14 de agosto de 2012

Jornadas culturales

MÚSICA Y ESPIRITUALIDAD EN EL MONASTERIO DE FITERO

Los órganos del monasterio de Fitero

D. Ricardo Fernández Gracia
Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro

 

El patrimonio organístico de nuestros templos ha llegado muy mermado a nuestros días, si comparamos con la riqueza que tuvo, especialmente en catedrales, monasterios y colegiatas, en las que junto a los monumentales órganos instalados en las naves mayores, solían convivir otros de menos envergadura y algunos realejos instalados en capillas, e incluso guardados en las sacristías para servir de apoyo musical en procesiones y rogativas, en momentos en que estas últimas eran muy abundantes.

En el monasterio cisterciense de Fitero, durante la Edad Moderna, junto al gran órgano de la nave ubicado excepcionalmente en el tramo que precede al crucero, por estar el coro ya desplazado a los pies del templo, se documentan otros. El primero, también de grandes proporciones en el tramo inmediato anterior al coro alto, un realejo de grandes dimensiones en esta última estancia y otros dos órganos portátiles que aún se conservaban en la sacristía abacial hace un siglo.

Respecto al primero de ellos, hay que recordar que sólo se conserva la interesantísima caja original barroca. El instrumento (1657-1669) fue contratado por el abad Fernando de Ferradillas con el organero francés Nicolás Briset y se terminó siendo abad fray Bernardo de Erviti. Una vez concluida la parte musical fue inspeccionada por dos prestigiosos músicos: don Lucas Pujol, organista de la catedral de Tarazona, y don Lorenzo López de Galarreta y Baquedano, maestro de hacer órganos avecindado en Lerín. En 1800 se renovó en su totalidad por el organero francés Juan Monturus, con un coste para el monasterio de 3.317 reales. Junto a las cuentas del monasterio un pequeño pergamino encontrado en el secreto del instrumento da cuenta de aquell reforma en los inicios del siglo XIX.

Con estos últimos arreglos llegó el órgano barroco hasta 1929, en que se sustituyó el instrumento por otro de carácter romántico, tanto en su tubería como en la registración y sistema, por haberse sustituido la parte mecánica por otra neumática. En 1997 se repuso toda la trompetería horizontal o de batalla aserrada, literalmente, en 1929.

La caja la atribuimos a escultores riojanos, aunque el modelo es evidentemente de ascendencia francesa y la presencia de las sirenas, ubicadas a modo de ménsulas en las alas laterales, recuerdan a la caja del órgano parisino de St. Etienne du Mont, contratada en 1631 por Jean Buron por 4.000 libras y finalizada en 1633. No cabe ninguna duda que bien a través de algún grabado, o mejor aún a través de las indicaciones del organero francés Nicolás Briset que se hizo cargo del instrumento propiamente dicho, se incorporaron las sirenas, evocadoras de la leyenda de Jasón y los argonautas y del conocido pasaje de la Odisea (XII,39) de Ulises, en ambos casos en relación con sus cantos y la música.

El monasterio contó para las procesiones clausurales y otras funciones con varios realejos, de los que se conservaban en la sacristía un par de ellos en los primeros años del siglo XX, así como otro de mayores dimensiones en el coro alto que fue objeto de una transacción por el armonium que se conserva actualmente en la parroquia. A uno de los realejos se refiere la crónica de una fiesta organizada en 1622, cuando se intercambiaron durante unos días las imágenes de la Virgen de la Barda de Fitero y la Virgen del Monte de Cervera del Río Alhama. Al menos en dos ocasiones se alude a la misa que se interpretó a medio camino entre ambas localidades en momento de proceder al intercambio con “canto de órgano”. Respecto al del coro alto, sabemos que se utilizaba en las dos primeras décadas del siglo XX en algunas funciones religiosas, concretamente en la de tinieblas de la Semana Santa.


Órgano. Parroquia de Santa María de Fitero

Órgano. Parroquia de Santa María de Fitero

Registro del antiguo órgano de la parroquia de Santa María de Fitero

Registro del antiguo órgano de la parroquia de Santa María de Fitero