"Tenía una vida cómoda pero el Señor me presionó mucho y terminé dejando mi vida en sus manos”

El sacerdote nicaragüense Rodolfo José López llegó a Pamplona para estudiar Derecho Canónico en la Universidad de Navarra

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Rodolfo José en los confesionario del Santuario de Lourdes. FOTO: Cedida
19/06/18 15:47 María M. Orbegozo

Hace 44 años, en Guadalajara (México), nació Rodolfo José López. Hijo de padres nicaragüenses, vivió su infancia en la ciudad de Managua, aunque por motivos políticos, en la década de 1980 se vieron obligados a emigrar a Florida (Estados Unidos), donde pasó su juventud. “Diez años después, cuando se reinstauró la Democracia, volvimos a Nicaragua”, explica. Rodolfo José había cumplido la mayoría de edad y comenzó sus estudios universitarios en la Universidad Católica Redemptoris Máter (UNICA): “Estudié Relaciones Internacionales, con una mención en Comercio Internacional. Al acabar la carrera, empecé a trabajar en el Ministerio de Relaciones Exteriores (Cancillería de Nicaragua), donde permanecí durante tres gobiernos”. Cuenta que, en ese tiempo, comenzó a escuchar la llamada de Dios al sacerdocio: “Sin embargo, yo me hacía el disimulado. Tenía una vida cómoda, un buen trabajo, iba a casarme con mi novia… Pero el Señor me presionó mucho y terminé dejando mi vida en sus manos”.

Finalmente, a los 29 años, ingresó en el seminario: “Soy lo que en mi país se conoce como vocación tardía. Aunque fue un impacto para mi familia, lo aceptaron y dieron gracias a Dios, porque para ellos el sacerdocio es una vocación muy bonita”. Rodolfo José tiene el firme convencimiento de que si las personas vivimos con generosidad, se producen grandes frutos. “Dios siempre multiplica los actos generosos que salen del corazón del hombre”, afirma. Y es que, cuando ingresó en el seminario, un compañero de trabajo de la Cancillería también lo hizo, guiado por su ejemplo, y otra de las empleadas tomó los hábitos y se hizo religiosa. “Hicimos un trabajo muy bonito de evangelización”, asegura.

En 2010, fue ordenado sacerdote y trabajó como formador en la diócesis. Su última asignación antes de venir a estudiar a España fue servir en la catedral de Managua. Un 15 de agosto, día de la Asunción, llegó a Pamplona convencido de que la oportunidad de estudiar en la Universidad de Navarra fue un regalo de la Virgen. Su Obispo le había pedido que estudiara Derecho Canónico y, aunque al principio le asustaba la idea, terminó “agarrándole el sabor” a la carrera, como él mismo cuenta: “Para quienes nos hemos formado en el ámbito de la Teología y no estamos acostumbrados al lenguaje jurídico, el estudio del Derecho Canónico resulta al principio un poco difícil, pero poco a poco te vas familiarizando con él. Además, te das cuenta de que es muy útil para ayudar a los Obispos en su gobierno. En mi país hay una gran carencia de sacerdotes bien preparados, pues solo hay dos licenciados en Derecho Canónico”. Asegura que la formación recibida en este tiempo ha sido “muy positiva, porque la Facultad de Derecho Canónico de la Universidad de Navarra es de las mejores que existen”. “Además, los profesores tienen mucha experiencia y no se limitan a leer un manual; eso puede hacerlo cualquiera. Son muy accesibles y tienen un gran deseo de transmitir sus conocimientos. Doy gracias a Dios por todo ello”, agrega.

Rodolfo José vive en una residencia “donde el ambiente es muy familiar y muy bonito porque, al ser más pequeña que un colegio mayor, se propicia la vida comunitaria”, explica. Sus compañeros están siendo su principal apoyo en un momento complicado para su país: desde hace unas semanas, Nicaragua vive una crisis nacional en la que los conflictos se suceden cada día. La Iglesia también está recibiendo numerosos ataques y en unos días, Rodolfo José debe volver: “Estamos atravesando momentos muy duros, por eso, aunque iba a continuar mis estudios en la Universidad, mi Obispo me ha pedido que regrese a mi país, porque la situación no está bien y necesitan ayuda”. Como el futuro es incierto, está esperando a recibir su título universitario. Después, “me pondré a disposición de mi Obispo y de la diócesis y haré lo que Dios mande”, explica.

Tal y como asegura, la oportunidad de haber estudiado en Pamplona ha sido “muy valiosa”, por eso quiere agradecer “de corazón” la ayuda prestada por sus benefactores: “Su apertura y generosidad en amor a Cristo está siendo de gran beneficio para la iglesia y Dios se lo recompensará siempre. Aunque Él puede hacer todo sin necesidad de nosotros, quiere que participemos con pequeños actos de generosidad salidos del corazón. Estas personas que nos ayudan con nuestra formación se han anotado un punto en el Cielo”.

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