Lauren Johnson 
MELE 2019

“Para enseñar una segunda lengua, tienes que vivirlo e invitar a tus estudiantes a vivirlo contigo” 

Nací en Arizona, EE.UU. De allí me viene un amor por los cactus, el calor y las puestas de sol vibrantes de naranja y morado. Jamás las he visto tan hermosos como en Arizona. Viví en México dos años y allí conocí a gente trabajadora y cercana que sabe disfrutar de la vida. Mi experiencia allá me ha enseñado que la cultura y la lengua van siempre unidas. Durante el tiempo que viví en Alabama me encontré entre personas con un ritmo de vida más tranquilo. Dedicaban tiempo a sentarse y disfrutar del mundo. De ellos aprendí que las personas siempre tienen prioridad sobre las cosas o los quehaceres.  Ahora vivo en España.  Aquí he visto que la tradición y la innovación pueden trabajar juntas para crear algo magnífico. 

Para mí, aprender una segunda lengua es aprender una segunda cultura. Es crear una parte nueva de ti, crear otra identidad. Michael Cole dijo que la cultura es la historia en presente. Al participar de una cultura estamos entrando en la historia de un país, en el pasado, presente y futuro de un pueblo.

Aprender otra lengua es aprender a ser humilde frente a las diferencias. Es dejar atrás hábitos, estereotipos y formas de pensar que no se encajen con tu nueva identidad dentro de la segunda lengua. Te permite descubrir tus limites y tomar la decisión de respetar algunas e ir más allá de otros. Es desarrollar respeto y cariño no solo para la nueva cultura y lengua sino también para tu primera cultura y lengua.

Aprender una segunda lengua es sorprendente, aterrador, fascinante y agobiante. Es algo que no te deja dormir y algo que te da los sueños más dulces. Es un viaje, un hogar, algo familiar y algo completamente nuevo.

La tarea de enseñar algo tan compleja, tan cambiante, tan viva como la lengua, es, obviamente, difícil. Es una tarea que aún no he dominado. Siento que la mejor manera de enseñar una segunda lengua como he descrito arriba es de forma sociocultural. Es decir, los estudiantes son profesores al mismo tiempo que aprenden. Por esta razón, centro mis clases alrededor de objetivos y actividades comunicativas.

Para enseñar una segunda lengua, tienes que vivirlo e invitar a tus estudiantes a vivirlo contigo. La manera de hacerlo puede ser más obvio cuando enseñas en un contexto de inmersión en la lengua.  Cada día los estudiantes tienen la oportunidad de hablar con personas nativas.  Sin embargo, se puede enseñar la lengua viva en todo lugar. Y no tiene que ver solo con decorar el salón como Madrid o Tenochtitlan. La vida de un país y una lengua no se encuentra en las calles de las ciudades más visitadas sino dentro de las vidas y corazones de las personas que lo usan para comprar el pan del día, para pedir que se arreglan el coche y para saludar a amigos y familiares.

Para enseñar eso no tienes que ir mucho más lejos que el libro de texto que tienes, una búsqueda en internet y los estudiantes mismos. Si conozcas a tus estudiantes, sus historias de aprendizaje con la lengua y sus metas futuras, puedes ajustar el enfoque de la clase para enseñarles lo que necesitan. Si es un grupo de niños inmigrantes de 8 años mayormente de México tal vez les enseñes a hablar con sus amigos y a escribir a sus abuelos en México.  Si es un grupo de estudiantes universitarias que vienen de intercambio o study abroad, puedes enseñarles cómo escribir un ensayo académico y también cómo pedir comida en un bar o restaurante. Lo más importante es que la lengua para ellos no sea estática. Hay formas de decir cosas en ciertas lenguas y países que te enseñan mucho de la cultura si tan solo miras. Para enseñar y aprender la lengua completa tienes que tener tanto cultura, o la vida cotidiana de la gente que lo usa en varios contextos, como la lengua, como se expresen.