Aitziber Lopez de Arancibia, ingeniera aeronáutica y profesora de Tecnun-Universidad de Navarra

Las misiones lunares y la cuestión del presupuesto

24/07/19 Publicado en Expansión

Reproducimos el artículo de opinión escrito por la profesora de Tecnun, Aitziber López, y publicado en Expansión el 20 de julio, con motivo del 50 aniversario de la llegada del hombre a la luna.

En la madrugada del 21 de julio de 1969 (todavía era el día anterior en Estados Unidos) Neil Armstrong y Edwin Aldrin cumplían el sueño de caminar sobre la superficie lunar, mientras Mike Collins, el tercer miembro de la tripulación del Apolo 11, esperaba su regreso en el módulo de mando. La tecnología del momento, que algunos han calificado de precaria, permitió no sólo culminar con éxito esta hazaña sino que pudiera ser emitida en directo por televisión. Para muchos, este gran hito del que conmemoramos el 50 aniversario es el primer recuerdo que tienen de un evento importante visto a través de la pequeña pantalla. Ese primer paseo duró algo más de dos horas. En ese tiempo los astronautas recogieron alrededor de 20 kilos de piedras lunares y muestras de suelo, con la ventaja de que cualquier objeto en la Luna pesa seis veces menos que en la Tierra. 

Además de llevarse esas irrefutables pruebas de su visita espacial, también dejaron diversos objetos. Por un lado la controvertida bandera y algunos otros detalles de valor sentimental. Por otro lado instalaron aparatos científicos como un sismógrafo y un reflector láser que, desde entonces, permite conocer la distancia exacta entre la Tierra y su satélite. Como curiosidad, en varias misiones posteriores los astronautas utilizaron vehículos todoterreno, o rovers, para desplazarse. A la hora de volver a casa no parecía lógico cargar con el rover de nuevo, de modo que allí quedaron, estacionados, sin riesgo de ser multados, a pesar de que la última visita del hombre a la Luna fue en 1972.

¿Por qué se interrumpieron las misiones lunares? Es una cuestión de presupuesto. La guerra fría llevó a Estados Unidos y a la Unión Soviética a inversiones desorbitadas en sus programas espaciales. Pero hoy en día, con los avances en telecomunicaciones y en robótica, lo más sensato es enviar a la Luna robots que se controlan desde Tierra y con los que la comunicación tiene apenas unos segundos de retraso. Y no sólo a la Luna, varios robots han llegado con éxito a Marte. Actualmente, el Curiosity opera desde 2012 en el Planeta Rojo, enviando información a la Tierra. Para valorar la dificultad adicional de llevar hombres a Marte basta fijarse en la gran distancia que nos separa. La distancia de la Tierra a la Luna equivale a unas 30 veces el diámetro de la Tierra. En cambio, la menor distancia entre nuestro planeta y Marte viene a ser de más de 4000 veces el diámetro terrestre. Comparado con los 8 días en los que el Apolo 11 completó su misión de ida y vuelta a la Luna, el viaje a Marte podría tomar entre 50 y 300 días, dependiendo de las posiciones relativas de ambos planetas en sus órbitas alrededor del Sol.

El hombre llegó a la Luna con una tecnología muy básica, pero que había sido probada en anteriores viajes no tripulados. El primer reto consistía en conseguir la propulsión suficiente para escapar de la gravedad terrestre. Estados Unidos diseñó el Saturno V, un cohete que constaba de 3 etapas de combustible líquido, con una altura total equivalente a un edificio de 35 plantas. Después del lanzamiento, las etapas de combustión se consumían sucesivamente y se iban desprendiendo gracias a pequeños detonadores explosivos. Finalmente quedaron sólo el módulo de mando y el módulo de alunizaje, que es el que llevaría a sus dos pasajeros hasta el suelo lunar.

Otro reto fue simplificar las operaciones para el cálculo de las trayectorias y limitar el uso de memoria para podérselas arreglar con un ordenador de a bordo cuya capacidad estaba muy por debajo de la de cualquier móvil de hace diez años. La reducida capacidad computacional se hizo patente en el momento del alunizaje. El ordenador les estaba dirigiendo a una zona no apta para el contacto y Armstrong optó por pasar a un control manual para completar el descenso. Cuando finalmente se posaron sobre la Luna apenas quedaba combustible para otros 15 segundos. Fue un momento muy crítico para la misión en el que Armstrong, que había sido piloto de guerra, tuvo que tomar una rápida decisión que resultó ser acertada.

De todos modos, a pesar de que el presupuesto para volver a la Luna se estima que pueda superar los cien mil millones de dólares, el presidente Trump ha urgido a la NASA a que lleve a cabo nuevas misiones tripuladas. El programa Artemisa pretende establecer allí una colonia permanente con el objetivo de estudiar en un escenario más real los retos que suponen una expedición a Marte. Si todo sigue el plan previsto, sólo tendremos que esperar tres años para ver un vuelo tripulado que se acercará hasta nuestro satélite aunque sin llegar a alunizar. Según la programación, sería en 2024 cuando dos astronautas realizarían el sueño que hasta ahora sólo una docena de astronautas estadounidenses ha podido ver cumplido.

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