14 de diciembre de 2009

Ciclo de conferencias

LA NAVIDAD EN LAS ARTES

Entre el drama y la esperanza en tiempo de Navidad: de la persecución de Herodes a la Huida en Egipto

D. José Javier Azanza López .
Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro

 

La orden decretada por Herodes de matar a los inocentes, uno de los temas más dramáticos de la historia del arte sacro, y la huida a Egipto de María y José con el Niño, abren el último período de la infancia de Cristo. Aunque los Evangelios de San Mateo y San Lucas apenas contienen referencias a estos años, los textos apócrifos y la literatura de devoción abundan en episodios que cabe agrupar en seis secuencias.

La primera de ellas es la orden de Herodes de degollar a los niños de Belén menores de dos años, y su posterior ejecución. En la Edad Media, las representaciones de la matanza siguen un modelo casi único: Herodes, sentado en el trono o desde lo alto de una tribuna de su palacio, da la orden que ejecutan los soldados en su presencia, mientras las madres intentan proteger a sus hijos. En la Edad Moderna Herodes va perdiendo poco a poco protagonismo hasta que finalmente acaba por desaparecer de la escena, que se centra en la matanza en sí, con mayor o menor grado de crueldad.
 

Matanza de los Inocentes

"Matanza de los Inocentes". Siglo XVIII. Pamplona. Catedral. Sala Capitular
 

En segundo lugar, la aparición del ángel a José, tema conocido como Segundo Sueño de José, en el que el ángel lo despierta en plena noche incitándolo a partir a Egipto con el fin de escapar de la horrible matanza ordenada por Herodes. Por norma general, los artistas representan a San José tumbado o sentado, durmiendo con la cabeza apoyada sobre su propia mano o sobre un bastón, mientras el ángel, que emerge de una nube, le habla desde lo alto.

Sigue la huida de la Sagrada Familia a Egipto, que parte de unos elementos esenciales: María, con el Niño en sus brazos, monta sobre un asno conducido por José, en su papel de protector de la Sagrada Familia; con frecuencia les acompaña un ángel que les guía y muestra el camino, a la vez que ocasionalmente asume otras funciones como las de cocinero, barquero o músico. Menos habitual resulta la presencia de una mujer que según los Evangelios Apócrifos debemos identificar con Salomé, la comadrona incrédula, que los siguió en el viaje a Egipto, así como de uno o varios jóvenes que acompañan a la Sagrada Familia, y que de nuevo según los Apócrifos pudieran tratarse de Santiago el Menor, futuro apóstol y presunto primo de Jesús, o de los hijos de un anterior matrimonio de José del que había enviudado antes de contraer esponsales con María.


Huida a Egipto

"Huida a Egipto". Pedro de Aponte. Retablo Mayor de Santa María de Olite. Siglo XVI
 

La fatiga de María por el viaje la obliga a descansar, lo que proporciona una nueva escena con numerosas representaciones en la historia del arte. No faltan tampoco los sucesos milagrosos que acontecieron en el transcurso del viaje, algunos de los cuales alcanzaron cierta difusión iconográfica, caso del milagro de la palmera –narrado en el Evangelio del Pseudo Mateo-, el milagro del trigo, y el milagro de los ídolos caídos.

Por último, A partir de la llegada a Egipto, las fuentes iconográficas se dividen en dos grandes grupos: por un lado están las escenas que continúan narrando los milagros del Niño; y por otro, las imágenes que muestran a una familia tradicional en la que la Virgen, como cualquier madre, cuida de Jesús Niño: le da de comer, le enseña a andar, a leer y escribir, participa en sus juegos, e incluso confecciona sus vestidos, tareas en las que a menudo es ayudada por los ángeles. El posterior regreso de la Sagrada Familia a Nazaret se diferencia de la escena de la huida porque el Niño muestra mayor edad y ya no viaja en brazos de su Madre, sino que camina a pie dando la mano a María y José.

El arte navarro cuenta con representaciones de la mayor parte de las escenas anteriormente reseñadas. Cabe destacar en este sentido los capiteles de Santa María de Sangüesa, San Pedro de la Rúa de Estella, y la Magdalena de Tudela; las portadas San Miguel de Estella y Santa María de Olite; y los retablos mayores de la Catedral de Tudela, Ororbia, Valtierra, Desojo, Ilundain, Abárzuza, Villanueva de Yerri, Santa María de Tafalla y Santa María de Olite, al igual que otros retablos como los de Santiago de Viana y Santa Catalina de la Catedral de Pamplona. También protagonizan numerosas obras pictóricas de parroquias, ermitas y clausuras conventuales, y es posible encontrarlas formando parte del programa iconográfico de piezas de orfebrería y ornamentos litúrgicos.