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Patrimonio e identidad (59). Fotografías de belenes centenarios

17/12/2021

Publicado en

Diario de Navarra

Ricardo Fernández Gracia |

Director de la Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro

Conserva la fototeca del Archivo General de Navarra fotografías de belenes familiares de sendas familias, la de Julio Altadill en Pamplona y de la de los Astiz-Iriarte en el fondo de la casa Osambela de Huici. Cronológicamente, ambos ejemplos han cumplido ya los cien años, de modo que su examen nos permite realizar algunas consideraciones sobre el belén tradicional que impera en los dos montajes. Los belenes en numerosas casas ya abundaban hace un siglo, si bien las máquinas fotográficas no habían puesto su objetivo en aquellas escenografías tridimensionales del nacimiento de Cristo, con el portal como elemento más importante de las mismas.

Un contexto general

A fines del siglo XIX y comienzos del XX se asistió a la sustitución del belén tradicional y popular por otro de tipo historicista con paisajes y figuras orientalizantes. La Iglesia y las nacientes asociaciones de belenistas –especialmente las catalanas-, impulsaron la nueva tendencia y comenzaron a entrar en declive las viejas figuras de barro policromado, así como la plasmación de la sociedad preindustrial en los belenes.

Detrás de aquella innovación había unas causas. En primer lugar, la tradición de la Iglesia de no bendecir figuras de barro. Pero, además las nuevas, de la escuela de Olot, eran de pasta de madera y poseían una apariencia digna y, sobre todo, se presentaban con el sello de la pretendida fidelidad histórica, al vestir sus personajes con atuendos atemporales en base a túnicas, mantos y turbantes. Precisamente, por su “propiedad” e historicidad, aquella estética cautivó a clientes personales e instituciones con su particular visión histórica, derivada del grupo de los nazarenos, pintores alemanes que reaccionaron contra el Neoclasicismo imperante, en base a los descubrimientos arqueológicos en Palestina. En la misma sintonía, los artistas de la calle parisina de Saint Sulpice influyeron decisivamente en la escuela olotina, con un estilo correcto y algo dulzón. Con esos presupuestos, numerosas instituciones, especialmente parroquias, conventos y colegios se decantaron por aquellas figuras, uniformizando todo lo relativo al belén, siempre desde la perspectiva orientalista. De momento, las figuras de Olot convivieron con las de barro cocido, pero acabarían por imponerse a estas últimas. Para los paisajes, la nueva estética encontró en la escayola, un material con el que recrear sus pretendidos entornos bíblicos, a la vez que se impartían reglas de naturalismo, perspectiva y fidelidad histórica, entendida al modo de la época.

La pugna entre la tendencia popular y tradicional y el nuevo belén, denominado como “correcto” y de “buen gusto”, se dejó sentir con fuerza en Madrid y Barcelona. El enfrentamiento entre ambas ha sido estudiado en el caso de Madrid por Ángel Peña y, recientemente, para Cataluña en un interesante trabajo por Jordi Montlló, calificándolo de batalla, por oponerse dos visiones antagónicas. En Navarra desde los belenistas, Eliso Ijalba se mostraba conciliador en una entrevista en Diario de Navarra el 27 de diciembre de 1963, si bien en el manual que escribió en 1965, era del sentir que el belén bíblico era “recomendable porque nos traslada, en aras a su realismo al ambiente de aquella Noche Santa”. Sin embargo, los textos de Julio Caro Baroja, José María Iribarren y José Javier Uranga resultan evocadores acerca del significado del belén tradicional, que iba desapareciendo conforme avanzaba el siglo XX.

El belén de Julio Altadill

La personalidad de Julio Altadill nos es bien conocida. Nació en Toledo en 1858, pero se crió en Pamplona, en donde falleció en 1935. Fue militar, fotógrafo e historiador. Ganó diversos premios en Pamplona entre 1883 y 1886, publicó dos voluminosos tomos correspondientes a Navarra en la Geografía general del País Vasco-Navarro. Fue académico correspondiente de Bellas Artes y ocupó diferentes puestos en la Comisión de Monumentos de Navarra.

