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La `Operación Limpieza´ dentro de la Iglesia que comenzó con Ratzinger

16/04/2022

Publicado en

El Debate

Pablo Blanco |

Profesor de la Facultad de Teología

El profesor de la UNAV, Blanco Sarto, analiza en el día de hoy, 16 de abril, cumpleaños de Benedicto XVI, los retos a los que se ha tenido que enfrentar el pontífice

Hoy, a sus 95 años de edad, Benedicto XVI es uno de los papas más longevos de la historia. Su renuncia hace ahora más de nueve años supuso un acto revolucionario de alguien que era etiquetado como conservador. Fiel a una persistente agenda, las acusaciones de un informe pericial que intentan oscurecer la trayectoria del papa emérito ante los abusos sexuales dentro de la Iglesia muestran que todavía tiene enemigos, tal vez porque tiene también muchos amigos. Sin embargo, esas acusaciones son poco coherentes respecto a su pensamiento que promueve la necesaria purificación en la Iglesia. De hecho, con Juan Pablo II y Ratzinger comenzó la `Operación Limpieza´ en la Iglesia en lo que a los abusos contra menores se refiere, y que ahora continúa con decisión Francisco.

Michael Hesemann señaló que, durante los cuatro años y medio que Joseph Ratzinger fue arzobispo de Freising y Múnich, no hubo ningún caso de abusos. Sí, él o sus colaboradores tuvieron el lapsus –después de cuarenta años– cuando afirmó que no había asistido a la reunión del 15 de enero de 1980. Allí rectificó y en las actas se aprecia cómo, con información incompleta (nadie le habló de los anteriores abusos cometidos por aquel sacerdote), el arzobispo Ratzinger le acogió en la diócesis de Múnich para recibir psicoterapia por problemas alcohólicos. Después, sin conocimiento ni autorización de Ratzinger, lo envían con un cargo a una parroquia. El 24 de enero de 2022, el papa emérito envió una rectificación a través del arzobispo Gänswein. Esta información también se corrobora en la biografía autorizada del papa Benedicto XVI escrita por Peter Seewald en el 2010.

Cuando el arzobispo Joseph Ratzinger asume el cargo de Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe en 1982, incluye la Instrucción Crimen sollicitationis de 1922 en el reformado Código de Derecho Canónico de 1983. Es decir, los crímenes por pederastia y abusos sexuales de menores por parte del clero. En los años setenta del siglo pasado, el modo habitual de proceder era el ocultamiento de estas situaciones criminales, promoviendo tan solo desplazamientos de los sacerdotes. Ratzinger lo entendió como una gran injusticia contra las víctimas, quienes quedaban marcadas de por vida. Hubo que esperar hasta los años noventa para que las diócesis siguieran la instrucción de Ratzinger, ya que, después del Concilio Vaticano II, el principio era que el obispo «cure y no castigue».

En 2001 estalla la investigación del diario Boston Globe sobre los abusos sexuales cometidos por sacerdotes en Estados Unidos. Ante este escándalo, los obispos norteamericanos preguntaron a Ratzinger si debían castigar internamente a los sacerdotes pederastas o hacer intervenir a la justicia civil. Siendo Prefecto de la CDF, Ratzinger empezó el proceso con Juan Pablo II para dirigir desde Roma estos casos. Estableció que los sacerdotes que habían cometido abusos sexuales sean primero juzgados por un tribunal civil, según las leyes de cada país, y no solo por un tribunal eclesiástico ni después de un proceso canónico. Y que estas personas no podían ejercer como sacerdotes.

Un camino de dolores

Ratzinger dedicaba los viernes, día de dolores, que para él significaban un sufrimiento tremendo, a estudiar estos tristísimos casos. De hecho, cuando Benedicto XVI llega al pontificado en el 2005, lo primero que hace es esclarecer lo que pasaba con el Legionario Marcial Maciel. Durante el pontificado de Benedicto XVI, 400 sacerdotes dejan de serlo por estos motivos. Y además fue el primer Papa que se reunió con las víctimas de abusos sexuales por parte del clero. El encuentro más llamativo fue en Estados Unidos en 2008, cuando el papa lloró de dolor y emoción ante estas circunstancias. La respuesta que dio el Papa Benedicto XVI a un periodista durante su viaje a Portugal en 2011, en el año dedicado al sacerdocio, sobre una presunta conspiración contra la Iglesia, fue clara y refleja su pensamiento. «La mayor persecución de la Iglesia no procede de los enemigos externos, sino que nace del pecado en la Iglesia. Por tanto, tiene una profunda necesidad de volver a la penitencia, de aceptar la purificación, de aprender, por una parte, el perdón, pero también la necesidad de la justicia. El perdón no sustituye la justicia».

Para Joseph Ratzinger, el tema de la justicia ha sido central. Se dio cuenta de la magnitud del problema y decidió actuar, asumiendo el riesgo que tenía frente a la opinión pública. Se ha jugado el prestigio y el pontificado al entrar a estos temas, como parece evidente. Tal vez lo de Vatileaks tenga que ver con las acciones que él emprendió en este ámbito. Este ha sido el último acto de una campaña de desprestigio personal contra su figura y su pensamiento. Ahora cumple 95 años con la sombra de una acusación que no parece justa. A algunos les sigue molestando la fórmula Ratzinger de humildad, perdón y purificación. ¿Caza de brujas contra el Papa Benedicto XVI? ¿Por qué? El tiempo y la historia nos dirán. Como señalaba un premio nobel: The answer is blowing in the wind.