21 de junio de 2006

Ciclo de conferencias

CARTEL FESTIVO Y TAUROMAQUIA". HOMENAJE A LA CASA DE MISERICORDIA EN SU III CENTENARIO

El Cartel de la Feria del Toro: Arte para una Tauromaquia

Dr. Javier Azanza López

 

Tomás Muñoz Asensio. Cartel de la Feria del Toro. 1999.

Tomás Muñoz Asensio. Cartel de la Feria del Toro. 1999.
 

Aludió Javier Azanza en su intervención a la creación, en 1959 y a iniciativa de Sebastián San Martín, de la Feria del Toro, verdadero revulsivo de la fiesta taurina en Pamplona. La Feria vino acompañada del cartel que surgió en sus inicios con la doble finalidad de anunciar el programa taurino sanferminero y servir como Trofeo de la Feria del Toro, práctica que se mantuvo hasta el año de 1966.

Tras unos primeros años en los que se suceden en la elaboración del cartel los afamados pintores taurinos Andrés Martínez de León y Antonio Casero, el encargo del cartel quedó encomendado a la Comisión del Cartel surgida en el seno de la Comisión Taurina de la Meca, e integrada entre otros por Ignacio Cía, Fernando Redón y Fernando Nagore. Encargo directo a firmas de renombre, libertad absoluta de ejecución, capacidad de sorprender e impactar, y una cierta dosis de polémica, fueron las premisas a partir de las cuales la Comisión del Cartel iba a reunir una de las mejores y más completas colecciones de temática taurina.

A juicio del profesor Azanza, las dos cualidades que definen el cartel de la Feria del Toro son su calidad y su variedad. La calidad viene proporcionada por la contrastada categoría de los artistas a quienes la Casa de Misericordia ha encomendado la ejecución de la obra original para el cartel. En las 48 ediciones del mismo la Meca ha logrado un perfecto equilibrio entre firmas locales, y nacionales y extranjeras, en su empeño por potenciar su pinacoteca taurina.
Como dato curioso, cuatro mujeres han firmado el cartel de la Feria: la alemana Edith Hultzsch en 1981, Francis Bartolozzi en 1989, Elena Goñi en 2000 y la italiana Laura Panno en 2001. También padres e hijos han firmado cartel, aunque en ediciones separadas: es el caso de la mencionada Francis Bartolozzi y su hijo Rafael, y del pintor estadounidense Gino Hollander y su hijo Jim. Incluso ha habido artistas que han hecho “doblete” en los carteles de San Fermín y de la Feria del Toro; así ocurre con Mariano Sinués, Francis Bartolozzi, Faustino Aizkorbe y el bilbaino Luis García Campos. Y no podemos olvidar que entre los nombres con los que la Casa de Misericordia estableció contacto para encargarles el cartel de la Feria se encuentran los de Pablo Picasso y Francis Bacon, aunque finalmente no fue posible lograr su firma.

Junto a la calidad, la variedad es otro de sus rasgos definitorios, fruto de la libertad concedida a los artistas a la hora de afrontar el cartel. Variedad formal, por cuanto tienen cabida en el cartel diferentes tendencias estéticas, desde la interpretación impresionista de la fiesta hasta planteamientos cercanos a la abstracción, sin dejar de lado otras corrientes del siglo XX. Variedad cromática, y variedad técnica, dado que la colección de carteles de la Feria del Toro ofrece un amplio repertorio de técnicas y soportes. Y variedad iconográfica, pues si bien el toro se erige en gran protagonista del cartel destinado a anunciar su Feria, la concepción del astado, el escenario o los lances son casi tantos como carteles componen la colección de la Casa de Misericordia.

De esta manera el toro, concebido en ocasiones como animal mitológico y totémico, aparece representado en las diferentes suertes de la lidia, desde la salida por la puerta de toriles hasta el duelo entablado con el torero, en el que suertes de farol, magníficos derechazos y pases de pecho son recompensados por el público con sombreros o flores arrojados al albero. Un toro que no renuncia a otros escenarios posibles como la plácida existencia en el campo y la dehesa, la paciente espera en los Corralillos del Gas, o la veloz carrera matinal del encierro. Un toro que, en última instancia, decide convertirse en torero y realizar el paseíllo para protagonizar una lidia sin precedentes en la historia de la tauromaquia.

Pero también el toro se hace en ocasiones invisible en su cartel para dar paso a la solitaria figura del picador descabalgado de su montura, a la piel que conceptualiza la esencia de la fiesta, al plástico y fotográfico capote o a los hierros de las ganaderías grabados en oro viejo, sin olvidar carteles-logotipo en los que trazo y color se convierten en verdadera metáfora del enfrentamiento en el coso. 

Concluyó Azanza significando que el conjunto de carteles de la Feria del Toro propone una singular aproximación al mundo del arte y de la tauromaquia, valor patrimonial de la Casa de Misericordia de Pamplona que ha sabido configurar a partir del rigor y la coherencia.