28 de septiembre de 2013

Conferencia

 

La imagen de San Miguel en el Arte navarro

D. Ricardo Fernández Gracia
Cátedra de Patrimonio y Arte navarro

 

Historia y devoción en torno al Príncipe de las jerarquías angélicas
San Miguel es el más popular de los arcángeles y el que posee una personalidad más definida. Se le asocia con un caballero, un archiestratega, el condestable de las milicias celestiales (prínceps militiae angelorum), por haber combatido contra los ángeles rebeldes y, a la vez, por haber salvado a la Mujer del Apocalipsis que acaba de parir, símbolo de la Virgen y de la Iglesia, combatiendo con el dragón de siete cabezas. La Iglesia católica siempre lo ha considerado como defensor especial (custos Ecclesiae romanae)

Su culto, como protector del pueblo hebreo se documenta en Asia Menor en el siglo III, desde donde llegó al sur de Italia y a Roma en el siglo V. La famosa aparición en el Monte Gargano en el año 492, tan representada en la pintura gótica y renacentista, fue un hecho notable en la difusión de su culto que se extendió con fuerza desde el siglo VIII, especialmente en monasterios erigidos en las cumbres. Como príncipe de la milicia celestial se convirtió en el protector por antonomasia de diversos reinos, invocándolo en varios de ellos con motivo de la reconquista. La protección contra el mal y el enemigo estuvo, tradicionalmente, ligada a este arcángel victorioso frente al maligno que, en forma de demonio o monstruo, suele tener a sus pies en la mayor parte de sus representaciones.

El culto a San Miguel en Navarra hunde sus raíces en la Alta Edad Media, en sintonía con lo que ocurrió en todo Occidente. El reino de Pamplona lo tuvo por especial protector, tal y como parece desprenderse de algunas representaciones figurativas junto a la familia real. Las huestes de los ejércitos de los monarcas pamploneses y navarros lo tuvieron por especial protector. El obispo de Pamplona Miguel Pérez de Legaria (1287-1304) mandó celebrar su fiesta con solemnidad y octava. En el siglo XIV los monarcas de la casa de Evreux, a imagen de la casa real francesa, le profesaron especiales cultos, como recuerda Roldán Jimeno. Con la Reforma Católica, tras el Concilio de Trento, su culto adquirió un nuevo carácter, ya que su triunfo sobre Lucifer se asoció con el triunfo de la Iglesia católica frente a los protestantes, representados como un enorme dragón. 

En pleno siglo XVII el cronista y analista de Navarra, el Padre Moret se refería a San Miguel así: “La nación de los navarros fue en todos los siglos tan devota del glorioso Arcángel, desde el principio de la restauración de España, en que de padres a hijos se ha ido heredando la memoria de haber experimentado muy singular patrocinio suyo en las guerras contra los infieles, y lo tiene tan reconocido por valedor en el muy antiguo y soberbio templo de San Miguel de Excelsis en la cumbre altísima del monte Aralar, donde parece quiso colocar, como en atalaya eminente por centinela, que velase la salud pública del reino, y en honrarse sus naturales frecuentísimamente con su segundo nombre”. Poco antes de que escribiese esto, en 1642, otro religioso, fray Gabriel de la Anunciación, animaba al Ayuntamiento de Pamplona a sumarse a otras instituciones y pedir el patronato de San Miguel para los reinos hispanos, mediante votos de pueblos y ciudades. Esta idea partió de un navarro, cuyo nombre no se indica, por lo que la primera petición en tal sentido llegó a la capital navarra.


San Miguel. Retablo mayor de la parroquia de Santa María de Los Arcos

San Miguel
Retablo mayor de la parroquia de Santa María de Los Arcos 

 

