Cuatro virtudes que ayudan a evitar el acoso escolar

El 2 de mayo es el Día Internacional contra el Acoso Escolar. En esta fecha, numerosos organismos tratan de concienciar a la sociedad sobre este problema que atormenta a dos de cada diez alumnos, según un estudio elaborado por la UNESCO en 2017, Ending the Torment: Tackling bullying from the schoolyard to cyberspace. En total se calcula que lo sufren cerca de 250 millones de niños y adolescentes en todo el mundo.

Aunque no tiene fácil solución, en los últimos tiempos se están haciendo importantes avances para sensibilizar sobre él y combatirlo: campañas, protocolos en colegios, sesiones de orientación para padres y alumnos, publicaciones…

Muchos agentes coinciden en que la principal herramienta para frenarlo es la educación, especialmente la formación en valores. A continuación se proponen cuatro virtudes que podrían ayudar a prevenir actitudes de acoso entre los jóvenes:

 

 

JUSTICIA

Ser justo significa tratar a las otras personas como se merecen, sin discriminaciones. Eso implica reconocer que el otro puede ser diferente pero tiene los mismos derechos que uno, por lo que hay que respetarlo tal y como es: su opinión, su forma de ser, su apariencia, su modo de comportarse... El joven que actúa con justicia reconoce a los demás como iguales y, por tanto, no les trata como no le gustaría que le hicieran a él. Si tiene diferencias con algún compañero, sabe resolverlas con el diálogo y la inteligencia, y evita la crueldad y los actos de venganza.

 

 

 

COMPASIÓN

Tener compasión implica, en primer lugar, hacerse cargo de las necesidades que puedan tener los compañeros, ya sea con las tareas de clase, con una situación delicada, con una dificultad física… Los niños y jóvenes compasivos detectan el sufrimiento de los otros, les escuchan y analizan qué pueden hacer para remediarlo, sin esperar una recompensa a cambio. Tienen buenos pensamientos hacia los demás y en ningún caso convierten un problema ajeno en motivo de burla.

 

TEMPLANZA

Esta virtud ayuda a gestionar adecuadamente los impulsos y emociones, tanto negativas como positivas. En ocasiones, los niños y adolescentes se sienten enojados y/o frustrados ante comportamientos o actitudes de sus compañeros. El autodominio hace que, en lugar de estallar en un ataque de ira, se tranquilicen y piensen una solución constructiva que no resulte dañina para el otro. Para esta virtud es importante el autoconocimiento: sirve para anticiparse a las reacciones que uno puede tener ante determinadas personas o situaciones, en lugar de dejarse llevar ciegamente por aquellas.

 

 

 

HUMILDAD

 

Nadie es perfecto y tú tampoco: esta es una de las principales lecciones que podemos enseñarles para evitar que menosprecien a los demás. La modestia es un buen antídoto contra la vanidad, pues la persona que la desarrolla es consciente de sus fortalezas y también de sus limitaciones. No necesita burlarse del otro ni atormentarle para aparentar lo que no es o esconder sus propias debilidades. No se siente mejor a costa de infligir daño a compañeros más vulnerables, pues es consciente de que él mismo, como aquellos, tiene un largo camino de mejora por delante.