5 de septiembre de 2014

Ciclo de conferencias

RUTA DEL RENACIMIENTO DE NAVARRA

Dos retablos del Renacimiento a la italiana en Tafalla

D. Pedro Luis Echeverría Goñi
Universidad de País Vasco

 

El tránsito de la Baja Edad Media al Renacimiento en Tafalla no se produjo con la conquista del Reino en 1512, ni en 1521 con la destrucción de sus murallas y el palacio real, sino a partir de 1529, fecha de la restitución del título de mariscal de Navarra y de sus bienes a Pedro de Navarra y de la Cueva por Carlos I. La primera obra que podemos calificar de renacentista en la villa del Cidacos fue precisamente el palacio de los Mariscales de Navarra, con fachada torreada construída en el segundo tercio de la centuria que se asemeja a las de los palacios de Monterrey en Salamanca y de los Guzmanes en León. Sus materiales procedentes del destruido palacio real y sus elementos plásticos confirman la adhesión a este nuevo lenguaje, como son las bolas, el cordón franciscano y las cadenas de la cornisa. Esta tipología, al igual que la de su réplica, el palacio de Azpilicueta de Barásoain (originalmente con cuatro torres), nos recuerda la de los alcázares, ya que sirvieron también de alojamiento a reyes y miembros de la familia real en sus desplazamientos.


La conferencia se desarrolló en el Palacio de los Mencos de Tafalla


No obstante, deberemos esperar hasta el último tercio del siglo XVI durante el reinado de Felipe II para encontrarnos con dos de los conjuntos más sobresalientes del Renacimiento en Navarra, los retablos mayores de las iglesias tafallesas de San Pedro, procedente del monasterio de La Oliva, y Santa María, modélicos exponentes del manierismo internacional en pintura y escultura respectivamente. Sus lienzos, tallas y relieves nos permiten hacer un viaje por Roma, Florencia y Venecia sin salir de Tafalla.

Aunque Juan de Anchieta jamás estuvo en Italia se convirtió en uno de los seguidores más influyentes de Miguel Ángel, con cuyo arte se identificó tras su aprendizaje con Juan de Juni, sus contactos con Gaspar Becerra y siempre a través de dibujos y grabados. Los datos conocidos de P. Schepers y R. Mois desde J. Martínez, se vieron cualitativamente ampliados por Morejón con documentos que aportan nuevos datos biográficos y obras que los sitúan en Roma y Nápoles. 

El retablo de Santa María, ejecutado por Juan de Anchieta entre 1581 y 1588 y concluído en 1592 por su discípulo Pedro González de San Pedro, es una “máquina de arquitectura” que nos remite a través de su léxico a esquemas de Miguel Ángel, Serlio y Palladio con originales inversiones de elementos. El protagonismo de la Virgen en el programa mariano de este retablo es tal que incluso se incluyen dos historias apócrifas en el ciclo pascual para justificar la presencia en ellas de la Madre de Cristo. Valorado justamente este retablo en otros aspectos por García Gainza, he querido plantear esta conferencia identificando y analizando los modelos gráficos usados por estos dos maestros de la gubia. Junto a las indudables referencias a prototipos de Miguel Ángel, hemos precisado la inspiración en modelos de Parmigianino, J. Sansovino, T. Zuccaro o Muziano y grabados de C, Cort y N. Beatrizet. La reinterpretación de los eternos grabados de Durero sirvió a González de San Pedro para realizar varios de los relieves de la Infancia y sobretodo del ciclo pascual. El sagrario-expositor es una microarquitetura de tres pisos que desarrolla en sus frentes un excepcional programa eucarístico con las siete prefiguraciones más explícitas del Antiguo Testamento, a las que se debe añadir la más inusual escena del Descenso de Cristo al Limbo de los Patriarcas, pintada en la portezuela por Juan de Landa. Con sólidos fundamentos en los evangelistas, Padres de la Iglesia y apóstoles, nuestra atención se dirige al concurrido ático, ocupado por una asamblea de profetas y santos que dialogan de manera vehemente. El Calvario, cúlmen de la Redención, está reforzado por la Trinidad, iconografía de profundo arraigo en Navarra. Avalora la apurada talla, sobretodo en los bancos y la calle central la policromía del natural aplicada por el citado rey de armas entre 1596 y 1601.
 

Retablo mayor de la parroquia de Santa María de Tafalla
Realizado por Juan de Anchieta y Pedro González de San Pedro (1581-1592) 
(Foto: Andoni San Juan)



La historia del retablo mixto que desde 2006 preside la iglesia de San Pedro está marcada por la itinerancia de casi tres siglos en su primitivo destino, la iglesia cisterciense de Santa María la Real de La Oliva en Carcastillo, y siglo y medio en el presbiterio de la iglesia conventual de las Concepcionistas Recoletas de Tafalla. Iniciado en 1571 por los pintores flamencos Paulo Schepers y Rolan Mois, residentes en Zaragoza, su ejecución se dilató dieciséis años hasta 1587. Su mazonería y labor de talla son retardatarias, como lo evidencian sus columnas, balaustres y decoración y sus tallas y relieves mustran resabios de expresivismo. Además, advertimos la presencia de elementos genuinamente aragoneses como las puertas que daban acceso al camarín, y los relicarios que acogen los netos, forrados de brocado de aplicación. El sagrario es obra romanista posterior del taller de Sangüesa y muestra en su portezuela el tema triunfal trentino, que se añade a los dos Resucitados del retablo de Santa María. Bellísimos son los coloristas estofados del natural que luce en su interior con emblemas eucarísticos y la trilogía de papeles de todas las colores.

Los fundamentos simbólicos del edificio de la Iglesia que constituye este retablo, es decir, San Pedro y San Pablo, evangelistas, Padres de la Iglesia, las siete virtudes y la alegoría de la paz, se reservaron aquí a la obra de talla encargada por los pintores flamencos al escultor Juan de Rigalte, que siguió modelos facilitados por ellos. Nuestro conocimiento actual nos permite adjudicar la iniciativa de esta obra a Schepers, destacado pintor seguidor de Tiziano, y a quien podemos atribuir los lienzos de la Adoración de los Pastores y la Epifanía (invertidos tras sendos ensamblajes erróneos en Tafalla), así como el inicio del de la Asunción. Al igual que en el retablo precedente hemos realizado una disección de las fuentes gráficas usadas aquí por los pintores flamencos, tomando personajes y elementos de G. Clovio, C. Cort y P. Thomassin. El lienzo central de la Asunción, del que se conserva un dibujo de Mois, nos traslada aquí grandes composiciones del Manierismo italiano de Rafael y Tiziano con la característica paleta tornasolada y una marcada división de los registros terrenal y celestial. Si en la Virgen advertimos grandes semejanzas con Asunciones de F. Zuccaro, algunos de los ángeles se repiten en cuadros de El Greco. Aunque las pinturas del ático, realizadas por discípulos de Mois, bajan en calidad, en la Coronación de la Virgen advertimos una gran identidad con la imagen de la Virgen coronada por Cristo del retablo mayor de Astorga, obra de Gaspar Becerra, y con un grabado del mismo tema de J. Sadeler I. 


Retablo de la parroquia de San Pedro
Ejecutado por los pintores Schepers y Mois para el monasterio de La Oliva (1571-1587)