2 de marzo de 2011

Curso 

LA CATEDRAL DE PAMPLONA. UNA MIRADA DESDE EL SIGLO XXI

La Catedral y las Instituciones del Reino

D. Juan José Martinena.
A.C. de la Real Academia de la Historia

 

Durante siglos, la Catedral de Pamplona fue el núcleo y el alma de la vida de la ciudad y del Reino. En sus naves góticas se celebraron las juras de los reyes y príncipes de las Casas de Austria y de Borbón. Resonó vibrante el Te Deum en las visitas reales y el terrible Dies Irae en las exequias. En la sala de la Preciosa, en el magnífico claustro, se reunieron en otro tiempo las Cortes y la Diputación. 

El acto más solemne de los que se celebraban en la catedral era el del juramento del príncipe heredero de guardar y hacer guardar los fueros de Navarra, al que seguía el de las Cortes, prometiéndole fidelidad y obediencia “como a Rey y señor natural, heredero y legítimo sucesor deste Reyno”. El tablado para esta ceremonia se instalaba ocupando el tramo comprendido desde el crucero hasta la capilla de San Gregorio, junto a la puerta del claustro. En 1592 asistió en persona Felipe II y Felipe IV en 1646. 

La Diputación del Reino, previa solicitud al cabildo, ocupó la sala de la Preciosa con un local anejo para el archivo, desde 1594 hasta 1818. Allí se venían celebrando desde tiempos atrás las sesiones de las Cortes siempre que éstas se reunían en Pamplona y desde la fecha indicada pasaron a tener lugar en ella también las de la Diputación, que eran mucho más frecuentes y requerían una oficina permanente para la secretaría.

Por ello no deja de sorprender que de las funciones de iglesia que antiguamente celebraba el reino, y a las que asistía la Diputación con su séquito de maceros, clarines y timbales, sólo una, la de los Desagravios, establecida en 1709, tuviera lugar en la catedral. El resto, desde la aprobación por las Cortes del patronato de San Francisco Javier en 1624, se celebraban en la iglesia de los jesuitas en la calle Compañía. Tras la expulsión de los religiosos decretada por Carlos III en 1767, pasaron a celebrarse en la parroquia de San Saturnino, entonces la más importante de las cuatro de la ciudad.

Tanto los obispos como el cabildo, que mantuvo la regla de San Agustín hasta 1860, debían relacionarse necesariamente con las distintas instituciones del Reino: el virrey, el Real Consejo, las Cortes y la Diputación. Entre los siglos XVI y XIX hubo momentos en que las autoridades civiles chocaron, en alguna ocasión muy seriamente, con las eclesiásticas, incluso dentro de la propia iglesia. Eran tiempos en los que los honores y preeminencias, defendidos a veces hasta extremos que hoy nos pueden parecer inverosímiles, daban lugar a múltiples y continuos conflictos. 

Las relaciones con el virrey, correctas y respetuosas por lo general, vivieron algunos incidentes, casi siempre por asuntos de protocolo. Uno de los más graves tuvo lugar en 1636, cuando por no haber incensado al virrey marqués de Valparaíso en una celebración de pontifical, se le impuso al obispo una multa de mil ducados, a la que éste respondió excomulgando al virrey, al regente y a varios magistrados del Real Consejo y la Real Corte. El conflicto alcanzó tal magnitud que hubo de intervenir el propio Felipe IV. En el siglo XVIII volvieron los problemas con el famoso pleito del dosel.

Con el Real Consejo hubo también más de un encuentro, casi siempre por cuestiones de colisión de competencias con los tribunales eclesiásticos, sobre todo por la inmunidad de las iglesias en las que se refugiaban delincuentes perseguidos por la justicia. Pero también por cuestiones de protocolo. En 1829, fecha ya un poco tardía para este tipo de asuntos, hubo un serio incidente al negarse el cabildo a que el regente, que se hallaba en funciones de virrey, ocupase el sitial y reclinatorio de honor en el funeral de la reina María Amalia de Sajonia, esposa de Fernando VII. El tribunal impuso al subprior mil libras de multa por el desacato, advirtiendo que serían cinco mil si al día siguiente no estaba el sillón en su lugar. El cabildo cedió, pero recurrió al rey, quien desaprobó la actuación del Consejo y le ordenó la devolución de la multa. 
 

Alzamiento del Rey. Grabado 1686

Puerta Preciosa del Claustro de la Catedral de Pamplona. Villaamil

Maceros y rey de armas

Maceros y rey de armas