Gran parte de su producción fotográfica se custodia en el Archivo General de Navarra, con temática paisajística, de patrimonio y fotografía familiar. Las dos fotografías que presentamos de su belén familiar se han de inscribir en el último apartado.

El montaje del belén y las visitas constituían hace un siglo un verdadero acontecimiento social que trascendía a la propia casa y familia, ya que vecinos y amigos visitaban aquellas representaciones tridimensionales que recreaban el nacimiento de Cristo. Recordemos un artículo de Diario de Navarra de 27 de diciembre de 1910, en el que leemos: “Aquí en Pamplona son muchos los nacimientos que se instalan y, cuando el tiempo es benigno, es de ver el jubileo que se forma en cada casa del señor donde se congregan cientos y cientos de niños que van a recrearse en la contemplación de lo que para ellos es o parece realidad viviente”.

El belén de la fotografía está montado dentro de una casa urbana, delante de una biblioteca, cuyas vitrinas asoman por las partes laterales. Se ha elaborado únicamente con serrín, hojas de arbustos y musgo, con la típica disposición en alto de unas montañas en donde se ubican algunas construcciones y el castillo. En la zona más próxima, se sitúa el portal y las casas de fabricación casera, pero muy cuidada, así como un puente y el río. Las dos fotos pertenecen al mismo montaje, si bien en una de ellas la disposición de los Reyes Magos ha variado, como también el de algunas figuras. Éstas pertenecen en su práctica totalidad a talleres murcianos, pero no a las populares, sino a elegantes diseños elaborados a palillo y con finísimas policromías. Muchos de esos moldes aún se pueden contemplar en algunas colecciones populares. Inconfundibles resultan los pastores y zagalas con sus sombreros a la Federica, o los moños de picaporte de algunas ancianas. Las ofrendas,  propias de una sociedad agro-pastoril,  presentan todo tipo de productos del campo y de la ganadería. No falta el grupo de danzantes y músicos junto al portal, ni las típicas y vistosas lavanderas junto al río. Las únicas figuras que no pertenecen a ese origen murciano son las del Nacimiento, de mayor tamaño que el resto y salidas de los talleres de Olot, por tanto, más historicistas y realizadas en pasta de madera. Como ángel anunciador se ha utilizado una pila de agua bendita de porcelana francesa decimonónica, revistiéndose la pila con el Gloria in excelsis Deo.

Sin embargo, aquel tipo de belén tenía los años contados también en Pamplona y Navarra. Las novedades y la visión historicista habían llegado a Navarra y se acrecentaron con el cambio de siglo. En diciembre de 1904, el capellán de la Diputación, Tomás Ascárate Pardo, publicó un par de artículos sobre el belén en El Eco de Navarra. En el segundo de ellos, daba normas precisas para su instalación con un seguimiento del historicismo, en vestimentas, colores y otros detalles. Finaliza su escrito con estas palabras: “Voy a terminar aconsejándoos que no pongáis en los nacimientos iglesias con cruces, ni cazadores con escopetas, ni casas con para-rayos, ni ferrocarril con el tren escondiéndose en un túnel; pues estas cosas, aunque os parecen bonitas, son impropias, hijos míos, y no existiendo en aquellos no debemos colocarlas nosotros”. La puntilla vendría, por una parte, de la mano de la propia iglesia que no recomendaba bendecir figuras de barro, optando por las de pasta de madera de Olot. Por otra, tras la Guerra Civil, las directrices emanadas desde Falange Española a los belenistas y sus asociaciones argumentaban en favor de desterrar los anacronismos del belén popular.

