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García Ruiz
defiende las marcas como un factor que “distingue,
pero vincula”
El profesor
describió el
fenómeno de las comunidades
de marcas, que reúnen a seguidores
que comparten sus experiencias
luis
melgar,
10 de noviembre de 2006
La marca de coches Saab cuenta, sólo en Estados
Unidos, con 232 clubs de seguidores. Los usuarios
de Apple también se reúnen en cibercomunidades
para compartir sus anécdotas y trucos, incluso
los fanáticos de Harry Potter cuentan con
su propio club. Pablo García Ruiz, profesor
de la Universidad de Navarra, repasó el fenómeno
de las reuniones en torno a productos durante su
ponencia: “Más allá del consumo:
las comunidades de marca como experiencia de relación
social”, en la que destacó que estos
espacios “distinguen, pero vinculan” y
convierten a sus moradores en “coprotagonistas
de un estilo de vida”.
García Ruiz definió las
comunidades de marca como “grupos sociales
que comparten la lealtad a una marca”. Pero
este compromiso con un producto “no funciona
con todo”.
El profesor aclaró que
la marca debe reunir alguna condición que
permita a un grupo de personas que se impliquen: “Tiene
que dar de sí”. Aseguró que las
comunidades de marcas crean un “compromiso
no trivial entre gente normal”.
Los ejes que
conforman estas comunidades de marca, explicaba el
ponente, son: la conciencia de pertenencia, la narración de tradiciones y ritos que construyen
la identidad, y el sentido de responsabilidad, mediante
el que se crean relaciones recíprocas.
Estas reuniones en torno a
una marca conlleva unas consecuencias. Para el consumidor
es una fuente de información sobre el producto, que le permiten
iniciar y mantener vínculos sociales. Se convierten,
además, en un vínculo de reconocimiento
social, son expertos en un tema determinado, lo que,
como cara opuesta de la manera, también crea
un control social, ya que se conforman barreras de
salida y se restringe la libertad. Abandonar una
comunidad, no es sencillo.
Desde el punto de vista
de las empresas, surge un alto índice de recompra gracias a las comunidades
de marca, que también se convierten en un ámbito
privilegiado para la extensión de la marca,
mediante productos relacionados (llaveros, camisetas…).
Las reuniones de usuarios son “altavoz para
el significado atractivo de la marca”, además
de aportar a la empresa un cauce a través
del cual recibir información y sugerencias
producidas por el cliente.
Pero, como para el miembro
de una comunidad de marca, para la empresas existen
riesgos: que surja un enfrentamiento entre la dependencia
y la reciprocidad. A esto se suma la posibilidad
de que los el cliente se oponga al crecimiento excesivo,
a los “cambios ilegítimos” o,
en los casos más extremos, el usuario más
afín proteste, rechace la marca o intente llevar
a cabo un boicot. |