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La Navidad también en pequeñas piezas de artes suntuarias

18/12/2020

Publicado en

Diario de Navarra

Ricardo Fernández Gracia |

Director de la Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro

Las artes denominadas suntuarias no vivieron ajenas a la Navidad, como cabría esperar, a fortiori, tratándose frecuentemente de objetos relacionados con la vida cotidiana en los diferentes estratos sociales. La platería y los bordados, los dejaremos para otra ocasión, teniendo en cuenta la entidad de los mismos.

Detalle del escaparate con belén de las Capuchinas de Tudela

Detalle del escaparate con belén de las Capuchinas de Tudela
 

Todo un conjunto de piezas englobadas en lo que denominamos artes suntuarias y conformadas por grabados, esmaltes y joyas constituyen, al día de hoy, unos materiales importantísimos para la reconstrucción de la historia, no sólo de las imágenes y su iconografía, sino de los comportamientos humanos, las mentalidades, la religiosidad y las tradiciones populares, a la vez que nos hablan de unos usos y funciones propios. En todas esas piezas confluyen valores muy diversos: arte, religiosidad, economía, política … etc. Los estudios y el interés sobre esos pequeños objetos han crecido en las últimas décadas y los trabajos en revistas especializadas y su presencia en colecciones públicas y privadas son un buen testimonio de ello. Todo este patrimonio tan interesante, conservado en colecciones particulares y en museos etnográficos o de artes y tradiciones populares, no se ha exhibido y estudiado debidamente hasta nuestros días y, realmente merece la pena concienciar a nuestra sociedad, cada vez más alejada del fenómeno religioso, de los valores como auténticos bienes culturales de esas pequeñas piezas.

Medallas, medidas, escapularios, gozos y estampas forman parte de un conjunto de objetos que las personas requerían para poseer, ver y tocar algo relacionado con una dimensión espiritual del conjunto de principios abstractos e inmateriales que regulan las relaciones entre el hombre y la Divinidad. Esas piezas permitían una conexión más intensa e íntima entre el citado binomio, a la vez de ser genuinos testigos de la práctica religiosa cotidiana de varias generaciones, de sus sentimientos y de sus devociones.
 

Escaparate de la Epifanía en Recoletas de Pamplona, 1731

Escaparate de la Epifanía en Recoletas de Pamplona, 1731
 

Joyas con contenido navideño de diferentes materiales

El adorno personal no fue ajeno a los motivos navideños. En distintos lugares de Navarra se conservan algunas piezas importantes, tanto por su uso y función como por su categoría artística propiamente dicha. Se trata, por lo general, de medallones de diferente tamaño y forma con sendas vidrieras y cerco de plata, oro u otros materiales, labrados con más o menos adornos o lisos. La mayor parte de ellos contienen pinturas sobre vitela, pergamino, cobre o papel o esmaltes en miniatura y en algunos casos pequeñas esculturas.

Pieza excepcional es un medallón rectangular de las Agustinas Recoletas de Pamplona, a modo de pequeña caja de plata en su color, con un cordoncillo del mismo material y parte central en medio punto con asa cruzada. En su interior se encuentra un Niño Jesús acostado, con una de sus manos en el rostro. El medallón debió formar parte de una arracada de las que llevaban para su adorno personal las mujeres sujetas de la cintura y, en este caso, con una clara función de protección en los meses de embarazo. Es posible que se pueda identificar con unas preseas que recoge el cronista Antonio Villerino en su obra de 1690, cuando al tratar de algunos milagros de la Virgen de las Maravillas, refiere el de la mujer de un letrado de Pamplona, que fue curada de sobreparto y tabardillo, por lo que sus familiares donaron para el ajuar de la citada imagen un rosario de perlas, gargantilla y arracadas y un cordoncillo “y otros juguetes … para el Niño que tiene en el brazo, que es de los más primorosos que yo he visto”.

Varios medallones se enmarcan en diferentes materiales y muestran otro tema muy del gusto navideño, cual es la Virgen de Belén, en su conocida iconografía de medio busto abrazando al Niño Jesús y ostentando ambos personajes coronas reales. Se trata de copias del cuadro que pintara en 1662 Francisco Camilo para una capilla del convento de Antón Martín de Madrid, elogiado por Palomino y que se reprodujo como si de un icono se tratara, en diferentes pinturas y grabados. Muchas de sus imágenes se propagaron gracias a la influencia franciscana, que celebró con profusión el misterio de la Navidad. En España la “Virgen de Belén” fue elegida en 1688 como patrona de la Real Congregación de Arquitectura. Asimismo fue patrona de la Congregación de ermitaños de la Sierra de Córdoba.

Otro singular medallón de comienzos del siglo XVIII, en este caso de oro y con la representación de la Epifanía en esmalte de escuela española, figuró en la Exposición ¿A Belén pastores!, (Pamplona, 2006-2007). En la misma muestra se exhibió otro pinjante del Nacimiento y la cabalgata de los Reyes Magos del siglo XIX, en este caso realizado con placas de marfil recortadas, de la Fundación Arrese de Corella.
 

