18 de octubre

Ciclo de conferencias

LAETIFICAT COR HOMINIS. LA CULTURA DEL VINO EN NAVARRA

El vino en Navarra. De las primeras uvas a la Denominación de Origen

Carmen Jusué Simonena
UNED Pamplona


 

Una visión histórica del vino, el viñedo, su extensión e incluso sus problemas tiene en buena parte de la Península Ibérica y, por supuesto de Navarra, un lugar de referencia imprescindible, se trata de la magnífica obra Vignobles et vins du Nord-Ouest de l’Espagne de A. Huetz de Lemps (1967), insertada dentro de la mejor tradición del análisis geográfico regional que abrió las pautas para diversos estudios realizados con posterioridad.

Han pasado más de 2000 años desde las primeras noticias sobre la vid en esta región, más de 20 siglos desde las antiguas parras asilvestradas hasta la domesticación de las cepas para que den más y mejor fruto, porque una de las grandes riquezas del vino es su solera así como el clima, el suelo o la mano del hombre que son los elementos que lo hacen posible. Como en otras zonas del valle del Ebro la presencia de vides en época anterior a la romanización, es un hecho constatado arqueológicamente.

En cualquier caso, además de escuetas noticias, Navarra fue una tierra de viña y vino desde que la ocupación romana del territorio puso en marcha sus conocidos mecanismos de explotación y aprovechamiento. Los restos arqueológicos, los testimonios epigráficos o literarios más o menos cuantiosos muestran extensas comarcas del ager vasconum donde la explotación vitivinícola resultaba cotidiana y relevante. El arte romano, fiel representación del pueblo que lo elaboró, transmite un sentido y temperamento práctico y utilitario, con una personalidad destacada, basada en la importancia de la técnica, y reflejada en las obras arquitectónicas, aunque con gran importancia también de las restantes manifestaciones, como la escultura, la pintura o la musivaria. La presencia en este arte de uvas, parras, pámpanos, elementos alegóricos al vino…, es constante. Los mosaicos, las estelas funerarias decoradas, las aras votivas, alguna figurilla en bronce, así como diversos relieves, además de las múltiples instalaciones vinícolas transmiten elocuentemente la importancia de la vid en esta tierra.

A lo largo de la Edad media, a la vista de estos hallazgos anteriores, cualquier análisis general que de esta cuestión pretenda realizarse para el periodo medieval debe tener en cuenta esta imagen retrospectiva, con independencia de que la casi total ausencia de información dificulte el enlace deseable entre el periodo tardoantiguo y los primeros siglos del medievo en que las noticias adquieren ya un peso específico.

Si en los últimos siglos de la dominación romana el cultivo del viñedo fue habitual en amplias zonas del territorio, y a lo largo del siglo XI, con documentación suficientemente expresiva, es una realidad evidente, se puede proponer una continuidad en el vacío de medio milenio que separa ambas etapas. Habrá que limitarse por tanto a recoger la situación, más o menos aproximada, de los primeros tiempos medievales sobre los que la información disponible permite acercarse a la realidad e intentar una impresión global en función de la situación inmediatamente anterior.

Los comienzos del siglo XIX, a lo largo del cual se produjeron importantes cambios en el sector vitivinícola, aparecen unidos, como en siglos anteriores, a una comunidad básicamente rural incluso en los ámbitos más urbanizados y unida, en consecuencia, a costumbres tradicionales, en definitiva esquemas de conducta social que venían de muy atrás, aunque generalizados en buena parte de la Península.

Fue  además una centuria convulsiva, testigo de grandes conmociones como guerras, pestes, desamortizaciones o transformaciones sociales. Sin embargo, el cultivo de la vid había experimentado un importante aumento, conociendo su máximo apogeo hacia 1880 en coincidencia con el desarrollo de la filoxera en Francia y la apertura de las fronteras para los vinos españoles.

Sin embargo la conjunción de diversos factores a lo largo del siglo XX tales como:  la creación de la Asociación de Viticultores Navarros (1912); la celebración del Congreso Nacional de Viticultura en Villava (1912); la fuerte expansión de Bodegas Cooperativas y particulares tras el paréntesis de la Guerra Civil; la regulación del sector y creación de la Denominación de Origen “Navarra” y del Consejo Regulador (1958); el aumento de hectáreas de cultivo de vid, unas 42.000; la marcha hacia una nueva etapa en los años 80 del siglo XX con la creación de EVENA (1981); el incremento de embotellado y aparición de nuevas bodegas; el nacimiento de la Asociación de Exportadores de Vinos de Navarra (1982); los cambios en el marco varietal;la aparición de cofradías y hermandades entre las que destaca la Cofradía del Vino de Navarra, además de otros muchos factores, permiten una mirada entusiasta hacia el futuro, hacia un futuro que el poso de 2000 años de viticultura en Navarra, hace fuerte, robusto y lleno de esperanza.

1.- Bodega (cella vinaria) de la villa romana de Arellano

2.- Uvas, vides, parras en las arquivoltas de la portada de Santa María la Real de Olite