6 de abril de 2011

Curso 

LA CATEDRAL DE PAMPLONA. UNA MIRADA DESDE EL SIGLO XXI

Las dependencias de la vida comunitaria desde el siglo XII a la actualidad: uso y función

D. Javier Martínez de Aguirre.
Universidad Complutense de Madrid

 

El conjunto catedralicio pamplonés constituye uno de los más destacados en su género por la riqueza y variedad de dependencias canonicales construidas o reformadas durante la Edad Media y siglos posteriores. El hecho de que la vida regular se implantara a finales del siglo XI (por iniciativa del obispo reformador Pedro de Roda) y perdurara hasta el siglo XIX ha tenido como consecuencia que en la actualidad conservemos en estado suficientemente representativo los espacios dedicados a residencia (dormitorios, refectorios), reunión (salas capitulares, consistorio) y oración (iglesia catedralicia, capillas), en torno a uno de los claustros más destacados del Gótico Radiante a nivel europeo. La utilización del plural para hablar de las dependencias tiene su razón de ser en el hecho de que, a lo largo de los más de nueve siglos de uso, los canónigos las han ido trasladando dentro del conjunto edificado, de tal forma que un mismo espacio ha podido ser utilizado con más de un uso. El final de la vida regular y la conveniencia de incorporar nuevas funciones ha llevado a que esta compleja trayectoria todavía esté viva, puesto que en los siglos XIX y XX se realizaron adaptaciones a nuevos destinos y todavía ahora, en los inicios del XXI, se plantean intervenciones. 

La historia debe iniciarse con la construcción de la canónica primitiva, posteriormente denominada cillería, en los últimos años del siglo XI. Era un edificio dividido en dos niveles y con más que probables separaciones en vertical, en la actualidad destinado a sala de orfebrería del Museo Diocesano. El desaparecido claustro románico de la primera mitad del siglo XII contó con sala capitular y refectorio propios, cuya materialidad desconocemos. En la segunda mitad del XII fue edificado un gran palacio episcopal románico, con planta en forma de ele, que disponía de un gran salón y un ala destinada a residencia, además de un pórtico y galería de madera. En 1273 el palacio románico fue donado por el obispo Armingot a los canónigos, lo que permitió la posterior adecuación de la antigua gran sala a dormitorio y de parte de las dependencias privadas a sala capitular (cámara nueva o de los miradores, a partir de la remodelación de los vanos que han sido descubiertos muy recientemente). Para esas fechas, los canónigos también contaban con una enfermería, cuyos muros han sido identificados últimamente bajo la sacristía de los canónigos. En torno a 1300 y durante las primeras décadas del siglo XIV fue edificado el nuevo claustro gótico, con su nuevo refectorio, cocina y anejos, y un monumental espacio inicialmente pensado para sala capitular pero que quedó finalmente como consistorio (tribunal de justicia) y ámbito funerario del obispo Barbazán (de ahí su nombre actual de capilla Barbazana). La humedad del dormitorio determinó su transformación a comienzos del siglo XV por don Lancelot, vicario de la diócesis, quien encargó la construcción de arcos de piedra transversales pensados para soportar el forjado de un dormitorio nuevo, que por eso suele calificarse de "dormitorio alto". En tiempos contó con celdas de madera que facilitaban la intimidad de los canónigos. En el siglo XVI se produjeron cambios importantes de uso en los espacios ya construidos, que afectaron a la sala capitular y al refectorio, y fue modificado el espacio ubicado al Este del dormitorio (luego llamado sala de Cortes por alojar las de Navarra). Pero desde el punto de vista arquitectónico tuvieron más trascendencia las modificaciones del siglo XVIII: nueva sala capitular y nueva biblioteca con sus logias orientales, cuya subestructura invadió el edificio torreado gótico anejo al refectorio. Las transformaciones de uso de los siglos XIX y XX, con el acondicionamiento de nuevas capillas (refectorio gótico, Barbazana), la construcción frustrada de una nueva sala capitular y el acondicionamiento de espacios para el Museo Diocesano -entre otros cambios que no es posible detallar en este resumen- vinieron a transformar una vez más las antiguas edificaciones medievales, cuya relevancia histórica deberá ser potenciada en las intervenciones que en la actualidad se contemplan.
 

Vista de conjunto desde la torre de la fachada catedralicia

Vista de conjunto desde la torre de la fachada catedralicia

Dormitorio alto en su estado actual

Dormitorio alto en su estado actual