24 de agosto

Ciclo de conferencias

CUATRO MIRADAS SOBRE EL PATRIMONIO CULTURAL DE TUDELA

En sintonía con los tiempos: fiestas, votos y patronos en Tudela

D. Ricardo Fernández Gracia
Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro

 

En siglos pasados, cuando ante las dificultades y catástrofes, todo se fiaba a la Divina Providencia ya a sus intercesores, los votos a los santos cobraron gran importancia. Los diferentes votos que las ciudades y pueblos hicieron para conmemorar y honrar a los santos que los habían protegido, contra todo tipo de calamidades, tuvieron distinto devenir con el paso del tiempo. Pamplona tenía numerosos votos de distinto origen, estudiados por Marcelo Núñez de Cepeda. Algunos, como el de san Saturnino de 1611 derivaron en el patronato del citado santo sobre la capital navarra algunas décadas más tarde, concretamente en 1644, cuando el obispo don Juan Queipo de Llano dictó una provisión declarando patrono único del obispado a san Fermín y de la ciudad a san Cernin, dejando la cuestión de san Francisco Javier en manos de la Santa Sede. En algunos pueblos como Fitero o Cintruénigo, el voto a las imágenes de la Virgen de la Barda y la Virgen de la Paz de 1785 acabaría asimismo con el patronato de ambas imágenes marianas sobre las dos villas. En cualquier caso, los acuerdos municipales de los diferentes votos en otras tantas poblaciones obedecen a contextos muy particulares que hay que tener siempre muy presentes.

En 1530 los regidores de la capital de la Ribera “tomaron voto de, a perpetuamente guardar y celebrar la festividad de Señora Santa Ana en cada un año a perpetuo con procesión muy solemne y devota y llevando en la procesión la santa imagen de la Señora Santa Ana con las iluminaciones que parecieren a los señores alcalde y regidores…”. Por estudiar está todavía la filiación de algunos de aquellos regidores y su condición de cristianos nuevos que con el culto a santa Ana reivindicaban su pasado judío. Algunas décadas más tarde desde la misma institución se consumó el patronato de santa Ana, que acabó siendo un auténtico signo de identidad de la capital de la Ribera. En el desarrollo del proceso hay que destacar algunas fechas de la devoción que fue in crescendo, en el que se fueron integrando todos los elementos propios de la fiesta: música, campanas, gigantes, pólvora, toros y grandes sermones, éstos en el incomparable marco de la colegial, catedral desde fines del siglo XVIII.

Los hitos de la devoción a santa Ana se pueden señalar en unas fechas concretas. En 1589, el Regimiento encargó el busto de Santa Ana Triplex a Juan de Ayuca, siguiendo el modelo de Blas de Arbizu teniendo en cuenta que “a todos es notorio el voto tan solemne que en el año mil quinientos treinta hizo la dicha ciudad la ciudad ….”. En 1590 dieron su visto bueno a la obra Rolan Mois y Domingo Fernández de Yarza, escultor de Zaragoza. Entre 1590 y 1591 doró y policromó el busto el pintor Juan de Lumbier. En 1656 llegaba desde la seo de Zaragoza la preciada reliquia de la santa que se recibió con arcos triunfales y todo tipo de festejos civiles y religiosos. En 1680 el cabildo otorgó la concesión del patronato de la capilla de la santa a la ciudad y pocos años más tarde, entre 1712 y 1725 se construyó la capilla en un auténtico alarde de hacer “capilla más ostentosa que puede haber en toda la comarca”, según se recoge en las actas municipales de 1712. La construcción de la capilla de Santa Ana de Tudela, emblemático edificio de la ciudad, se puede dividir en tres etapas. La primera que abarca de 1712 a 1716, en la que se eligieron el sitio y las trazas y se previnieron los materiales de piedra, yeso y ladrillo; la segunda, entre 1716-1720, en que se construyó propiamente la fábrica y la tercera, entre 1723 y 1725, en que se procedió a decorar con yeserías el conjunto y se colocó el zócalo de piedra y la reja. En todo ese proceso los superintendentes del cabildo colegial y municipal estuvieron al tanto de todos los detalles y contrataciones necesarias para el buen fin de las obras.


