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  • Expedición a la selva del Madidi (Bolivia) 2009

    Profesores de la UN atraviesan la selva del Madidi en Bolivia, tras las huellas del conquistador Recio de León

    Ignacio Arellano, Andrés Eichmann y Víctor García Ruiz, profesores del Grupo de Investigación Siglo de Oro (GRISO) de la UN han realizado durante el mes de julio una expedición a las selvas del Madidi, en Bolivia, acompañados por el explorador y montañero Alain Mesili, de La Paz, y Marcelo Arze, experto en problemas de conservación natural, reconstruyendo parte de las exploraciones del capitán Juan Recio de León, que fundó en el siglo XVII varias poblaciones en la región, y abrió caminos, hoy olvidados, en busca del mítico país que llamaban Paitite, y que es otra versión de la leyenda de El Dorado.

    El viaje se integra en un proyecto de investigación en marcha que consiste en la publicación de una crónica donde Recio de León cuenta sus viajes, aventuras y servicios hechos a los reyes Felipe III y Felipe IV. Para comprobar los lugares y las noticias de la crónica, fechada en 1623, han atravesado una parte de la zona que durante varios años fue escenario de los trabajos de Recio, quien da noticia de las distancias, ríos, climas, plantas y animales, y tribus pobladoras de estas provincias, con sus costumbres, ritos y creencias. Recoge noticias por ejemplo de una tribu de mujeres sin hombres que pelean en las guerras: son las antiguas Amazonas que los descubridores del Nuevo Mundo creyeron identificar en la región y riberas del río que luego tomó su nombre.

    Muchos de los datos que los escritos antiguos recogen son incompletos, y el proyecto del GRISO pretende completar la crónica del conquistador con una serie de detalles y notas que comparen la situación en el siglo XVII con la actual, añadan referencias geográficas y comprueben la pervivencia o el cambio de las poblaciones y lugares.

    En el camino hay numerosos ríos que vadear: el río Limón, el Hondo, el Eslabón, Piñalito, Uchupiamonas, hasta llegar al río Tuichi, muchas veces citado por Recio de León, río que se atraviesa hoy del mismo modo que en el XVII, en balsas de troncos livianos atados con lianas.

    El viaje de los investigadores del GRISO arrancó de la población de Chipulizani, nombrada por Recio de León como rica en minas de plata, después la expedición atravesó a pie, con la ayuda de seis porteadores, las cordilleras y ríos de la selva del Madidi, hasta la llegada a San José de Uchupiamonas, otro de los lugares mencionados en la crónica.

    Los investigadores tomaron datos de la localización exacta, alturas de las montañas, distancias entre los ríos etc., con la intención de añadir un mapa exacto, hasta ahora inexistente, de la región, y que acompañará a la publicación del texto de la crónica. Igualmente se añadirá un informe botánico a cargo de Gabriel Arellano, quien realiza su tesis doctoral precisamente sobre la vegetación del Madidi, una de la selvas más desconocidas y ricas en especies todavía sin catalogar. El Madidi es hoy una reserva protegida y buena parte de la selva mantiene el mismo aspecto que debió de presentar a las expediciones de Recio de León.

  • Expedición a la selva del Madidi (Bolivia) 2010

    Ignacio Arellano y Andrés Eichmann, profesores del Grupo de Investigación Siglo de Oro (GRISO) de la UN realizaron durante el mes de junio de 2010 una segunda expedición a las selvas del Madidi, en Bolivia. Al igual que el año anterior contaron con el apoyo de Alain Mesili, explorador y montañero, entre otros.

    Estos viajes se integran en el proyecto de investigación que consiste en la publicación de crónicas, entre las que figuran los escritos del capitán Juan Recio de León, quien cuenta sus aventuras y servicios hechos a los reyes Felipe III y Felipe IV. A estas se añaden otras fuentes de personajes célebres que también escribieron sobre la zona. Entre ellos, el mercedario Diego de Porres, que dejó abundantes escritos y es protagonista de una crónica de Tirso de Molina; Miguel Cabello de Balboa, reconocido autor de la Miscelánea Antártica; fray Bernardino de Cárdenas, que fue más tarde obispo del Paraguay y de Santa Cruz de la Sierra.

    Por otra parte, la zona fue escenario del paso de otros personajes de interés: antes de la llegada de Pizarro al Perú, tuvieron lugar las entradas militares de los incas Túpac Yupanqui y Huayna Cápac. Y desde muy temprano en el siglo XVI comienzan los intentos de penetración española, numerosos y casi siempre efímeros. Hace el «estreno» en 1538-1539 Pero Anzures de Camporredondo, en una jornada que Cieza de León califica de «la más lastimera e congojosa que se ha hecho en todas las Indias».

    También corrió mucha tinta sobre otros personajes cuyo destino estuvo ligado a este territorio: Diego Ramírez Carlos, un aspirante a monarca neo-inca; el jesuita Bernardo de Reus, de cuyo martirio a manos de los chunchos se ocupan los cronistas Antonio de la Calancha, Bernardo de Torres y Juan Eusebio Nieremberg. Fuera de ellos, se puede destacar la presencia de Pedro de la Egui Urquiza, hombre clave en muchas negociaciones que llevaron a cabo con gran habilidad diversas «naciones» indígenas de la zona durante la primera mitad del siglo XVII.

    El viaje de los investigadores del GRISO arrancó en el pueblo de Pelechuco. Desde allí ascendieron hasta un abra de la cordillera de Apolobamba (el Paso Sánchez) y bajaron hasta el poblado llamado Mojos, fundado en 1615 por Pedro de la Egui Urquiza. Este primer tramo duró cuatro días, y lo recorrieron acompañados de Ceferino Cusi Condori, quien con su familia dirigió la recua de 14 llamas que llevaban la mayor parte del equipaje.

