29 de febrero de 2012

Ciclo de conferencias

PAMPLONA Y SAN SATURNINO

Los ecos festivos en la prensa navarra

D. José Javier Azanza López.
Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro

 

El contenido de esta intervención se centra en el primer tercio del siglo XX, período en el cual se concreta la presencia de la festividad de San Saturnino tanto en la prensa diaria –El Eco de NavarraLa Tradición NavarraEl Pensamiento Navarro, y Diario de Navarra-, como en las revistas ilustradas de aparición quincenal o mensual, caso de La Avalancha.

En el caso de la prensa diaria navarra, debemos significar que la fiesta de San Saturnino asume con el paso del tiempo un mayor protagonismo informativo, al pasar de una breve “gacetilla” camuflada entre el resto de noticias en las páginas interiores, a convertirse ya en los años veinte en el principal titular de portada, acompañado de abundante material gráfico captado por los fotógrafos Roldán y Galle. Un acontecimiento resulta clave en esta evolución, como es el hecho de que en 1920, la festividad se hiciera coincidir con la colocación de la primera piedra del nuevo Ensanche de Pamplona, circunstancia que propició que la portada de los periódicos diese noticia por extenso, tanto de la función religiosa, como de la posterior ceremonia de colocación de la primera piedra.


Portada de Diario de Navarra, 30-11-1927

Portada de Diario de Navarra, 30-11-1927


Una vez conocido este progresivo protagonismo informativo, debemos detenernos en su contenido, que recoge tanto los actos oficiales programados por las instituciones, como las diversiones que acompañaban al día festivo.

El acto central lo constituía la función religiosa que, organizada por el Ayuntamiento, se celebraba en la parroquia de San Saturnino. A las diez menos cuarto, la corporación municipal, precedida de maceros, clarines y timbales, acudía a la Catedral para recoger al cabildo, y dirigirse a la iglesia de San Saturnino, desde donde partía la procesión pública con la imagen del santo. Abrían la marcha la cruz parroquial y la bandera de la ciudad, y formaban parte de la misma los cabildos y comunidades religiosas, los colegiales del Seminario Conciliar, los asilados en la Casa de Misericordia, y el Ayuntamiento presidido por el alcalde, al que acompañaba ocasionalmente el gobernador civil; cerraba la comitiva la banda de música del Regimiento de la Constitución –a partir de 1920 lo hará La Pamplonesa, creada un año antes-, escoltada por un piquete militar.

El primitivo itinerario acordado en 1626, que comprendía las calles Mayor, Taconera, San Antón, Zapatería, Calceteros, Chapitela, Mercaderes, Plaza de la Fruta y San Saturnino-, será modificado a partir de 1916, al acortar por la calle Eslava, plaza de San Francisco y calle San Miguel. Mas con independencia del recorrido, se mantienen como constantes la gran afluencia de público, y la presencia de colgaduras que engalanaban las fachadas de las casas. En caso de lluvia se suspendía la procesión, limitándose a recorrer las naves interiores del templo. 

Concluida la procesión, cabildo catedral y Ayuntamiento ocupaban sus sitiales a derecha e izquierda del altar mayor, y daba principio la misa oficiada de Pontifical por el obispo de la diócesis. De la parte musical se encargaba la capilla de la Catedral, que interpretaba las misas de Eslava o Perosi, en tanto que el sermón era pronunciado por elocuentes oradores sagrados; no olvidan las crónicas periodísticas reseñar su identidad y detallar el contenido de su homilía. 

En torno a las doce y media finalizaba el acto, tras lo cual el Ayuntamiento acompañaba procesionalmente al cabildo catedral a su iglesia, para retornar a continuación a la Casa Consistorial. En el salón de recepciones de esta última tenía lugar al mediodía otro de los actos oficiales, el banquete que reunía a la corporación municipal y al que con frecuencia se sumaba el gobernador civil, en el que los comensales daban cuenta de un suculento menú servido por renombrados restaurantes como Casa Marceliano, el Grand Hotel, el Maisonnave, la sociedad de los señores Matossi y Cía (dueños del Café Suizo), o el Hotel Quintana. 

Como día festivo que era, Pamplona presentaba una gran animación, y existía una amplia oferta de diversiones y entretenimientos, para todos los públicos y para todos los bolsillos. Entre los actos más concurridos se encontraban los paseos. Siempre que no lloviese, tanto los jardines de la Taconera como los alrededores de la ciudad se abarrotaban de pamploneses que aprovechaban las horas centrales del día para disfrutar de un paseo al aire libre. También resultaban multitudinarios los conciertos musicales celebrados en la Plaza de la Constitución los días 28 y 29 de noviembre, tanto al mediodía como al caer la tarde. En ambas fechas se corría además un zezenzusko o toro de fuego.

No faltaban tampoco las competiciones deportivas, en especial los partidos de pelota que, a beneficio de la Casa de Misericordia, acogía el frontón Euskal Jai de la calle San Agustín. Los enfrentamientos entre navarros y guipuzcoanos despertaban el interés de pamploneses y donostiarras. Se celebraban también partidos de fútbol, disputados primero en los campos del Punching, Ensanche e Hipódromo, y más tarde en San Juan. Asimismo, los teatros y cines de la ciudad programaban funciones especiales, que resultaban muy concurridas, dado que en muchas ocasiones el tiempo no acompañaba y la asistencia al teatro o al cine era una buena solución para pasar la tarde festiva.


Portada de La Avalancha, 24-11-1926

Portada de La Avalancha, 24-11-1926
 

Junto a la prensa diaria, otras publicaciones aludían a la festividad de San Saturnino, caso de la revista quincenal ilustrada La Avalancha. En este caso, el contenido es muy diferente al de los periódicos del día, por cuanto su finalidad no era informar de los actos programados o ya celebrados. En ella se incluyen contribuciones de naturaleza teológico-doctrinal.

Así, no falta un editorial de la Redacción que por norma general refleja tres ideas básicas: la alegría por la festividad (“No es buen cristiano ni buen pamplonés el que no se regocija en el día del Patrón”, leemos en 1913); la gratitud al santo (“Agradezcamos en su próxima fiesta al glorioso San Saturnino el habernos sacado de la degradación del paganismo” señala el editorial de 1930); y la solicitud de su auxilio y protección (“Que San Saturnino guarde a su amado pueblo pamplonés, y le defienda de toda clase de enemigos”, solicita el de 1912).

Recogen asimismo las páginas de La Avalancha estudios históricos, textos religioso-morales, fragmentos de los sermones predicados años atrás, y composiciones poéticas en honor al santo, firmadas por autores como Máximo Ortabe y Baldomero Barón. Las anteriores contribuciones se acompañan de instantáneas tomadas por una importante nómina de fotógrafos aficionados y profesionales, entre los que citamos a Fermín Istúriz, Julio Huici, Aquilino García Deán, Julio Cía, Roldán y Agustín Zaragüeta. Se trata de fotografías que tan sólo excepcionalmente ilustran la función religiosa, deteniéndose por el contrario en aspectos artísticos del templo de San Saturnino, como su pórtico, portada y torres, el retablo mayor, o la imagen y reliquias del santo. También encontramos en ocasiones fotografías relacionadas con otros edificio relacionados igualmente con la figura de San saturnino, caso de la parroquia de San Saturnino de Artajona, o de San Saturnino de Toulouse.