Lám. 1. Capilla de Santa Ana. Catedral de Tudela


En torno a 1735, los tudelanos en un memorial en defensa de su jurisdicción decanal frente al obispo de Tarazona anotan sobre la capilla encendidos párrafos, simulándola como un auténtico caelum in terris: “Obra digna de un monarca y con las fuerzas solas de este pueblo costeada, y sin haber sido necesarias más Indias que los erarios ocultos de devoción finísima explicados aquí por las cuantiosas cotidianas limosnas que piden más de treinta mil pesos consumidos en esta fábrica. No es de nuestra facultad el dibujar los primores milagrosos. En dos palabras puede decirse, sin exageración que su pavimento y zócalo a un estado de alto es todo piedras preciosísimas y lo restante de oro. Sus estatuas compiten con las de Phidias, sus tallas, follajes, trofeos militares, molduras, esculturas y dorados forman toda aquella hermosa varia hermandad  que puede desearse para el cielo, pudiendo figurarnos que si la gloriosísima Santa Ana no habitase ya en el empíreo, elegiría para paraíso de sus delicias esta celebérrima capilla, que ha sido admiración de las naciones extrañas que han logrado verla y han puesto en sus elogios las lenguas todas de los curiosos de nuestra España. Aquí en la patrona Santa Ana tenemos para arrastrar al mundo (mejorada la idea de Dinócrates en el gran templo de Arsinoo), más verdadero imán que con más suave fuerza atrae las almas a su adoración obsequiosa”.

La iglesia mayor de Tudela fue la sede de las grandes celebraciones en honor a santa Ana y a otros patronatos que avaló en municipio con su aprobación y  presencia en cuerpo de comunidad. Sus pétreos muros se revistieron de retablos e imágenes, de modo muy especial, a partir de la Baja Edad Media y a lo largo de las  centurias siguientes, singularmente en pleno Barroco, correspondiendo con una estética caracterizada por la integración de las especialidades artísticas, fundiéndolas en un todo, y por la captación del espectador a través de los sentidos, siempre más vulnerables que el intelecto. Muchas de las imágenes antiguas y modernas tenían que ver con los patronatos de las diferentes capillas que pertenecían a instituciones, gremios, cofradías o nobles patricios.

Las artes integradas se constituyeron en un vehículo de transmisión de doctrina y práctica y poder, en un ámbito que trascendía al propio templo, por ser una domus artium además de domus capituli. El Regimiento de la ciudad celebró en su interior las grandes ceremonias y fiestas, expresión sublime de cuanto conforma la cultura del Barroco. Música, campanas, fuegos artificiales, protocolo, ceremonial, color, magnificencia  y teatralización se dieron cita en numerosos días a lo largo del año y también en ocasiones extraordinarias.

El cabildo con sus hábitos y los regidores con el traje de golilla hasta 1863 en que dejaron de usarlo, con protesta del cabildo, ponían todo su esmero en la solemnización de las fiestas votivas y patronales. Los munícipes engalanaban su traje con las veneras, utilizadas desde 1622, en las que figuran el escudo de la ciudad y la figura de San Pedro ad vincula, por considerar que en su día quedó liberada la ciudad del yugo musulmán. Unas ricas mazas y todo un protocolo municipal contribuía a la imagen del Regimiento.


Lám. 2. Venera utilizada por los regidores de Tudela desde 1622


Entre otros votos muy celebrados por la ciudad de Tudela destacaremos el de la Inmaculada Concepción (1619) que se solemnizó anualmente en la colegial, además de con un torneo en 1620, quizás el de mayor importancia de los celebrados en la ciudad en los siglos de la Edad Moderna. La corporación municipal acordó que fuese fiesta de guardar en 1646, y salir en cuerpo de comunidad de la iglesia si el predicador  “por su ignorancia o cualquier otra causa” dejaba de proclamar el misterio inmaculista. El cabildo instaló un nicho con su imagen en la puerta del templo, el canónigo Murgutio colocó un retablo en su honor, hubo numerosas fundaciones en conventos de la ciudad y en 1736 se fundó el convento de Capuchinas bajo la doble advocación del Sagrado Corazón de Jesús y la Purísima Concepción. Sobre toda la vivencia del fenómeno inmaculista en la capital ribera remitimos a nuestra monografía titulada La Inmaculada Concepción en Navarra. Arte y devoción durante los siglos del Barroco. Mentores, artistas e iconografía (Pamplona, Eunsa, 2004).


