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Sala Capitular

Si de la iglesia pasamos al claustro, merece la pena comenzar la visita de las dependencias monásticas por la Sala Capitular. La encontramos tras el tramo de la antigua sacristía y el armarium. Tras la iglesia, esta es la estancia más importante de las dependencias de un monasterio del Císter. Allí se reunían diariamente los monjes en comunidad.

En fachada muestra cinco arcos iguales, el central como portada de ingreso y los laterales como ventanas. Cada hueco, de profundo derrame, se organiza mediante doble arco en degradación sobre agrupaciones de cinco (ventanas) y siete columnillas exentas (puerta). En muy llamativa la falta de cohesión de estos vanos con los soportes mensulares del claustro, bastante más tardíos. Como veremos también en el interior, los capiteles son muy simplificados y esquemáticos, y las basas con garras y arquillos enlazan con las de la nave de la iglesia.

Su planta rectangular se divide en nueve tramos, de los que los seis más orientales son cuadrados, y los tres restantes, junto al muro claustral, rectangulares. Esta peculiaridad se repite en las salas capitulares de Scala Dei en Gascuña, Veruela en Aragón y Sacramenia en Segovia. En consecuencia, el interior se organiza en nueve tramos que apean sobre ocho columnas adosadas al muro perimetral y cuatro más en el centro. Los arcos cruzados de las nueve bóvedas muestras secciones cilíndricas de acomodo un tanto irregular. Realmente estamos contemplando bóvedas de arista románicas, reforzadas por arcos cruzados. Otra vez los capiteles reproducen los modelos de las ventanas.

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Sala Capitular

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