Alumnos de Enfermería colaboran en diversas acciones de voluntariado para ayudar durante la crisis

 

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Anne Arbuniés descargando alimentos en una residencia en Los Arcos. Junto a ella está Claudia Osés, estudiante de 4º de Medicina. FOTO: Cedida
15/05/20 12:44 Elena Ojer

“Como estoy en 3º no podía trabajar en hospitales y residencias. Pero, aunque no fuese en primera línea como enfermera, quería buscar cualquier otra manera de ayudar”. Así es como recuerda Almudena Canales qué le animó a colaborar, dentro de sus posibilidades, en esta situación provocada por la pandemia. “A través del grupo de WhatsApp de clase y de mis amigos me llegaron muchos mensajes de hospitales que pedían cartas para los enfermos, para que se sientan acompañados y apoyados. Me pareció algo muy simple y fácil de hacer, y que podía ayudar mucho”, explica. Y desde entonces, escribe con regularidad cartas que remite a través de Tantaka o directamente a las direcciones de correo electrónico que han creado muchos hospitales.

“Hasta donde yo sé, somos siete compañeros escribiendo, pero seguro que hay más porque difundimos el mensaje por otros grupos de whatsapp, de nuestras familias y amigos. Hemos escrito a la Clínica San Carlos, al Hospital de Alcorcón, al 12 de Octubre, al Hospital La Paz, al Ramón y Cajal, a La Princesa, al Gregorio Marañón…”, cuenta.

Almudena también acudía a la DYA para ayudar en labores de desinfección o reparto de material sanitario, pero dado el volumen de voluntarios, está en lista de espera. “La verdad es que me encantaría estar haciendo algo más. Pero a la vez me alegra estar en lista de espera, porque eso significa que hay muchísima gente que quiere ayudar.Sé que ahora lo mejor que puedo hacer es quedarme en casa, seguir estudiando para algún día estar ahí con el resto de enfermeras y seguir escribiendo cartas, para que los pacientes se sientan apoyados”, concluye. 

Reparto de alimentos a quien más lo necesita

La que sí está colaborando con DYA Navarra es Anne Arbuniés, alumna de Enfermería. Ella ayuda allí como socorrista desde hace un año y colabora con ellos en otros servicios, como conciertos, carreras, eventos deportivos o educación RCP y DESA en colegios. Por eso, cuando se impuso el confinamiento, ella lo tuvo claro: “soy una persona muy activa y necesitaba sentirme útil. No podía estar todo el día en casa dedicándome únicamente a estudiar”.

Anne colabora en el servicio del Baco de Alimentos. “Lo que hacemos es acudir, de lunes a viernes, al Banco de Alimentos, donde se nos encarga transportar comida a aquellas personas que no pueden comprarla, y a asociaciones, residencias de ancianos o conventos”, explica. “No tenemos horario fijo. Depende de la cantidad de encargos previstos para cada día. Normalmente, empezamos a las 8h, y trabajamos hasta que terminamos de repartir el último encargo. Pueden ser las 14h o las 17h”.

“Produce una enorme felicidad ver las caras de agradecimiento de la gente cuando les ayudas. Sus mensajes de ánimo y apoyo, cada día, nos animan a seguir con nuestro trabajo. Esta experiencia me está enseñando que siempre hay una forma de ayudar, aunque no sea en el foco del problema y que todo tipo de ayuda es bien recibida.”, destaca.

Un pequeño granito de arena

También Leyre Larumbe, estudiante de 3º, está contenta por poder aportar su pequeño granito de arena en esta situación. “Vivo en Obanos y veía que en el pueblo la gente se estaba moviendo mucho para ayudar un poco: fumigando las calles, haciendo mascarillas, animando a la gente con música…”, explica. “El ayuntamiento pidió voluntarios, me apunté en una lista y cuando hay alguna necesidad con algún vecino contactan conmigo. Lo que yo hago es llevar la compra y bajar la basura a las personas que bien por la enfermedad o por tener más riesgo no pueden salir a la calle. Recibo un mensaje con lo que tengo que comprar, hago las compras y las llevo a su casa y al dejar la compra tiro la basura”. “Creo que no cuesta ayudar un poco”, afirma.

Pantallas protectoras y más cartas para pacientes

Pilar Gimeno, alumna de 1º, colaboró durante un tiempo en un voluntariado impulsado por la policía. “Iba dos veces por semana y estaba tres horas ayudando. Estábamos unos 40 voluntarios. Lo que hacíamos era fabricar pantallas de protección con el plástico duro (acetato), la visera de plástico y una goma. Lo hacíamos en cadena para que todo fuese más rápido. Cuando terminábamos, recogíamos todo, barríamos y fregábamos para que no se quedase nada sucio ni contaminado”, explica.

Sin embargo, cuando se acabó el material, se terminó ese voluntariado y Pilar tuvo que buscar otra forma de ayudar. Ahora lo hace a través de la iniciativa “Apadrina a un paciente”, que ha puesto en marcha la Clínica Universidad de Navarra. “Se trata de escribir cartas una vez a la semana, cada dos días… o cuando cada uno pueda, y enviarlas al correo heroes.covid@unav.es. La idea es dar ánimo, esperanza... en general, ayudar a hacer más ameno el tiempo que pasan los pacientes hospitalizados”, explica.

“La situación de confinamiento no es fácil. Aunque lo estoy llevando bien, hay veces que me cuesta más. Pero entonces pienso en todo el personal sanitario y las personas enfermas y veo que no me puedo quejar”, concluye.

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