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¿Y qué hacemos con los rankings?

Los rankings universitarios desempeñan un papel vital en la conversación sobre reputación y calidad universitaria, desde el nacimiento del U.S News & World Report en 1983.

En principio, cualquier persona puede acudir a cualquier ranking para tener estimaciones de la reputación de una universidad. Sin embargo, la forma tan simplificada en la que son accesibles así como la forma en la que se estandarizan las evaluaciones de calidad a una única cifra, convierten esta herramienta en un arma de doble filo.

Víctor Pérez-Díaz y Carlos Rodríguez[1] consideran, en el Position Paper del Building Universities Reputation 2015, que los rankings permiten otorgar luces a un proceso que en muchos países suele llevarse a oscuras.

Pero cada ranking no es igual. Por ejemplo, si nos interesa medir la reputación de investigadores y profesores, consultaremos el Times Higher Education que desde el 2010 evalúa a otras universidades tanto en su función investigadora como de enseñanza; en cambio, si somos futuros alumnos, el U.S News & World Report es un instrumento clave para elegir la universidad que nos formará como profesionales.


El Times Higher Education sirve para medir la reputación de investigadores y profesores; el U.S. World & Worls Report, para elegir la universidad

 

Pero, atención, los rankings a pesar de ser fuente y medida de reputación reciben tres críticas principales:

  1. El exceso de indicadores de input y outputs que no son relativos a  factores clave de la reputación como la actividad de los antiguos alumnos o el entorno de la universidad.

  2. La simplificación de la reputación universitaria a una única variable: la puntuación en el ranking.

  3. La falta de exactitud en las ponderaciones para construir el indicador resumen. Es decir, a veces se otorga más peso a la investigación que a la enseñanza, otras el juicio de los profesores o directivos importa más que los indicadores objetivos, entre otros.

Dos efectos perjudiciales

Asimismo, Pérez-Díaz y Rodríguez hacen mención a dos efectos no deseados sobre el uso de los rankings que debemos tomar en cuenta. En primer lugar, la cristalización de la reputación, que responde a cómo para los encuestados en un ranking puede pesar en su juicio los primeros rankings publicados, por lo que, aunque los datos objetivos de la universidad hayan cambiado, las opiniones quedan ancladas a estimaciones de reputación anteriores.

El segundo efecto está relacionado con la posibilidad de estimular formas de competición entre universidades que no son deseables. Por ejemplo, se puede desvirtuar el proceso de selección de estudiantes, despistando a las universidades públicas de su meta tradicional de proporcionar acceso a la universidad a todos los estudiantes cualificados. También pueden contribuir a una carrera por la reputación con efectos tales como la inflación de los costes, la creciente desigualdad de ingresos entre las distintas instituciones y una mayor estratificación de las universidades según la composición social de su alumnado. Otros rankings, con distintos indicadores y ponderaciones, formarían según los autores, una forma de competición más saludable.

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NOTAS


[1] Analistas Socio-Políticos y autores en el 2015 del Position Paper sobre Reputación de las Universidades para el primer congreso internacional Building Universities Reputation

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La clave de la reputación de Harvard: Los alumni

Juan Fernando Campos.- El ambiente de las universidades es de las situaciones más enriquecedoras gracias a variedad de los grupos de interés que existen alrededor de ellas (padres, alumnos, profesores, investigadores, donantes, etc.) Paul Andrew, Vice President of Communications and HPAC at Harvard University, cuenta el potencial que tienen estos grupos a la hora de volverse líderes de opinión en sus respectivos ámbitos.

Andrew habla de la importancia de que las universidades se centren en esos grupos de interés individualmente y en cada uno de los individuos que componen esos grupos, para lograr una comunicación eficaz, y así, poder satisfacer, informativamente, las necesidades que se tengan. El trabajo por fortalecer esos grupos de interés va a afectar a que las universidades puedan forjar lazos y relaciones más fuertes y así poder llegar a influir más.

Desde Harvard, el trabajo para incrementar sus relaciones con esos grupos de interés se hace mediante la enseñanza, la investigación y la docencia, no siendo utilizados como intangibles, sino como pilares de la misión de Harvard. Programas diseñados para mejorar la enseñanza presencial y a distancia, ayudado de la implantación de las nuevas tecnologías, provocan que esta universidad siga manteniendo esa resonancia a nivel mundial.

La forma más sencilla y precisa de medir el trabajo y esfuerzo implementado en la docencia es a través de sus antiguos alumnos. No solo por el aumento de los alumni, sino por su peso e impacto que tienen en sus determinados ámbitos profesionales. Los antiguos alumnos van a determinar el prestigio y la reputación que va a tener el centro universitario, por lo que el compromiso que se tiene que tener con ellos, mediante la actualización y el posicionamiento en vanguardia de los planes de estudio, tiene que ser uno de los objetivos primordiales a tratar.