19 de diciembre de 2006

Ciclo de conferencias

LA NAVIDAD EN LAS ARTES

El Belén de Salzillo, fantasía hispánica de la humanidad

Dr. Cristóbal Belda.
Universidad de Murcia

 

Dentro del extenso catálogo de obras de Francisco Salzillo, si hubiera que destacar una obra por su singularidad, ésta sería la llamada Colección Riquelme, más conocida como el “Belén de Salzillo”. Resulta excepcional conservar un conjunto tan extenso y tan completo de piezas del siglo XVIII, y con su calidad artística, máxime al estar sus piezas ejecutadas en un material sumamente frágil como es la terracota policromada, técnica mayoritariamente empleada en su realización. La excepción será la figura central de todo el conjunto y pieza cardinal del relato: el Niño Jesús del Nacimiento. De apenas siete centímetros, es una talla en madera, de increible virtuosismo en el modelado y de exquisita policromía en las carnaciones. 

Es así mismo curioso hablar del Belén como una sola obra, cuando en realidad está compuesta por casi seiscientas piezas de no más de treinta centímetros, siendo cada una de ellas una magnífica escultura individual. Sin embargo, por encima de ello está el sentido de unidad narrativa y de estilo que alcanza a todo el conjunto.


Nacimiento

Nacimiento, por Francisco Salzillo (siglo XVIII)


Sobre su fecha de ejecución está totalmente aceptado que se inició en 1776. Se trata de un trabajo dilatado en el tiempo que le tuvo ocupado hasta su muerte en 1783. Es por tanto obra de sus últimos años, de manera que en él pudo introducir los recursos y modos ya ensayados en sus imágenes de culto y en sus Pasos procesionales. Está documentado que tras su muerte, su discípulo Roque López fue el encargado de realizar los pasajes previstos y que Salzillo no pudo llevar a cabo como “La matanza de los inocentes” y “el rey Herodes y su guardia”.

Aunque su referente principal sea el belén napolitano, que conoció muy bien por su propio padre y maestro, Nicolás Salzillo, Francisco creó una nueva forma de interpretar el tema.

El belén encargado a Salzillo por el noble D. Jesualdo Riquelme para ser instalado en su palacio en las fiestas navideñas, posee unas características que lo hacen único. Por un lado, las figuras tienen un tratamiento escultórico completo, basado en un rico modelado y una brillante policromía. Por otro, las escenas se desarrollan en un medio primordialmente rural. Las arquitecturas, de las que se conservan buena parte, sirven de fondo a los “Misterios” más importantes, consiguiendo además romper la monotonía del paisaje.

Al igual que los famosos Pasos de Semana Santa, el Belén se vio influido por el rico repertorio del teatro religioso barroco español. Esta influencia es claramente apreciable en el carácter escenográfico del conjunto, planteado a semejanza de los cortejos pasionarios de las procesiones de Semana Santa, a base de “Misterios” colocados en un relato continuo ante un decorado, que evoca el paisaje murciano.