3. "Lo mejor que me pudo pasar"
En sus primeros tiempos de becario en la Facultad aprendió también, dice, “el gusto por el trabajo bien hecho, hagas lo que hagas”, por ejemplo preparar una clase o al terminar una sesión borrar la pizarra, dejar las cosas donde estaban, el último que apague la luz, etc. Y lo mismo en los asuntos de fondo, en los problemas serios de la vida, como los avances de la ciencia, en los que la clave está en el trabajo bien hecho, bien orientado y bien terminado.
“Una asignatura que me hizo reflexionar –añadía– fue la Bioética. Nos la daba Gonzalo Herranz, cuando entonces no se hablaba para nada de bioética. Él nos insistía en que, sea cual sea la postura moral de cada uno, hay que reflexionar. Ante tal problema, vamos a pensar. La ciencia ha de ir acompañada de la reflexión moral, porque la ciencia se encamina al bien general de la humanidad, al bien de las personas, y eso no se puede dejar a un lado. La formación debe ser integral… Después, cuando se ejerce una profesión, eso marca la diferencia: uno va muy especializado, limitado al área de su especialidad, y otro va más… humanista. El que tiene una formación integral es más completo y será mejor en su trabajo. Sigo pensando que interesa ser integrador en todo, y tomar lo bueno de cada lado”.
– ¿Qué encontró de bueno en sus trabajos?
– En la carrera, todo lo que aprendí. Luego, durante los cuatro años en los que trabajé preparando la tesis doctoral y dando clases de Genética encontré muchísimas cosas buenas. Por ejemplo, en el mes y medio que pasé en Edimburgo, aprendí técnicas que en Pamplona no teníamos, y aprendí que tenía que aprender inglés. Entonces en Pamplona fui a la Escuela de Idiomas de la Universidad, y fue muy bueno.
“Después fui a Suecia, gracias a las gestiones del doctor Barrio en el Karolinska, y aquello fue lo mejor que me pudo pasar. Estuve en el 88, 89 y 90 en estancias que sumaron siete meses, en el Departamento de Genética Clínica del Hospital Universitario de Lund. Todo fue excelente.
“Al volver, encontré también mucho de bueno cuando en la Facultad ayudé a María José Calasanz a montar el Laboratorio de Citogenética, que llevamos adelante y ahora es el laboratorio que da más dinero a la Universidad. Empezamos haciendo leucemias. En el “600” de María José íbamos a Bilbao, Vitoria, Logroño…, a todas partes, les hacíamos análisis gratis, desde los hospitales nos mandaban muestras.
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