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“Los jóvenes
no hablan peor que sus padres, simplemente de otra
manera”
Emilio Echavarren,
profesor de Instituto y catedrático de Filología
Hispánica, ha analizado “el
lenguaje de los jóvenes" hoy en día
daniel
burgui, 9 de noviembre de 2006
Emilio Echavarren, profesor del instituto pamplonés
Plaza de la Cruz, en su ponencia titulada “El
lenguaje de los jóvenes”, ha defendido
la forma de hablar de la juventud
como una jerga que permite a los adolescentes por
un lado “diferenciarse de sus padres y del
mundo adulto, así como crear vínculos
de protección y cohesión entre sus
iguales”.
Echavarren ha hecho hincapié en
que los jóvenes de todas las generaciones
han hablado de diferente forma que sus padres: “Los
jóvenes no hablan peor que sus padres, simplemente
hablan de otra manera. Y lo utilizan como un elemento
más para diferenciarse como ropa o la música
que escuchan también es diferente a la que
escuchaban sus padres”, ha señalado.
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| Emilio
Echavarren. |
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El profesor
de Plaza de la Cruz, ex director del Ateneo Navarro
y catedrático de Literatura
Hispánica ha apuntado que “los adolescentes
son hijos de su tiempo y nuestros jóvenes
nacieron con la televisión encendida en el
cuatro de estar de sus casa” así en
el actual leguaje juvenil si que predominan muchos
gestos de gran plasticidad, o entonaciones muy expresivas
heredadas de una cultura televisiva.
Según
Echavarren el excesivo influjo de la televisión
también conlleva un riesgo: “Estos jóvenes
no han tenido la necesidad de leer para entretenerse
y tampoco hubo quien les contara cuentos.
Así,
en el mejor de los casos serán lectores de
vocación tardía”. Por eso, “al
igual que los órganos que no se usan se atrofian,
algo parecido ocurre con la lectura. Nuestros jóvenes
son expertos en imágenes, pero parcos en palabras”.
También criticó que los constantes
planes educativos, y en especial la LOGSE, han contribuido
a que la lectura sea menos necesaria.
Echavarren ha
asegurado también que
la percepción de que los jóvenes hablan
peor o estudian menos que sus predecesores es una
constante que se repite de generación en generación.
Así, ha confirmado que revisando las viejas
actas y legajos del Instituto Plaza de la Cruz se
descubre que los profesores de hace más de
un siglo también se quejaban de que sus alumnos
hablaban o escribían mal. Entre esos alumnos
de los que se quejaban los profesores, Echavarren
ha enumerado a Pío Baroja, Eugenio D’Ors,
Valentín Redin o Miguel Sánchez-Ostiz.
Así, ha relatado que un profesor de ese mismo
instituto le dijo literalmente a Baroja que nunca
llegaría a ser nada en la vida. “Por
alguna razón no escrita, los alumnos deben
mejorar cuando salen del instituto”, sentenció Echavarren.
No obstante, Echavarren aseguró que
los jóvenes
son inmunes a la insistencia de añadir arrobas
en el género de los sustantivos, o duplicar
términos, son reticentes a los políticos
de los “niños y las niñas o los
vascos y las vascas”. Hablan de una forma diferente
pero primando la sensatez y la economía lingüística. “Aunque
si que es cierto que los sms e Internet tienen un
influjo más preocupante que a veces se traslada otros
usos, abusando de abreviaturas, eliminando mayúsculas
o haciendo una ortografía fonológica”.
Los adolescentes se retratan
Para su conferencia
Echavaren pidió la colaboración
de sus alumnos de 2º de Bachiller de 16 y 17
años para que “se mirasen en el espejo
de su propio lenguaje y redactasen unas líneas
sobre ello”. Así, de los que escribieron
ellos sobre su propio lenguaje extrajo
estas características:
- El
invento de un nuevo pronombre de tratamiento: “tío”.
El tratamiento de cortesía “usted” hace
años que está a la deriva, pero al
pronombre tú le ha salido un claro competidor
con el nuevo pronombre “tío”,
usado exclusivamente entre iguales juveniles.
- Tienden
a truncar las palabras, a las tradicionales “cine”, “moto”, “foto” se
le han sumado las de ámbito escolar: “profe”, “seño”, “mate”,
y a estas se la ha añadido la popular y
exitosa “finde”. A fin de expresarlo,
un alumno Echevarren escribió: “Se
tienden a acortar las palabras el fin de semana,
se convierte en finde, quizás porque siempre
se queda corto”.
- La imaginación metafórica forma
parte consustancial del leguaje juvenil ejemplos
de ellos son: “estas flipao”, “qué puntazo”, “alucinante”, “qué rayada”, “cogerse
un rebote”.
- Preferencia por ciertos
sufijos y prefijos. El preferido es “súper” y
en los subfijos el que se lleva la palma es “-ata”.
Según un alumno del profesor Echavarren,
son característicos “cubata, fumata
o drogata, que proceden –según este
alumno- de la jerga de la delincuencia”.
- Uso de
exabruptos, palabrotas, tacos y demás
términos forman sin respeto entre las lindezas
que se piropean los jóvenes.
- Nuevo vocabulario
y nuevas costumbres surgidas de las nuevas tecnologías: “catear,
mandar un e-mail, contestar a un e-mail, estar
colgado de la red, bajarse una canción”.
- Del
contagio de los mensajes de móvil
y mensseger para escribir en el menor espacio la
mayor cantidad de palabras se acaban escribiendo
signos y símbolos ( @ + -)
- Decía un alumno de
Emilio Echavarren: “Qué
pensarían de nosotros Pío Baroja,
Cervantes o Lope de Vega. Sin duda estarían
escandalizados de cómo usamos el lenguaje,
pero quizá también sorprendidos de
lo que hacemos con él”.
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