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Por qué el arquitecto Kahn unía la ciudad y la casa

21/07/2026

Publicado en

Expansión

Miguel A. Alonso del Val |

Catedrático de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura

El pensamiento y la obra del arquitecto norteamericano Louis Isadore Kahn  (1901-74), constituyen un ejemplo de pervivencia en la modernidad de los  valores intemporales de la arquitectura y una demostración de las virtudes  disciplinares del encuentro entre las tradiciones antigua y moderna. Nacido en  Estonia en el seno de una familia judía emigrada a Filadelfia en 1904, solía  repetir que “un gran edificio debe surgir de lo inconmensurable, transitar durante  su diseño entre medios mensurables y, al final, resultar inconmensurable”.

Su carrera más conocida se inicia en los años cincuenta, cuando comienza a dar  clases en la Universidad de Yale y realiza una estancia en la American Academy  de Roma que le ayudan a estructurar un pensamiento inspirado en la doble  herencia de lo académico y lo moderno. A partir de la Galería de Arte de Yale (New Haven, 1951-53) se hace muy visible una estrategia proyectual donde se  aprecia claramente el valor autónomo de su discurso formal, el significado de la  estructura como “donante de luz”, la importancia de las articulaciones como espacios entre espacios, la jerarquía entre áreas sirvientes y servidas, la  austeridad y concisión en el manejo de materiales, y una serie de referencias a la arquitectura de siempre que le acompañarán hasta su anónima muerte en  Pennsylvania Station de Nueva York, al regreso de un viaje a la India. 

Para Kahn los edificios eran una especie de oráculo que el arquitecto debía  descifrar hasta encontrar el significado profundo de la relación entre función y  forma, hallar su carácter justo como institución y fomentar, a partir de ahí, una  búsqueda de la arquitectura a través de un diseño referenciado en formas preexistentes, en la presencia de la memoria de lo eterno, de tal manera que  cada obra de arquitectura fuera una ofrenda a la Arquitectura, con mayúsculas.

Aunque es mucho más conocido por sus edificios institucionales donde se  podrían destacar los Laboratorios Richards (Filadelfia, 1957-64), La Primera  Iglesia Unitaria (Rochester, 1959-69), los Laboratorios Salk (La Jolla, 1959-65),  la Biblioteca Phillips (Exeter,1965-71), el Museo Kimbell (Forth Worth, 1966-72),  el Instituto Hindú de Cuadros (Ahmedabad, 1962-74), la Galería de Arte Británico  (New Haven 1969-74) o el Parlamento de Bangladés (Dacca, 1962-74); su  trabajo inicial estuvo muy ligado a la construcción de programas públicos de  vivienda en los años posteriores al crack de 1929 también afectados por la  Segunda Guerra Mundial. Como arquitecto asociado en diferentes equipos,  sobre todo con George Howe y Oscar Storonov, trabajó en muchos proyectos  residenciales entre 1930 y 1952. Esta etapa de búsqueda de un lenguaje propio  adaptado a las exigentes condiciones de un entorno de crisis, es fundamental  para comprender su posterior despliegue creativo.

A este periodo pertenecen la casa Oser (Montgomery Co, 1940-42), las viviendas  de Carver Court (Caln Township, 1941-43), o los conjuntos de viviendas de Mill  Creek, construidos en Filadelfia entre 1951 y 1963. Dentro de esta época e  inspiradas por la tradición constructiva de la vivienda suburbana norteamericana  que enlaza a Frank Lloyd Wright con Marcel Breuer, diseña viviendas unifamiliares como la casa Tompkins (1947-49) o la casa Genel (1949-51), que  se quedaron en proyecto, y la casa Weiss (East Norriton Township, 1947-50) que  sí llegó a edificarse y representa un hogar concebido como un interior, un espacio  y una estructura formal sometidos al orden y a la construcción, porque el orden  y el material juegan un papel central en las determinaciones del diseño final que  Kahn siempre entendió como una conexión con la tradición.

Al mismo tiempo y en un escrito de 1944, significativamente titulado “tú y tu  barrio” , Kahn había ya definido el lema que expresa su posición sobre la relación  de la vivienda con la ciudad. Su visión es que se debería planificar la ciudad  como se diseña una casa, y viceversa: “the Plan of a City is like the Plan of a  Home”. Decir que la casa es como una ciudad y la ciudad es como una casa,  representó una postura integradora y humanista que contrastaba con las  posiciones dominantes, tanto del urbanismo del zonning como del funcionalismo  arquitectónico. 

De manera similar, así como la vivienda no debe someterse a un frío utilitarismo  y tiene que tener signos de identidad o espacios referenciales, abogaba por la  recuperación del significado monumental de los edificios públicos ciudadanos,  tal y como propondrá en sus planes para Filadelfia (1951-57) donde las torres de  oficinas municipales o los edificios de aparcamientos se transforman en hitos  urbanos de una ciudad de corazón peatonal.

