Nicolás Álvarez de las Asturias: “La formación permanente en el sacerdocio permite reavivar el carisma recibido”

El catedrático de Historia del Derecho y director de la biblioteca de la Universidad de San Dámaso imparte en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra la conferencia sobre la “consagración y misión en torno a la naturaleza y espiritualidad del sacerdote secular”

08/03/21 10:02 María Acebal
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Nicolás Álvarez de las Asturias (ECL'92), es catedrático de Historia del Derecho y director de la Biblioteca de la Universidad de San Dámaso. FOTO: María Acebal

“La formación permanente del clero no persigue un progreso en el saber teológico, sino que permite reavivar el carisma recibido”, así lo expresó Nicolás Álvarez de las Asturias (ECL'92), catedrático de Historia del Derecho y director de la Biblioteca de la Universidad de San Dámaso, en la conferencia impartida el lunes 1 de marzo sobre el tema “Consagración y misión. En torno a la naturaleza y espiritualidad del sacerdote secular”. 

 

El mejor modo de conseguir que la formación permanente ayude a reavivar el carisma es “profundizando en la vocación de ser sacerdote, con una mayor conciencia de la vocación recibida y de la misión en la Iglesia”, añadió el catedrático. Una vocación en la que son igualmente importantes la consagración y la misión del sacerdote: “Si una de las dos cae, con ello cae también la teología del sacerdocio”, explicó. 

 

Explicó que en la historia de la teología del sacerdocio se pueden identificar tres momentos sucesivos: el primero viene dado por Santo Tomás de Aquino que explica que la misión principal del sacerdote en la Iglesia es la celebración de la Eucaristía. La Iglesia y el ministerio sacerdotal están, por tanto, íntimamente unidos. El segundo momento lo encontramos en el Concilio Vaticano II, y permite al sacerdote entender su vocación de manera plena: “Dios te permite a través de las tareas que te confía realizar cosas verdaderamente maravillosas al servicio de la Iglesia”, explica Álvarez de las Asturias. Por último, San Juan Pablo II explica, en el tercer momento, el sacerdocio como un ser con presencia sacramental de Cristo, siendo “como una transparencia suya”. “No consiste en el hacer del sacerdote, sino en la profunda transformación que la consagración ejerce en la misma vida del sacerdote”, añadió.

 

A su vez, el catedrático expuso que, para tener una noción más correcta del don recibido, lo anterior se puede complementar con tres nociones auxiliares, que ayudan a evitar errores prácticos: ser cooperadores del orden episcopal con el vínculo de obediencia canónica y jerárquica con el obispo; vivir al servicio del sacerdocio común; y ejercer el sacerdocio ministerial sirviendo a los dones jerárquicos y carismáticos que existe en la Iglesia, y beneficiándose él mismo de ellos. 

 

En cuanto a la espiritualidad propia del sacerdote, el profesor Álvarez de las Asturias explicó que “la vida espiritual del sacerdote es el principal lugar donde uno hace suya la vocación del sacerdocio y empieza a vivir de verdad la gracia recibida”. La propia vida espiritual se puede ver como un lugar para reavivar el sacerdocio y llegar a ser el sacerdote que Cristo y la Iglesia necesitan.

 
 
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