El ejemplo de los Astiz-Iriarte, en el fondo fotográfico de la casa Osambela de Huici

La foto del otro belén que presentamos también se conserva en la Fototeca del Archivo General de Navarra, procedente del fondo de la casa Osambela de Huici. Fue obra, con toda seguridad de Fidel Astiz Iriarte (1881-1957), hijo de Zacarías Astiz Juanmartiñena (1852-1943), abogado, fundador de La Vasconia y de Diario de Navarra y de María Francisca de Iriarte Muguiro, propietaria de la casa Osambela. Fidel también fue abogado y vicepresidente del Tribunal Tutelar de Menores de Pamplona. Su afición por la fotografía le llevó a hacer numerosas instantáneas realizadas con placas de vidrio y nitrato, con temática familiar, retratos, viajes, caza y equitación. Todo su fondo se encuentra integrado con el de la familia Iráizoz Astiz, ya que nombró a su sobrina María del Carmen Iraizoz. Gran parte de sus fotos están relacionados con la casa Osambela, sus viajes y aficiones.

Al igual que en el caso del belén familiar de los Altadill, el objetivo de Fidel Astiz se detuvo en uno de los acontecimientos familiares más esperados durante el año, especialmente para los niños de la casa, que hemos de suponer fueron sus sobrinos y parientes.

La foto del belén, en este caso, recoge un ejemplo realizado con un gran paisaje de montañas nevadas en el fondo y, además de las ramas y el musgo, se utilizan cortezas de madera y corcho. Llama la atención las murallas, algunas maquetas de edificios, los apriscos, una viña podada y el gran acueducto. Las figuras pertenecen en su mayoría a los talleres murcianos, incluido el Nacimiento. Sin embargo, también hay otras de diversas procedencias, como el hombre de las nieves o las ovejas, más de raza lacha que merina, en algunos casos, si bien las hay también de las de pata de alambre.

Comparándolo con el de Altadill, éste posee mayor escenografía paisajística, pero menos figuras y no de tanta calidad, tamaño y uniformidad. Pero en este punto, hay que recordar, una vez más, que el belén tradicional no entendía de proporciones, al uso de los dioramas actuales, sino más bien por el contrario, era más rico en valores tradicionales y simbólicos, como ya pusimos de manifiesto en otro artículo en este mismo periódico (Diario de Navarra, 6 de diciembre de 2015). Allí recordamos que, frente al panorama de los últimos cien años dominado por el historicismo, los antiguos belenes poseían un carácter mucho más simbólico en todos sus elementos, ya que en una sociedad iletrada era más fácil catequizar mediante unos mensajes sencillos que especular sobre la realidad de la Judea del siglo I. No se trataba tanto de conjeturar, ni de organizar perspectivas y escalas, sino de transmitir mensajes en torno a lo inefable, mediante unas ideas.

Otros belenes del momento

Junto a los belenes de las casas, los pamploneses visitaban los instalados en las instituciones religiosas. El de los Escolapios ya se montaba con éxito al menos desde 1910, cuando la crónica dice que era precioso y que se podía visitar en horario de mañana y tarde. En 1917 se le señalaba como el que más llamó la atención en la capital navarra, atrayendo a muchísimos visitantes “por sus dimensiones y buen gusto”. Con el tiempo, el padre Alejandro Pérez Altuna lo montó a partir de 1937 con movimiento en sus figuras. Gran parte de él ha llegado a nuestros días, habiéndose mostrado restaurado en 2016, con la sustitución de los motores de cuerda por otros eléctricos.

En 1911 se señalaban como muy visitados y animados los belenes de Escolapios, Capuchinos y Carmelitas Descalzos, especialmente por parte de los niños que acudían acompañados de sus padres y familiares. Del de las Hermanitas de los Pobres nos da cuenta un artículo publicado el día de Año Nuevo de 1921 por José Asenjo, en el que leemos: “En cada comedor… , han instalado las Hermanitas un primoroso Nacimiento, en el que manos angélicas pusieron toda la unción religiosa y depurado gusto de las que viven con toda la intensidad ese drama sublime de los belenes. Son éstos motivo de constante admiración y puja entre los pobres asilados que hallan en sus montañas nevadas de harina y los ríos de cristal la evocación de los mejores años que es olvido de sus muchos dolores morales y físicos”.