16 de diciembre de 2008

Ciclo de conferencias

LA NAVIDAD EN LAS ARTES

Fiestas y ritos de la Navidad en catedrales y monasterios navarros

D. Ricardo Fernández Gracia.
Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro

 

Dentro del patrimonio inmaterial de la Navidad destacan una serie de ritos y costumbres que en los grandes templos y en los monasterios de clausura tenían lugar a lo largo del periodo litúrgico de la Navidad, de modo especial en torno a la Navidad, Inocentes y Reyes. La liturgia y las costumbres de aquellos días nunca olvidaban la enseñanza y la catequesis en torno al misterio de la Navidad, conmoviendo y provocando los afectos, siempre más vulnerables que el intelecto. 
La catedral de Pamplona celebraba con especial solemnidad los Maitines de Navidad en la noche del día 24 con villancicos interpretados por los miembros de la capilla, con voces e instrumentos, adorno especial del altar mayor y del templo en general. La noche tenía cierto riesgo de alborotos, tanto por el abuso de bebidas alcohólicas como por la presencia de elementos que aprovechaban el evento para mostrar sus particulares protestas. La fiesta de Navidad tenía desde la Edad Media en la seo pamplonesa categoría “excelentísima”, equivalente a las festividades que más tarde se denominarían dobles de primera clase y con ceremonial de seis capas, con el mismo rango que la Pascua de Resurrección, Pentecostés y la Asunción de la Virgen, titular del templo catedralicio.

La noche poseía otras connotaciones más populares en los monasterios de franciscanos. En Tudela los propios religiosos realizaban una procesión alrededor del templo portando al Niño Jesús para colocarlo en la citada cueva o portal que se encontraba dispuesta y preparada al lado del altar mayor, cobijando a San José y la Virgen. En Olite la corporación municipal, con traje de golilla acudía a la Misa del Gallo en los Franciscanos y, terminada ésta, de lo alto de la cúpula se hacía descender mediante una tramoya una especie de alcachofa que se abría, dejando ver al Niño Jesús en su cuna, ante cuya imagen danzaban los pastores de la localidad.

En día de Inocentes los infantes de la catedral de Pamplona o la entonces colegiata de Tudela eran los verdaderos protagonistas. Como es sabido aquellos jóvenes cantores vivían colegiados y en su capillita celebraban sus propias funciones y novenarios, para cuyo efecto componían a su modo y con sus conocimientos, gozos, canciones y motetes. Al igual que en otras catedrales españolas, la fiesta de Inocentes constituía, por excelencia, el día de aquella pequeña comunidad de niños, que conocemos por documentación decimonónica cuando se intenta por todos los medios suprimir lo que quedaba de las denominadas fiestas denominadas “del mundo al revés”.


Miniatura del Nacimiento

Miniatura del Nacimiento. Breviario de la Catedral de Pamplona. 1332


Los monasterios de clausura femeninos han conservado, hasta época reciente, unos usos y costumbres seculares que la sociedad ya había perdido hace mucho tiempo. La desconocida vida de las clausuras se nos revela como acervo de espiritualidad y rica vivencia durante los ciclos del año litúrgico, que constituyen un todo coherente, donde aún se pueden rastrear características de la piedad de épocas pasadas. Seculares costumbres de la época navideña tenían su complemento en la instalación del belén, que no permanecía de modo igual, mientras estaba instalado, ya que sus figuras cobraban protagonismo y vida, según la fiesta a celebrar. A los pastores les recibía Dios hecho niño en el pesebre, sobre las humildes pajas, pero a los Reyes, como Rey de Reyes, en el regazo de su Madre, como “Sedes Sapientiae”, o sentado en un pequeño sillón. 

La fiesta de Reyes en la catedral de Pamplona era de las denominadas “Principales”, entre las que se incluían también la Ascensión, Trinidad, Corpus, San Juan Bautista, Purificación, Anunciación, Dedicación de la catedral, Santos Pedro y Pablo, la Corona de Cristo, Santiago, San Agustín, Natividad de la Virgen, San Miguel, San Fermín, Todos los Santos y San Martín.

Dos peculiares costumbres se daban cita en el primer templo diocesano. La primera aún pervive con ligeras modificaciones: la adoración de la reliquia de los Reyes Magos y la procesión estacional en el claustro ante las imágenes de los Magos labradas a comienzos del siglo XIV por Jacques Perut. La segunda se suprimió en 1899 y consistía en el montaje de un túmulo delante de el altar mayor, en recuerdo de los Reyes de Navarra, precisamente en el lugar en el que estuvo la lápida sepulcral que hoy se encuentra a la salida del claustro sobre el muro, que ha sido identificada con la de doña Blanca, hija de Carlos III y fallecida en Olite en 1376 o a la princesa doña Magdalena, madre y tutora de Francisco Febo. Más allá de la identificación del personaje real de la tumba y si ésta es la que hoy se encuentra en la puerta del sobreclaustro, lo verdaderamente importante es la constatación de que en la capilla mayor había al menos una sepultura pétrea de la casa real Navarra, lo cual abre caminos e hipótesis en relación con la monarquía y el primer templo diocesano. En 1899 el cabildo acordó no continuar con aquella práctica secular, con la protesta airada del canónigo e historiador don Mariano Arigita que dejó escrito: “Yo reclamé en nombre de la historia, pero no se me hizo caso”.


Infantes en el claustro del monasterio de Fitero junto al organista y al sacristán mayor, c. 1904

Infantes en el claustro del monasterio de Fitero junto al organista y al sacristán mayor, c. 1904