24 de mayo de 2016

EL arte gótico en Navarra

La escultura del gótico radiante más allá de la catedral de Pamplona

Dra. Clara Fernández-Ladreda Aguadé.
Universidad de Navarra

 

La escultura monumental del periodo gótico radiante en Navarra tiene su punto de partida y culminación en la catedral de Pamplona, concretamente en el claustro y dependencias canonicales, pero hay otros ejemplos también interesantes y mucho menos estudiados.

Entre ellos habría que destacar las portadas de las grandes parroquiales urbanas, San Cernin (San Saturnino) de Pamplona, el Salvador de Sangüesa y el Santo Sepulcro de Estella, a las que cabría añadir la decoración de la iglesia de Santa María de Ujué.

En todos los casos se trata de obras relacionadas con la escultura catedralicia -especialmente con la del claustro-, en la que tiene su fuente de inspiración y/o con la que comparte artífices. Su cronología se escalona a lo largo del siglo XIV, desde c. 1330-1335 -en que cabe situar la que parece la realización más temprana, la portada de San Cernin- a 1385 -fecha para la que estuvo que estar concluida la más tardía, la decoración de Santa María de Ujué-.

La portada de San Cernin de Pamplona se abre en el lado norte, hacia la calle Mayor, que coincide a su vez con el Camino de Santiago. Su programa gira en torno a la vida de Cristo -plasmada en los capiteles- y el Juicio Final -representado en el tímpano-, temas a los que habría que sumar las figuraciones de las claves –Dios Padre, Trinidad Trono de Gracia, Cristo resucitado y Calvario- y las estatuas del titular y Santiago –que presuntamente enmarcarían el vano-.


Portada de San Cernin de Pamplona
 

El nexo con las obras catedralicias se advierte en la intervención de artistas que trabajaron en aquéllas, como Guillermo Inglés -al que se cabe adjudicar las tallas de san Saturnino y Santiago- y el autor de las claves de la sala capitular (capilla Barbazana) -al que puede atribuirse el resto de la portada-. Pero también en el empleo de determinadas fórmulas iconográficas, que parecen basadas en realizaciones claustrales, como las puertas del Refectorio y Arcedianato, y el mural del Árbol de Jesé.

El promotor pudo ser algún acaudalado miembro de la burguesía pamplonesa, acaso miembro de las familias Cruzat o Eza, representado como donante en el tímpano.

Por su parte la portada del Salvador de Sangüesa, importante localidad de la ruta jacobea, ocupa la fachada occidental. Su programa se circunscribe casi en exclusiva al tímpano, en el que se representa el Juicio Final, que parece una versión simplificada del de San Cernin, con el que presenta notables concomitancias, aunque también alguna diferencia.

En su ejecución participaron dos tallistas. Por un lado, el escultor del tímpano, que habría labrado también la imagen del primitivo titular de la vecina iglesia de Santiago. Por otro el autor de los capiteles, que habría que identificar con un artífice que intervino en la segunda fase de la portada Santa María de Olite y en la decoración del pasadizo de Santa María de Ujué.

En el caso del Santo Sepulcro de Estella, otro relevante enclave de la ruta jacobea, más que de una portada habría que hablar de una fachada monumental, que ocupa todo el lado septentrional de la iglesia y por delante de la cual pasaba el Camino. Se trata de la empresa escultórica de más calidad dentro del periodo, tras las realizaciones catedralicias.

El conjunto está constituido por una gran puerta central flanqueada por las estatuas de Santiago y un santo obispo-¿san Julián de Le Mans?- y enmarcada por sendas galerías de nichos que albergan el apostolado y por una serie de arcosolios funerarios. El binomio portada-galerías recuerda los frontispicios de las iglesias de Santa María de Olite y San Saturnino de Artajonay acaso esté inspirado en el primero, en tanto que la pareja de estatuas remite a San Cernin de Pamplona.
 

Estella. Iglesia del Santo Sepulcro. Apostolado
 

El núcleo del programa se localiza en la puerta cuyo tímpano está consagrado al tema de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo -asunto muy acorde con la titulación de la parroquia-,varias de cuyas escenas parecen basadas en sus equivalentes de las portadas claustrales del Refectorio y el Arcedianato, aunque en algún caso el referente parece ser el mural de la Pasión del refectorio pamplonés firmado por Juan Oliver. Son asimismo interesantes los capiteles del arcosolio derecho con una iconografía de connotaciones funerarias perfectamente adecuada, integrada por una original Epifanía y un ciclo de la Muerte y Glorificación de la Virgen, que quizás haya que relacionar con las portadas claustrales del Amparo y Preciosa.

Todo ello aparenta ser el resultado del trabajo de un único taller, que presenta claras concomitancias formales con algunos de los artistas que intervinieron en el claustro pamplonés, como Guillermo Inglés y el maestro de la puerta Preciosa. Su promoción habría que atribuirla a miembros de la burguesía estellesa, entre los que destacaría un integrante de la familia Ponce.

Pero sin duda el edificio de este periodo que presenta una escultura más rica y abundante es la nave de Santa María de Ujué, ya que a las portadas -dos en este caso-, une la decoración del interior –capiteles, claves y estatuas de ángeles del antepecho del coro- y del pasadizo perimetral –ménsulas y claves-.

Las cestas interiores parecen mayoritariamente de asunto profano, con alguna excepción como la de la historia de Sansón, en tanto que en las claves se alternan la temática religiosa y la heráldica. Por su parte, la portada principal, situada en el costado sur, fusiona en su tímpano la Epifanía -que incluye un donante de problemática identificación- con la Última Cena. Finalmente la escultura del pasadizo perimetral conjuga los motivos profanos con los religiosos, destacando la presencia de los evangelistas y sus símbolos. 

Como en los monumentos precedentes, en muchos casos estas obras parecen basados en modelos catedralicios -capiteles y portadas claustrales, Epifanía de Perut y ménsulas de la sala capitular-, si bien en ocasiones llegan tamizados a través de realizaciones influidas por ellos –friso de la fachada de San Pedro de Olite-. Otras veces los referentes hay que buscarlos en monumentos ajenos al ámbito catedralicio –arquerías del friso del apostolado de la fachada de Santa María de Olite-. Finalmente algunas piezas -claves del interior con la Virgen y el Pantocrator con el Tetramorfos, ménsulas de los evangelistas del pasadizo perimetral- los tallistas parecen hacer gala de una cierta originalidad.

La abundante labor escultórica obligó a la intervención de un nutrido grupo de artífices, identificándose hasta seis autores, con modos de hacer y calidades muy diferentes, dos de los cuales trabajaron en la vecina población de Olite -friso de San Pedro y arquerías del apostolado de Santa María-.