Titular de parroquias, santuarios y ermitas
En Navarra las parroquias dedicadas al arcángel suman, según Caro Baroja, cuarenta y seis, por lo que sólo es superado por la Asunción, San Martín, San Pedro y San Esteban. El número de ermitas que tiene San Miguel bajo su advocación lo sitúa Fernando Pérez Ollo en torno a 130, siendo el que más tiene de los santos en Navarra, ya que le siguen San Juan que no llega al ciento, y San Martín y San Pedro casi con setenta. Respecto a las cofradías dedicadas, Silanes recoge las de Lizarraga Ergoyena, Araiz, Marcaláin, Yanci, Cascante, Arguedas, Fitero, Buñuel, Cortes, Falces, Iracheta, Bézquiz, Esténoz, Aranarache, Viana, Bargota, Erául, Izalzu, Mezquíriz, Iroz, Lerga y Eslava.
No deja de ser significativa la dedicación de algunos templos singulares a San Miguel, en lugares estratégicos y de frontera, como los santuarios de San Miguel in excelsis e Izaga, o las parroquias de Corella, Cortes y Cárcar. Fábricas desde la época altomedieval hasta nuestros días conforman un rico patrimonio arquitectónico con el referente de San Miguel.


Retablo mayor de Oteiza de la Solana, con San Miguel como titular

Retablo mayor de Oteiza de la Solana, con San Miguel como titular
 

Iconografía: algunos ejemplos destacados
En la mayor parte de sus representaciones aparece con atuendo de guerrero con la lanza o espada triunfante sobre Lucifer, representado cual dragón, pese a que como arcángel psicopompo. También se le representará conduciendo las almas y pesándolas en el juicio (psicostasis), apareciendo en muchos de los cuadros de las Ánimas del Purgatorio.

En el Códice de Albelda (976), el monje Vigilano colocó su imagen con las de Cristo y María, para insistir en su protección sobre el reino pamplonés y la familia real. Al último tercio del siglo X pertenecen los relieves de la ermita de Villatuerta, cuyas imágenes, según Soledad Silva “trascienden la concreta circunstancia de una campaña guerrera para convertirse en metáfora de poder de la monarquía pamplonesa”.

De las artes del periodo románico hay que destacar el excepcional conjunto de la portada de la parroquia de San Miguel de Estella. En su versión de guerrero aparece en capiteles de Estella, Leire, San Pedro de Olite, Puente la Reina…, etc. y pesando las almas en Estella, Sangüesa y Larumbe.

De la época gótica destacaremos por su relevancia un relieve de la puerta del Juicio de la catedral de Tudela y la tabla central del retablo de Barillas, del tercer cuarto del siglo XV, realizada a expensas de Carlos Pasquier de Agorreta, señor de Barillas, que se retrata como donante, junto con su esposa.


San Miguel con los Señores de Barillas como donantes. Retablo mayor de Barillas

San Miguel con los Señores de Barillas como donantes
Retablo mayor de Barillas

 

A la primera mitad del siglo XVI corresponden destacadas esculturas de estilo expresivista de la catedral de Tudela, Oteiza de la Solana, Corella, Ujué y Eguiarreta. No faltan algunos retablos pintados con escenas de su historia, como el de la parroquia de Cía (c. 1565), obra de Ramón Oscáriz. De bellísima factura es la tabla del tríptico de la Visitación procedente de Olite y conservado en el Museo de Navarra y también debe mencionarse las tablas de Juan del Bosque (Burlada, hoy Museo de Navarra) y Juan de Bustamante (Cizur). A fines de aquella centuria se datan otras tallas romanistas y las pinturas manieristas salidas de la mano del pintor Juan de Landa, destacando entre todas ellas el soberbio ejemplar de la parroquia de Cáseda.


San Miguel. Museo de Navarra

San Miguel
Museo de Navarra 

 

Los siglos del Barroco dejaron ricos ejemplos en pintura y escultura, así como retablos de ricas escenografías. Lienzos de Vicente Berdusán y esculturas, frecuentemente procesionales y dieciochescas, con sus alas desplegadas y muy teatrales. Entre todas ellas destacan por su valor formal las de la parroquia de Corella, el castillo de Javier, el retablo mayor de Cárcar, la reja de la capilla de Santa Ana de Tudela, el retablo mayor de Iturmendi o el retablo de San Fermín en la girola de la catedral de Pamplona. Todas ellas nos remiten a modelos derivados de las pinturas de Luca Giordano o tallas napolitanas y de La Roldana que se divulgaron rápidamente mediante estampas. Por lo general, visten airoso faldellín y manto volado de rico plegado, armadura y casco. La espada o la lanza suelen rematar en cruz y mantienen al demonio encadenado.