22 de agosto de 2008

Ciclo de conferencias

CONOCER MEJOR FITERO Y SU MONASTERIO

El claustro del monasterio de Fitero: 
una lección de arquitectura renacentista en Navarra

Dña. María Josefa Tarifa Castilla.
Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro

 

El claustro del monasterio cisterciense de Fitero es una de las obras arquitectónicas más significativas del arte navarro acometida en el siglo XVI, ya que proporciona una didáctica y singular evolución en piedra del arte del Renacimiento en España. El claustro bajo fue realizado bajo el patrocinio de los abades fray Martín de Egüés I (1503-1540) y fray Martín de Egüés II (1540-1580), iniciándose su edificación por la crujía oriental (c. 1530-1545) en la que trabajaron el cantero guipuzcoano Luis de Garmendia (natural de Alquiza) en la estructura arquitectónica y el maestro francés Baltasar de Arrás en la obra de piedra y maçoneria y bultos, mientras que las otras tres pandas restantes fueron erigidas con modelos a lo romano bajo la dirección del también cantero guipuzcoano Pedro de Arteaga a lo largo de los años 1561 y 1572. La fábrica renacentista se erigió sobre el espacio ocupado hasta el momento por el claustro medieval, parte de cuyo material pétreo fue reaprovechado en la nueva construcción, además de utilizar piedra arenisca de la zona que es fácilmente erosionable por la acción de la humedad, tal y como evidencia el serio deterioro que presenta el claustro, que está siendo intervenido en la actualidad.

Claustro bajo del monasterio de Fitero. Galería Este

 

Claustro bajo del monasterio de Fitero. Galería Este. Luis de Garmendia y Baltasar de Arrás, c. 1530-1545
 

Los soportes, bóvedas y decoración esculpida en las diferentes pandas del claustro bajo muestran una evolución de estilo y factura propia de la arquitectura renacentista española. Los pilares varían a lo largo de las cuatro crujías y marcan una evolución que va desde esquemas tardogóticos con apoyos de tipo Reyes Católicos, con fustes fasciculados y capiteles corridos, a otros de tipo clasicista ubicados en la galería norte. Por lo que respecta a las bóvedas son particularmente interesantes, tanto por su riqueza de diseño como por su decoración, desde la modalidad de terceletes a otras cubriciones estrelladas más complejas que se enriquecen con combados cóncavos y convexos de diferente trazado.

El lenguaje ornamental esculpido en los capiteles, ménsulas y claves de las bóvedas de la crujía este refleja las novedades importadas del renacimiento italiano, siendo uno de los pocos conjuntos de la arquitectura ribera que conserva este lenguaje propio de principios del siglo XVI con el omnipresente grutesco, formado por elementos vegetales, humanos y animales que se metamorfosean, labrándose finas decoraciones con composiciones a candelieri, a base de caras afrontadas, guirnaldas, cabezas de ángeles, máscaras, monstruos, y animales fantásticos, con elementos de enlace como telas suspendidas, cintas y filacterias, estilo artístico que evoluciona en las galerías sur, oeste y norte hacia el “Manierismo fantástico” de inspiración rafaelesca y miguelangelesca, con la utilización de cartelas correiformes, telas colgantes o calaveras. Este programa decorativo alterna con escenas de carácter religioso como los capiteles dedicados a La Creación y un discurso profano cristianizado a través de los emblemas, con temas como el carro de la muerte. En las claves principales de las bóvedas se labraron los escudos de los abades que promovieron y financiaron las diferentes galerías claustrales.

Claustro bajo del monasterio de Fitero. Galerías Este y Norte

 

Claustro bajo del monasterio de Fitero. Galerías Este y Norte, s. XVI
 

A la hora de esculpir este rico programa decorativo los artífices emplearon como fuentes de inspiración estampas italianas o francesas, junto a grabados que ilustraban los libros que se imprimieron en la época, como refleja la coincidencia formal que manifiestan algunas de las ménsulas esculpidas en la galería este del claustro fiterano con los dibujos grabados por Juan de Vingles en las orlas del libro de Juan de Icíar, Orthographia Pratica (Zaragoza, 1548), o los capiteles de la galería norte análogos a los que Diego de Sagredo dibuja en su tratado de arquitectura Medidas del Romano (Toledo, 1526) y a los dibujos de capiteles del Codex Escurialensis, o el bucráneo de cuyos cuernos cuelga un cortinaje cuyo extremo termina en bolas y que parece estar copiado de la ilustración similar del libro IV de Arquitectura del tratadista italiano Serlio. 

Frente a la rica decoración del claustro bajo del monasterio de Fitero contrasta la austera severidad del sobreclaustro, levantado entre 1590 y 1613 durante los abadiatos de fray Marcos de Villalba (1590-1591) y de fray Ignacio de Ibero (1592-1613), acometido por destacados artífices cántabros vinculados al foco de Valladolid, Juan de Nates Naveda, Juan de Naveda y Juan González de Sisniega, portadores del lenguaje herreriano que emanaba de la Corte en el último tercio del siglo XVI tras la edificación del Monasterio de El Escorial, quienes edificaron el sobreclaustro en un nuevo lenguaje clasicista, haciendo de esta obra la primera en toda la geografía navarra en la que se impuso el Clasicismo. A lo largo de las cuatro galerías se despliegan arcos de medio punto, articulados por pilastras adosadas que montan sobre antepechos cajeados, predominando la geometría, frente a la decoración que está totalmente proscrita. Todos los tramos están cubiertos por bóvedas de medio cañón rebajadas con lunetos, separadas entre sí por arcos fajones que reposan, de un lado en los pilares de la arquería y de otro en las pilastras toscanas de mampostería adosadas a los muros perimetrales.

 


Vista del claustro bajo y sobreclaustro

Vista del claustro bajo y sobreclaustro, s. XVI

Ménsula del claustro bajo. Galería Este

 

Ménsula del claustro bajo. Galería Este, c. 1530-1545