 

 

Medallón de fines del siglo
XVII de la Virgen de Belén.
Colección Particular
 

 

Medallón de oro con esmalte
de la Epifanía, comienzos
del siglo XVIII.
Colección Particular Pamplona

 

 

Niño en Recoletas en su estuche barroco de plata
 

 

Vitela iluminada de Amberes con los ángeles y la Virgen velando el sueño del Niño Jesús. Colección Particular

Vitrinas de artesanía conventual

Un capítulo interesante del arte belenístico lo constituyen una serie de artesanías salidas de las clausuras navarras con destino a protectores y donantes. Se trata de los denominados escaparates, definidos en 1732 por el Diccionario de Autoridades como “alhajas hechas a manera de alhacena o almario con sus puertas y andenes dentro para guardar buxerías, barros finos y otras cosas delicadas, de que usan mucho las mugeres en sus salas de estrado para guardar sus dijes”, formaban parte inseparable y singular de los interiores nobiliarios hispanos. Así lo refleja en 1690 la Baronesa de Aulnoy en su Relation d’un voyage en Espagne, quien describe con entusiasmo los escaparates españoles como “una especie de armarito cerrado con un gran cristal y lleno de todo lo que es posible imaginar de más raro» siendo éstos «lo que más bello he encontrado allí [en España]”.

Las Agustinas Recoletas de Pamplona guardan con mimo y gran aprecio algunos. En 1731, se inventarían: “dos escaparates de ébano con sus cristales por los tres lados, en el uno está la Adoración de los Reyes y en el otro la Huida a Egipto”. En el mismo año, entre los bienes de Teresa Sos, madre de don Fermín de Lubián, futuro prior de la catedral de Pamplona, se anota “un belén en su cajón”

Arrese señala que a fines del siglo XVIII y parte de la centuria siguiente floreció en el convento de Araceli de Carmelitas Descalzas una artesanía singular de la que se conservan aún curiosos ejemplares y que consistía en la construcción de estas pequeñas vitrinas, normalmente en forma de caja que contenían en su interior, visible a través de un cristal en la parte delantera, temas diferentes compuestos por figuras policromadas de barro o cera. En ellas afinaban sus manos las religiosas con sedas, trozos de espolines y filigranas de plata. Cuatro se conservan en el Museo de la casa de Arrese, entre los cuales merece mención especial uno dedicado al Nacimiento en una urna de cristal verdoso en forma de campana

Las Capuchinas de Tudela conservaban un par de escaparates curiosos, en donde resulta difícil localizar las figuras propiamente dichas, por la abundancia de animalillos y de flores que hablan del horror vacui que caracteriza a este tipo de obras. Las monjas realizaron estos pequeños conjuntos, elaborados con técnicas mixtas, a base de figuras de barro, miga de pan, papel, cartón, escamas de pez, láminas metálicas doradas y de colores, ceras y ricas telas.

El interés de estas reducciones, reside en que traducen, frecuentemente y de manera fiel, el modo de colocar las grandes figuras en los belenes en aquel tiempo, dándose el caso de muchos que son auténticos testimonios históricos, por haber desaparecido las figuras y los belenes completos.


De la miniatura medieval a las pequeñas estampas grabadas e iluminadas 

Entre las miniaturas destacan las representaciones en dos sobresalientes códices, en la Biblia de Sancho el Fuerte (1197) y en el Breviario de 1332 de la catedral de Pamplona. Este manuscrito pertenece a la época del obispo Barbazán, y se considera como la guía litúrgica más antigua de la diócesis y de la catedral de Pamplona,  en donde consta la Navidad como parte de las fiestas Excelentísimas o Insignes, junto a la Pascua de Resurrección, Pentecostés y Asunción de la Virgen. Estas fiestas equivalen a lo que en siglos posteriores eran las festividades dobles de primera clase, con ceremonial de seis capas.

En los siglos de la Edad Moderna, con la difusión de las técnicas de multiplicación mecánica de las imágenes, encontramos temas navideños en diferentes objetos como grabados, medallas (acuñadas en Roma para los grandes santuarios desde el siglo XVI), reproducciones en barro, plomo, plata y cera. Todo ello supuso un medio simpar para la difusión de numerosas devociones. Pero, sin duda, fue el grabado lo más significativo en aquel proceso de propagación de las imágenes. Las estampas fueron entre el siglo XV y el XIX el medio de difusión primordial tanto de imágenes como de ideas. Su carácter múltiple es su distintivo más genuino. Al no existir un único ejemplar, lo que se buscaba es que hubiese muchas reproducciones idénticas a partir de una matriz. 

Las estampas en vitela llegaron en su mayor parte de Flandes y particularmente de la ciudad de Amberes. También la iluminación de las estampas cobró entonces un vigor inusual, llegando a España en cantidades ingentes tanto desde Francia, como desde los Países Bajos, a lo largo de los siglos del Barroco. El P. Albert en un trabajo inédito señala: “Estas estampas constituían por la delicadeza del dibujo y el atractivo del colorido, las piezas de lujo destinadas a personas de posición y educación artística”. De las importaciones francesas hay numerosas noticias, en cuanto a las que llegaron de los Países Bajos, los datos son más reducidos, aunque el número de piezas conservadas habla de tantas como las francesas. En 1655 unos mercaderes acordaron con un matrimonio la venta de estampas de aquellas tierras, entre ellas: “trece mil piezas en octavo y cuarto de diferentes santos y santas... y otras mil quinientas de vitela de Boutats....”.

En muchas ocasiones se enmarcaban con ricas labores artesanales y en otras pasaban a formar parte, a modo de marcapáginas, de los libros de oraciones y breviarios de diversas personas, tanto en el claustro como fuera de él. Algunas representan a la Sagrada Familia, otras al Niño Jesús en la cuna o triunfante con la cruz y sobre la calavera y la serpiente (muerte y pecado), otras a la Virgen con el Niño y San Juanito, otras la Adoración de los pastores, la Epifanía, e incluso algunas reproducen composiciones famosas en Flandes con gran orla de flores a modo de gran guirnalda y un tema concreto como la Virgen y los ángeles velando el sueño del Niño Jesús.

Virgen con el Niño y San Juanito en una vitela iluminada de G. Donck. Colección Particular

Virgen con el Niño y San Juanito en una vitela iluminada de G. Donck. Colección Particular