Una vez consolidado su discurso arquitectónico durante los años cincuenta y mientras diseñaba sus edificios más icónicos, Louis Kahn proyectará algunas de  sus viviendas más conocidas como son la casa Esherick (Chesnut Hill, 1959-61),  la casa Fisher (Hatboro, 1960-67) o la casa Korman (Fort Washington, 1971-73). Cada una de ellas desarrolla los principios ya establecidos en sus primeras  residencias dentro de una propuesta espacial específica que bien puede  relacionarse con lo perseguido en sus edificios públicos.

La casa Esherick, resuelta mediante paredes enfoscadas y carpinterías de  madera, explora la idea de adición de volúmenes habitables a lo largo de una  secuencia espacial que se abre transversalmente al espacio exterior como  ocurre con la Galería de Arte de Yale o los Laboratorios Salk, aunque en estos  casos usara como soporte material el ladrillo o el hormigón. Es una arquitectura  doméstica que condensa diversas escalas de relación con el exterior y se  organiza mediante dos volúmenes principales y sus articulaciones. Cada una de  estas piezas contiene el espacio cívico y el espacio doméstico de la vivienda,  como en la casa Weiss pero aquí desarrollados en altura y cerrados a la calle para abrirse al jardín privado.

La casa Fisher tiene una de las plantas más conocidas de la obra de Kahn.  Resuelta como una macla de dos cuadrados, nuevamente uno de carácter más  privado y otro más público, esta casa se alza sobre la ladera gracias a un  basamento de mampostería de piedra que soporta dos cubos de madera cuya carpintería posee un tratamiento singular, especialmente en el mirador junto a la  chimenea que se abre al bosque. Este juego volumétrico recuerda a los  planteados en sus obras en la India y Bangladés, pero también remite al modo  en que el espacio interior común se hace paisaje del espacio privado de la vivienda, tal y como sucede en la Biblioteca Phillips o en la residencia de  estudiantes Erdman Hall (Bryn Mawr College, 1960-65).

Sobre la base del cuadrado como espacio existencial o referencial proyectará  algunas extraordinarias viviendas que no llegarán a construirse, como son los  casos de la casa Adler (1954) o la casa De Vore (1954), que despliegan  conceptos espaciales presentes en su seminal edificio de baños para la  comunidad judía de Trenton (Ewing, 1954-59); la casa Morris (1955-58), que  tanto debe a la casa Lloyd Jones de Wright; o la casa Goldemberg (1959), que  se vincula claramente con la propuesta para la Primera Iglesia Unitaria de  Rochester.

Con un mayor tamaño y programa, la casa Korman, su última casa, también es  una casa bi-nuclear, diseñada como una sucesión de espacios al tiempo  monumentales y domésticos, recuerda la atmósfera que Kahn logra en dos de  sus magistrales museos: el museo Kimbell y la Galería de Arte Británico, los  cuales remiten, por otra parte, a aquella primera gran obra reconocida que es la  Galería de Arte de Yale. Este juego interior se traslada al exterior pues, aunque  es una casa resuelta completamente en madera, destaca sobre sus volúmenes  la presencia de unas monumentales chimeneas de ladrillo que juegan un papel  similar al de las chimeneas del comedor de la academia Phillips o a las torres de  servicios de los Laboratorios Richards. 

El diálogo todavía no resuelto, para Kahn, entre tradición y modernidad le lleva  a perseguir paralelamente el entendimiento de la construcción tradicional y la  búsqueda del espacio ideal que promete la técnica moderna. En el mismo  sentido, trata de incorporar los valores permanentes de la disciplina  arquitectónica apelando a conceptos tan escasamente racionalistas como el de  orden, algo capaz de controlar la tensión permanente entre el silencio y la luz, entre el deseo y la presencia, que aparece en “el umbral donde se encuentra la inspiración”. La tradición no solamente nutre la obra de Kahn a través de las  continuas referencias a conceptos intemporales sino que le hace depositario de  un legado histórico que parte de Thomas Jefferson, continúa en Henry Hobson  Richardson y entra en el nuevo siglo con Frank Lloyd Wright. 

Su actitud aristocrática ante el proyecto, la rotunda presencia de sus formas, la  pregnancia de sus espacios, la calidad constructiva del material tratado con  generosidad, las referencias a la historia como soporte del discurso simbólico y  una cierta conciencia ecléctica alejada de utopismos vanguardistas le han  convertido en inestimable compañero de toda una generación empeñada en  enriquecer la visión monolítica de la arquitectura moderna y en un maestro  indiscutible de la arquitectura del siglo XX.