16 de mayo de 2006

Ciclo de conferencias

PINTURA Y FOTOGRAFÍA

Entre la tradición y la modernidad: Inocencio García Asarta

D. Ignacio J. Urricelqui Pacho

 

Aguadoras

Inocencio García Asarta, Aguadoras. C.a. 1900-1905. Colección Parlamento de Navarra.
 

La conferencia ahondó en la biografía y en la producción artística del pintor navarro Inocencio García Asarta, uno de los principales autores locales de finales del siglo XIX y principios del XX. Permitió igualmente comprender cómo era la producción pictórica en Navarra en un momento de especial desarrollo artístico en España, cuando a las tendencias tradicionales comenzaron a aplicarse nuevos planteamientos estéticos provenientes de centros europeos como París.

Inocencio García Asarta fue un artista tradicional pese a vivir en un período de profundos cambios sociales y políticos que tuvieron su traducción en un proceso de modernización pictórica. Formado al hilo de los principales centros artísticos del momento, tanto nacionales, Barcelona y Madrid, como internacionales, Roma y París, supo conjugar el respeto por el dibujo y los temas tradicionales con el empleo de un cromatismo rico y aplicado con pincelada suelta, que alcanzó su mejor momento durante las décadas de 1890 y 1900. 

Atraído por el auge económico de Bilbao, decidió asentarse profesionalmente en esta ciudad hacia 1900, entrando en contacto con el importante ambiente artístico allí existente. Introducido en los círculos más selectos por el empresario Laureano de Jado, adquirió notable fama en el campo del retrato, el paisaje y las escenas costumbristas, con las que pudo satisfacer la demanda de la clientela local. Pese a todo, la década de 1910 hasta su fallecimiento en 1921 supuso su declive profesional y personal, si bien por esos años contó con el apoyo de distinguidas personalidades bilbaínas, entre ellas el político Domingo Epalza.

Estilísticamente, Inocencio García Asarta prestó atención al dibujo y a la aplicación de un colorido naturalista y sin estridencias. No se sintió atraído por las nuevas corrientes artísticas que pudo conocer en París o Bilbao, manteniéndose siempre respetuoso con los cánones de la pintura académica recibidos en Vitoria, Roma o Madrid. No obstante, se advierte un cierto interés por el Impresionismo francés en el uso y aplicación del color, en especial durante el referido período de 1890-1910. 

Temáticamente, mostró especial predilección por el retrato, si bien dejó magníficos ejemplos en el campo del paisaje o del costumbrismo. Trató igualmente escenas históricas y bodegones de gran belleza plástica. Entre sus obras más destacadas encontramos “Escabechería”, (h. 1903), del Museo de Bellas Artes de Bilbao, “Retrato de niña”, pastel del Museo de Navarra firmado en 1898, “Aguadoras”, del Parlamento de Navarra, o el paisaje “Vida igual” y la escena histórica del “Alzamiento del primer rey navarro sobre el pavés”, ambos de 1907, propiedad del Ayuntamiento de Pamplona.