata de estrategia, constancia y cuidado. De entender que el rendimiento empieza mucho antes de que suene el silbato inicial. Naroa Goenaga lo sabe bien. Estudiante de 3º de Marketing es jugadora de hockey sobre hielo (lleva patinando desde los 5 años) y entrena cuatro días a la semana. La exigencia física es alta y, con el tiempo, ha aprendido que lo que come influye directamente en cómo se siente sobre el hielo. "Me noto con más resistencia y recupero mejor después de cada entrenamiento. Sí que noto mucho la diferencia entre comer bien o mal", asegura.

Naroa forma parte del Programa Talento Deportivo de la Universidad. Este programa, en colaboración con las facultades y escuelas, brinda un apoyo integral al estudiante, orientándolo en su crecimiento profesional, académico, deportivo y personal, para que pueda compatibilizar de manera eficaz sus estudios con la práctica del deporte de competición. Ese acompañamiento incluye también un asesoramiento nutricional. Éste, bajo la supervisión de una profesora, lo llevan a cabo estudiantes del Diploma en Nutrición Deportiva.

Como Augusto Branchi. “Lo que me impulsó a cursar ese diploma fue entender cómo puede la alimentación mejorar el rendimiento deportivo”, explica. En su caso, esa teoría, además, cobra vida al trabajar con deportistas reales. "Al aplicar las metodologías que aprendemos en clase, se ve reflejado lo que vamos estudiando", dice.

"Me noto con más resistencia y recupero mejor después de cada entrenamiento. Sí que noto mucho la diferencia entre comer bien o mal"

Naroa Goenaga

Una consulta que va más allá de controlar el peso

El trabajo de Augusto con los deportistas del programa comienza con una consulta detallada. "Realizamos una serie de preguntas para conocer al deportista: sus hábitos de vida, los programas de entrenamiento, lo que suele comer y qué objetivo tiene", explica. A eso se suma un estudio de composición corporal. Con toda esa información, se elaboran unas pautas de alimentación personalizadas, tanto para los días de entrenamiento como de descanso deportivo. Las revisiones se hacen cada dos o tres meses, "para dejar un tiempo de adaptación", aunque el contacto no se limita a esas citas formales.

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En la consulta, además de conocer los hábitos de entrenamiento y alimentación del deportista, se le realiza un estudio de composición corporal.

Para diseñar esos planes, Augusto tiene en cuenta las cantidades y tipos de nutrientes, los alimentos con los que el deportista se siente más cómodo, los horarios de estudio y entrenamiento y cualquier patología, intolerancia o alergia que pueda presentar. Y subraya algo importante: "No existe un tipo de alimentación específica para que un deportista tenga un buen rendimiento. Cada persona es diferente y necesitará un plan de alimentación en base a sus propias necesidades" y todo ello, respaldado por evidencia científica.

"No existe un tipo de alimentación específica para que un deportista tenga un buen rendimiento. Cada persona es diferente y necesitará un plan de alimentación en base a sus necesidades"

Augusto Branchi

Se trata de cambiar hábitos. A eso se dirigen los consejos que recibe Naroa. “Antes llegaba cansada de entrenar y cenaba poco, o directamente no cenaba, por pereza”, confiesa. “Además, comía poca fruta porque no me "entraba" después de comer”. Ahora eso ha cambiado. "Es mejor llevar una disciplina con la comida, porque da mejores resultados a la hora de competir, en lugar de dejarlo y mal comer", reflexiona. Antes de cada entrenamiento, Naroa merienda fruta; y antes de las competiciones tiene un ritual claro: “Pasta en cantidad y, obligatoriamente, más de una pieza de fruta”.

Desde el punto de vista clínico, Augusto señala que uno de los principales indicadores de una mala nutrición no es el peso, sino cómo responde el cuerpo: lesiones frecuentes o sensación de fatiga durante la práctica deportiva son señales de alarma. "Los nutrientes que ingerimos son los que el cuerpo utiliza, tanto como energía para la actividad física como para la recuperación correcta de los sistemas afectados tras el esfuerzo".

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Augusto toma medidas a Naroa durante la consulta. Después, comenta con su compañero y la profesora las pautas de alimentación propuestas.

Derribando mitos

Otra cosa que Naroa tiene clara desde que cuida su alimentación es que es necesario desmontar uno de los mitos más extendidos: que hacer ejercicio permite comer cualquier cosa sin consecuencias. “El ejercicio no compensa una mala alimentación. La calidad de los nutrientes es fundamental para la recuperación, el rendimiento y la salud general”.

Augusto coincide en la importancia de no dejarse llevar por lo que se escucha sin respaldo profesional. En un entorno donde abundan consejos rápidos y soluciones milagro, el acompañamiento especializado marca la diferencia.

En definitiva, el rendimiento deportivo se construye tanto dentro del entrenamiento como fuera de él. Y muchas veces, la diferencia está en lo que hay encima de la mesa.