1 de octubre de 2014

Ciclo de conferencias

V CENTENARIO DE SANTA TERESA: ARTE, PATRIMONIO
Y ESPIRITUALIDAD EN TORNO A SANTA TERESA

Santa Teresa y la vida religiosa femenina

P. Ildefonso Moriones Zubillaga. O.C.D

 

Teresa de Ahumada entró de postulante en la Encarnación de Ávila con 20 años en 1535, tomó el hábito a los 21 y profesó a los 22. Tras 27 años de camino, desde la altura de sus 47, volviendo la vista atrás, comprende que podía haber llegado antes a la cima en que se encuentra si le hubieran enseñado otros senderos que ella tuvo que descubrir a fuerza de coscorrones, por decirlo de alguna manera (y gracias sobre todo al Espíritu Santo que le hizo de Maestro), y decide poner su experiencia al servicio de los demás. Este es el punto de partida más seguro y más objetivo históricamente para comprender el aspecto de la vida de santa Teresa de Jesús como Fundadora.

Apenas Teresa inició sus fundaciones la acusaron de introducir “novedades”: “Dicen es Orden nueva e invenciones. Lean nuestra primera regla, que sólo es la que guardamos sin mitigación…” El padre Gracián replicaba en defensa de la Santa que “no eran novedades sino olvidadas verdades” lo que ella estaba introduciendo.

Entre estas “olvidadas verdades” que la Santa recordó en su tiempo, y que sigue recordando todavía hoy, podemos destacar las siguientes: 1. Su obra nace basándose en las personas y al servicio de las personas. Obtiene dispensa de Roma para poder admitir candidatas sin dote: “Contentas con la persona -dice la Santa - no se deje de recibir, aunque no tenga limosna que dar a la casa”. 2. Organiza la jornada centrada en la oración: “En teniendo una oración no quiere otra cosa si no estas casas a manera de decir” y crea un ambiente de santa libertad y de “gran contento y alegría” que atrae nuevas vocaciones, como dice María de San José: “A este tiempo me llamó el Señor a la religión, viendo y tratando a nuestra Madre y a sus compañeras, las cuales movían a las piedras con su admirable vida y conversación. Y lo que me hizo ir tras de ellas, fue la suavidad y gran discreción de nuestra buena Madre”. 3. Reivindica la libertad de sus monjas en la admisión de nuevas candidatas y en el autogobierno de sus conventos, tanto en el aspecto material (nada de vicarios) como en el aspecto espiritual (libertad de confesores). 4. Simplifica la vida comunitaria “No han menester estas casas más cargas de ceremonias”. 5. Se comporta como una verdadera fundadora, erigiendo personalmente los nuevos conventos y visitando los ya erigidos: “Porque como voy por los monasterios que el Señor ha sido servido de fundar estos años […] me habré de detener algún día en ellos. Será lo menos que yo pudiere […] aunque en cosa tan bien ordenada y ya hecha no tendré yo más de mirar, y alabar a nuestro señor”.

Para la conservación y transmisión fiel del estilo de vida religiosa por ella introducido dejó unas Constituciones (que no necesitaron ningún retoque para estar al día con el Vaticano II) y unos libros llenos de sabiduría que le hicieron merecer el título de Doctora de la Iglesia.