3. Horror y pasión por el papel
Lleva once años en la empresa, donde doscientos trabajadores fabrican componentes para cajas de cambio de coches. “Empezamos –cuenta– haciendo la fundición y el mecanizado de cinco millones de horquillas, y ahora hacemos nueve millones. Empecé como secretaria del director comercial, pero trabajaba para todos los departamentos, hice muchas traducciones de manuales, folletos, instrucciones, cartas. Luego el departamento en el que más me impliqué fue el de Calidad, y eso me ha llevado a ser desde hace tres años la Coordinadora del Sistema de Gestión de Calidad, o sea el asunto de las normas ISO, que en el sector del automóvil son más raras, quiero decir con más requisitos”.
–¿Lo mejor de tu trabajo?, le pregunté.
–Los compañeros; los jefes y los demás. Maravillosos. Y que tengo un horario flexible. Y que me pagan muy bien (se ríe). Y la relación con los clientes, que son personalmente muy buenas.
–¿Y lo peor?
Se ríe, lo piensa rápido y responde:
–La cantidad de papel que se genera. ¡Y archivarlos! Informáticamente me defiendo bastante bien, pero el papel se me resiste. Gestionar un buen archivo es difícil.
Seguramente por leer mucho escribe muy bien, y enseña a escribir. Desde el 2000 es profesora de Técnicas de Comunicación Escrita, para la formación continua de profesionales en activo, en el Foro Europeo de formación profesional y empresarial de Pamplona, donde también da clases de Correspondencia Comercial a alumnas bachilleres en el programa de Grado Superior de Secretariado Internacional.
En el Foro Europeo lleva una tercera asignatura: Atención al Cliente. “En esto, el principal problema es el de la comunicación, las llamadas barreras de la comunicación”. “Ponme un ejemplo de barrera”, le pedí. “Pues mira… una vez tuvimos una visita de Renault, y entre la gente nueva que venía en el grupo había una ingeniera. Me dieron la relación de los nombres, para la reserva de hoteles, etc., pero no decían que esa señora era musulmana. Encargué una comida rápida, y todo fue a base de jamón, de cerdo. Menos mal que había un poco de queso y pudo comer algo. Esa es la barrera: omitir información, dar por supuesto que el otro sabe, no ponerse en su lugar y presumir que lo que yo tengo en la cabeza también lo tiene el otro”.
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