10 de septiembre 2016

En torno al patrimonio cultural en el valle de Roncal

El arte de la platería en el valle de Roncal

D. Ignacio Miguéliz Valcárlos
Cátedra de Patrimonio y Arte navarro

 

A lo largo de los siglos, las iglesias de los siete pueblos que componen el Valle de Roncal, Burgui, Garde, Isaba, Roncal, Urzainqui, Uztárroz y Vidángoz, fueron acumulando un rico ajuar argénteo, producto tanto de los encargos de las propias fábricas parroquiales como de las dádivas de sus fieles y devotos. Sin embargo, a partir de finales del siglo XVIII, cuando tuvo lugar la Guerra de la Convención (1794-1795) y a lo largo de todo el siglo XIX, en que se suceden la Guerra de la Independencia (1808-1814) o la I Guerra Carlista (1833-1840), gran parte de los ricos tesoros acumulados por estos templos se perdieron. El motivo fue tanto la incautación de la plata por el gobierno para pagar gastos de guerra, como el saqueo del ejército francés de estas iglesias. En relación a ello no hay que olvidar que tres de las siete localidades roncalesas fueron saqueadas e incendiadas por el ejército invasor durante la guerra de la Independencia: Burgui en 1809, Urzainqui en 1812 e Isaba en 1813.

A pesar de los avatares de la historia, los templos del valle todavía conservan un importante grupo de alhajas argénteas, procedentes de los talleres de Sangüesa y Pamplona, Zaragoza, México y Perú. Extraña la ausencia de obras de otros centros peninsulares, que sin duda se explica debido a las pérdidas sufridas a lo largo del siglo XIX. Entre las piezas conservadas hay que destacar tres conjuntos de especial relevancia. En primer lugar el grupo de cinco cálices góticos de Burgui, Isaba, Roncal y Urzainqui, que presentan marcas de Pamplona y Sangüesa, datables en el primer tercio del siglo XVI. En segundo lugar las cruces procesionales de Roncal, Isaba y Urzainqui, también de la primera mitad del siglo XVI, en las que vemos la evolución desde modelos góticos a los renacentistas. Y en tercer lugar un conjunto de plata mexicana compuesto por acetre, dos candeleros, concha de bautizar, copón, custodia, cruz de guión y estandarte enviados cerca de 1823 desde la localidad de Lerdo, en México, por Fermín de Arriaga a su parroquia nativa de Uztárroz. Igualmente, no podemos olvidar por su singularidad otras dos piezas conservadas, el relicario de San Martín y una puerta de Sagrario, ambas en la iglesia de Urzainqui. El primero, gótico de principios del siglo XV, es la pieza más antigua conservada en el valle. Mientras que la segunda, llegada desde el virreinato del Perú, responde a una tipología muy poco habitual dentro de los ajuares eclesiásticos hispanos.
 

Cáliz de Urzainqui, 1520-1530
Juan de Ochovi
Taller de Pamplona

 

Cruz procesional de Isaba, 1553
Gaspar de León
Taller de Sangüesa 


Custodia de Uztárroz, c. 1820. México
Agustin de Herrera 
Marcador Joaquín Dávila Madrid

 

A las piezas anteriormente citadas hay que sumar un amplio conjunto de alhajasde otras tipologías, como custodias, navetas, incensarios, crismeras, vinajeras, etc., que completan los ajuares de estas iglesias. Gracias a todas ellas podemos trazar un amplio recorrido a través del arte de la platería en el valle, apreciando cómo las iglesias roncalesas se proveyeron ya desde época temprana de piezas de gran calidad y cómo mantuvieron a lo largo de los siglos los encargos a los obradores más cercanos: Sangüesa, Pamplona y Zaragoza.