Palacios Pamploneses del Siglo XVIII

Palacio episcopal de Pamplona

Aunque Sancho “el Fuerte” cedió a la mitra pamplonesa el Palacio Real de Pamplona en 1198, revirtió en la corona en 1255. Desde entonces hubo numerosos enfrentamientos y permutas entre ambas partes para determinar la propiedad del inmueble. Con la anexión de Navarra a la corona castellana, los virreyes instalaron allí su residencia. Por su parte los obispos desde el siglo XVI instalaron su residencia en la casa del Condestable de Navarra en la calle Mayor, en condición de inquilinos. No obstante, llegado el siglo XVIII, a causa de las incomodidades y de su lejanía respecto a la catedral, así como también de la bula romana expedida por Benedicto XIII, se emprendió la construcción del actual palacio. Se reunieron el obispo, Melchor Ángel Gutiérrez Vallejo con los representantes del cabildo de la catedral y del clero de Navarra para firmar una concordia que permitiera la obtención de fondos para la nueva construcción. De este modo, en 1734 de daba inicio a las obras, que finalizaron bajo el arzobispado de don Ignacio Añoa y Busto, quien años después ostentaría la mitra de Zaragoza. La puerta principal, circundada por orejetas y coronada por San Fermín obispo, presenta en su dintel tres elementos propios de quienes allí habitaban: mitra, báculo y sombrero episcopal borlado, sustentado por ángeles.

 

 


Palacio arzobispal

  • Bibliografía

    ANDUEZA UNANUA, Pilar, La arquitectura señorial de Pamplona en el siglo XVIII. Familias, urbanismo y ciudad, Pamplona, Gobierno de Navarra, 2004.