    En Mojos rescataron un volumen manuscrito en el que constan los registros de sacramentos, entierros y sucesos variados, consignados por los misioneros desde 1792 hasta el primer tercio del siglo XX. Se lo fotografió íntegro, y gracias a ello se pudo entregar una digitalización al Archivo de La Paz, lugar donde se acopian numerosas fuentes para la historia de aquel sector del país. También fotografiaron piezas barrocas de calidad y gran interés: entre ellas una imagen de San Juan de Sahagún de excelente factura.

    Continuaron su camino durante otras cuatro jornadas, en zona no apta para las llamas, debido al calor, por lo que cargaron la impedimenta en dos mulas y un caballo. Llegaron hasta Virgen del Rosario, en la ribera del río Tuichi. Después de cruzarlo (en balsa) subieron hasta Pata, pueblo que fue fundado en 1680 con el nombre de San Juan de Buenavista.

    A continuación pasaron por el de Santa Cruz del Valle Ameno, que fundó Esteban de Aramburu en el año 1720. Finalmente arribaron a Apolo, pequeña ciudad norteña situada en lo que podría designarse la “puerta” del país de los chunchos.

  • Expedición a la selva del Madidi (Bolivia) 2011

    Ignacio Arellano y Andrés Eichmann, profesores del Grupo de Investigación Siglo de Oro (GRISO) de la UN realizaron durante el mes de julio de 2011 una nueva expedición a las selvas del Madidi, en Bolivia. En esta ocasión fueron acompañados por el camarógrafo Santiago González-Barros, alumno de F-COM y, como es habitual, por Alain Mesili (suyas son las fotos que se muestran en estas páginas).

    La zona, conocida como «el país de los chunchos», mantiene en buena proporción su carácter de terra ignota. Las mismas imágenes de Google Earth no corresponden a la realidad, dado que los ríos cambian de curso en cada época de lluvias. 

    Las expediciones llevadas a cabo desde el año 2009 responden a una necesidad de conocimiento directo para enriquecer el trabajo de edición y anotación de las crónicas del capitán Juan Recio de León (siglo XVII), junto con las de otros personajes célebres que también escribieron sobre el área. Entre las fuentes de interés se han incorporado textos de la orden franciscana, como la crónica de Diego de Mendoza: no solamente por la presencia de los franciscanos fray Gregorio de Bolívar o de Bernardino de Cárdenas (a principios del siglo XVII), sino porque esta orden es la que mantuvo misiones estables en todo el norte de La Paz desde el año 1680.

    El recorrido de este año incluyó sectores que fueron transitados por la mayoría de los exploradores, conquistadores y misioneros de los siglos XVI - XIX (parte sureste del trayecto) y abarcó otros que fueron escenario de apenas alguna incursión en el siglo XVI (Gómez de Tordoya, en 1568), y que reaparecen mucho más tarde, en fuentes franciscanas del siglo XVIII.

    Se partió de la ciudad de Rurrenabaque. Los investigadores del GRISO cruzaron el río Beni hasta San Buenaventura, y desde allí se trasladaron hasta Ixiamas. Este pueblo fue fundado por franciscanos de la provincia de San Antonio de los Charcas en 1721 con el nombre de San Antonio de Ixiamas. Hace poco más de un siglo era considerado un poblado muy precario, y se pensaba que en cualquier momento podía ser aniquilado por una invasión de los guarayos.

     

    Después de permanecer en Ixiamas el tiempo indispensable para aprovisionarse en vistas de un trayecto largo sin avituallamiento, se dirigieron a un punto prácticamente despoblado que lleva el nombre de Puerto Cerima, a orillas del río Madidi. Allí tuvo lugar el armado de la balsa sobre la que recorrieron un tramo considerable del río. A continuación siguieron en un «casco a motor» previamente contratado, con el que bajaron el resto del río Madidi y remontaron el Beni.

    En el curso del Madidi tuvieron ocasión de conocer el espacio en el que se desarrolló la misión franciscana de Santiago de Pacaguaras (a partir de 1796); también pasaron por la orilla de la antigua misión de Cavinas, fundada por fray Simón José de Sousa en 1785. Pudieron aprovechar para entrar en algunas comunidades que conservan gran parte de su patrimonio cultural. Entre los saberes que consignan fuentes escritas hace varios siglos, los hay que se mantienen en pleno vigor: es el caso del conocimiento de las cualidades medicinales de los bejucos y otros muchos vegetales. También recogieron relatos que forman parte de las riquezas intangibles de las comunidades.

    Puede decirse que falta poco para que el equipo se encuentre en condiciones de hacer hablar a las fuentes. Para ello tienen la intención de poner en diálogo escritos de diversas épocas. Muchas expresiones de crónicas de los siglos XVI y XVII se cargan de contenido si se las acompaña con observaciones de viajeros posteriores, como las del naturalista vienés Tadeus Haenke, quien recorrió a conciencia toda la región a fines del siglo XVIII, o las de otros exploradores de los siglos siguientes. El célebre Alcides d’Orbigny no quiso cerrar su famosa descripción de Bolivia sin transmitir la información que acopió sobre esta región, a pesar de no haber podido visitarla. Consideraba que, a pesar de ser «la menos conocida quizá de toda América, es sin embargo, por los accidentes de su superficie, por la riqueza de sus productos y por las costumbres de sus habitantes, una de las más notables y dignas de atención» (D’Orbigny [1839] 1944, t. III, p. 931).