Lám. 3. Inmaculada Concepción. Siglo XVII. Catedral de Tudela
 

En 1627 declaró por su patrona a Santa Teresa, tras celebrar solemnemente su beatificación unos años antes. En este caso parece que el acuerdo no tuvo gran trascendencia, quedando la fiesta especial en el Carmen Descalzo, donde se describe su fiesta a mediados del siglo XVIII así: “En su día hace ostentación de tener sus corazones tan capaces como su Santa Madre en la prolijidad del culto y curiosidad del adorno y en la magnificencia de música, sermón, Santísimo expuesto y siesta por la tarde, con que es ociosa la advertencia al concurso cuando Santa Teresa se lleva al mundo entero”. Aquel voto se ha de contextualizar en el particular enfrentamiento entre santiaguistas y teresianistas y la toma de partido por parte de la monarquía en pro de la santa de Ávila. De la primera mitad del silo XVII quedan testimonios de aquel fenómeno en la bellísima escultura de filiación vallisoletana que presidió uno de los colaterales del templo de los Descalzos de Tudela (hoy en Murchante) y el extraordinario lienzo firmado por Felipe Diricksen (1642) que representa la imposición del collar a la santa por san José y la Virgen y que, como gran cuadro de altar, presidió el retablo mayor de la citada iglesia.

Lám. 4. El lienzo de La Virgen y san José imponiendo el collar a Santa Teresa, de Felipe Diricksen (1642), presidió el retablo mayor del convento de Carmelitas descalzos de Tudela


No podía faltar en la Tudela seiscentista el voto a San Francisco Javier, a fortiori cuando la ciudad se alineó junto al reino y otras localidades frente a los ferministas acaudillados por el cabildo pamplonés y el regimiento de la misma ciudad. Tudela, muy influida por el colegio de los hijos de san Ignacio, hizo un voto a san Francisco Javier en 1626, cuya minuta rezaba así: “Al Santísimo Padre, al Apóstol de la India, Sol de Oriente, al taumaturgo de este siglo, al honor deste Reino y gloria desta nobilísima Ciudad San Francisco Xavier Jaso, ella consagra este solemne juramento: Santísimo Padre, así como los títulos forzosos de naturaleza y patria nos obligan a vos en justas leyes de piedad, religión y caridad a mirar por ella y por sus hijos con particular cariño y amor, también nos obligan a nosotros a que con particular piedad y devoción nos adjudiquemos a vos y con especial título nos hagamos vuestros. Y así nos Diego de Sierra y Carrascón, alcalde de la dicha ciudad, don Juan de Murgutio, don Juan Francisco de Verrozpe, García Castillo, don Antonio de Murgutio y Torres, el licenciado Gómez Calderón, regidores desta ciudad, en nombre della, todos en común y cada uno de nos por sí, humildes y devotos y postrados a vuestros pies os rogamos queráis ser patrón y amparo nuestro y porque vuestra caridad paternal nos asegura que otorgáis de buena gana con nuestro ruego, para obligaros y obligarnos más, juramos solemnemente de haceros el culto y honra que a tan gran patrón es debida, siguiendo en esto la disposición de derecho y sagrados cánones, os suplicamos piadosísimo Padre, admitáis este título , aunque para vos pequeño, para nosotros honroso, provechoso y necesario. Y así, como es nuestra intención voluntaria de guardaros las leyes, el culto a patrón debido, nos ayudéis y estos cuatro Santos Evangelios. Amén”. Sobre el culto y la presencia de las imágenes de Javier en la Tudela del Barroco nos remitimos a nuestro estudio sobre San Francisco Javier patrono de Navarra. Fiesta, religiosidad e iconografía (Pamplona, Gobierno de Navarra, 2006).

Una relación de las fiestas votivas con su correspondiente procesión a fines del Antiguo Régimen en la ciudad de Tudela es la siguiente: San Sebastián (20 de enero) con misa cantada en la capilla de San Jerónimo y asistencia de la ciudad; San Gregorio (12 de marzo) también con presencia del Ayuntamiento; San José (19 de marzo); San Jorge (19 de abril);  San Gregorio Ostiense (9 de mayo) tras cantar la misa en su ermita y bendecir los campos; San Julián (22 de abril) con misa cantada en la ermita de Santa Quiteria; Santa Ana, patrona de la ciudad, San Pedro ad vincula (1 de agosto), considerado como patrono de la ciudad, tras cantar la misa en la parroquia de su titularidad; Octava de la Asunción, titular del templo colegial; San Marcial (31 de agosto) con misa en su iglesia; Santa Catalina (25 de septiembre) con misa en su capilla; Inmaculada Concepción (8 de diciembre) por la tarde  y San Nicasio (14 de diciembre) con misa en la Merced. Por último, señalaremos que Julio Segura advierte que la Virgen de los Remedios que contaba con una hermosa capilla en San Nicolás, patronato de los Aperregui, era considerada asimismo copatrona de la ciudad.